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La voz de los cazadores es la savia de la caza social en España, por eso es importante que entre todos expresemos nuestras inquietudes sobre todo lo que nos afecta, de una forma respetuosa y sencilla.

La caza social debe recuperar el protagonismo que le quitaron durante las últimas décadas y que mejor forma de hacerlo que a través de la voz de los cazadores.

Este espacio es un punto de encuentro de todos los cazadores sociales de España, por eso la UNAC te invita a participar en él con tus aportaciones.

Puedes enviarnos artículos de opinión, formativos, etc… al correo unacaza@gmail.com

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Luis Felipe Gutiérrez
Juan Miguel Sánchez Roig Presidente de la Asociación Canaria de Entidades de Caza (ACEC) Coordinador de la Unión Nacional de Asociaciones de Caza (UNAC)
Durante el pasado mes de octubre se celebró el “Taller sobre invasiones biológicas en Canarias y normativa de aplicación”. Promovido por la Dirección General de Protección de la Naturaleza del Gobierno de Canarias con el fin de plantear, analizar, debatir, reflexionar, tomar acuerdos, etc., sobre el tema de las invasiones biológicas que afectan a la biodiversidad y al medio natural canario. Recordemos las competencias de la administración para con estos asuntos, al margen de la caza. Los cazadores no fuimos invitados, con lo cual se ha creado alrededor de estas jornadas ciertos comentarios en el mundo cinegético canario, en mi humilde opinión, fuera de contexto bajo una perspectiva positiva. Resaltar la asistencia de dos cabildos de los siete existentes: La Palma y Tenerife, pues ellos son los obligados a gestionar las especies silvestres y defender los intereses de los paganinis como cazadores y ciudadanos.

En base a las conclusiones de las jornadas, el tercer taller se ocupó de la problemática del “conejo en los ecosistemas naturales de Canarias”. Al parecer, el más interesante y que nos afecta por las intenciones desprendidas respecto a nuestro emblemático conejo. De los asistentes, algunos no piensan como nosotros los cazadores pero en libertad pueden dar sus opiniones, con respeto como cualquier mortal. Gracias a Dios, ellos no están solos en el mundo para imponer sus ideas.

Este tercer taller se centró en tres puntos básicos: análisis del estado del conocimiento y líneas de investigación de interés; el conejo en los espacios naturales protegidos y criterios de gestión.

Respecto a la gestión del conejo para preservar la flora nativa destacan las siguientes conclusiones:

• No destinar fondos públicos al fomento de las poblaciones de conejos.

• Reducir las poblaciones de conejos hasta tamaños y densidades que
no hagan daños a diversos sectores como la agricultura y a las plantas amenazadas, mediante los diversos documentos de planificación de especies cinegéticas, amenazadas, de espacios protegidos etc...

• Promover medidas de control efectivas para evitar la traslocación de
conejos entre las islas.

• Proponer su erradicación en las islas de Alegranza y Lobos y, en el
caso de que haya sido reintroducido, en Montana Clara.

Entremos en el meollo. Los cabildos, a excepción de pequeñas cantidades en Gran Canaria y Fuerteventura con escasa repercusión de las actuaciones, no gastan un euro en conejos, y esperanza de revertir la situación tampoco se espera. De hecho, soy de los que piensa que lo mejor para recuperar las poblaciones es dejar tranquila la especie. Cuanto más conejos de granjas y criaderos se sueltan menos hay, como consecuencia del movimiento de enfermedades (aún vacunando), parásitos, muerte por estrés, falta de adaptación, predación, accidentes, competencia intraespecífica; y cuando llega la temporada de caza, sobrepresión en aquellos lugares de liberación de conejos de granjas y criaderos. El secreto está en la vigilancia, control de predadores, mejora de hábitat y adaptación de los periodos de caza a ciclos biológicos y densidades. Es decir, gestionar y como último remedio repoblar con conejos de granja o criaderos, pero solo si no es posible la realización de traslocaciones. Otra cosa diferente es que un número de conejos provoquen problemas en un lugar, entonces una solución puede ser la traslocación.

Otro asunto es el control de las poblaciones hasta tamaños que no produzcan daños a los diferentes sectores y plantas nativas. Aquí está el primer paradigma, si se pueden invertir recursos económicos porque no es para fomento, pero las administraciones no tienen dinero. Todo esto se financiaría mediante un proyecto Life europeo que se lo tragarían los estudios científicos. Las empresas son carísimas para coger conejos en los innumerables espacios protegidos. Los agricultores, ganaderos o campos de golf entre otros, no van a capturar los conejos molestos porque es una pérdida de tiempo y dinero, se exige cualificación siendo la mínima la de los cazadores por nuestra licencia de caza y además su aprensión no es fácil. La mejor fórmula para mantener a raya las poblaciones del rabicorto es la caza legal o los cazadores.

Por otra parte, se plantea un control del conejo realizado mediante los instrumentos de planificación ya sean cinegéticos o de otra índole. Es decir, podríamos contar de una vez por todas con documentos de planificación en materia cinegética, esos que no hay manera que redacten y cumplan los cabildos, o al menos, alguien tiene la esperanza como nosotros. Además, en las zonas de exclusión de las áreas protegidas, podríamos entrar a cazar legalmente (controlar) o traslocar esos animales donde no molesten ¿o los van a sacrificar?

Una de las conclusiones realmente buena, es la de evitar el movimiento de conejos entre islas. Con ello, algún brote de las enfermedades evitaríamos y de paso, se realizarían controles en los ferrys sobre aquellos furtivos que se mueven entre islas con ánimo de esquilmar áreas completas.

En relación al apartado de la investigación aplicada sobre el conejo, sobresalen los siguientes puntos de las conclusiones finales:

• Censos, abundancias, modelos de distribución, biología reproductiva, seguimiento de tendencias poblacionales. Vectores de transmisión y afección, y prevalencias de la enfermedad hemorrágica vírica y la mixomatosis.

• Valoración económica de la actividad cinegética.

Por fin sabremos los conejos poseídos para practicar una caza sostenible y solicitar órdenes de veda adecuadas a la realidad. Después de años pidiendo a gritos censos para saber el estado de conservación del lagomorfo, lo podríamos conseguir por una vía diferente a la cacería. De la misma forma sabríamos donde se reproducen más o menos, las tendencias al alta o baja, si paren como media 2, 3 o más gazapos y cuantas veces al año. Y lo mejor de todo, el estudio de las dos principales enfermedades que afectan al conejo. ¡Ojo! Sin pasar por el cabildo de turno.

La valoración económica de la actividad cinegética, ya debería estar hecha, supondría conocer el peso específico de la caza en el producto interior bruto canario. Serviría como respaldo para las demandas de los cazadores ante los politiquillos de turno y como revulsivo para aquellos ecologistas con trasfondos animalistas que nos atacan. Ahora bien, seamos sensatos, que alrededor del mundo de la caza se mueva mucho dinero no puede ser nuestra bandera ni condenar los valores naturales por ello. De la misma manera, defendamos la caza social y no hagamos bandera de los gastos que nos supone, no vaya a ser nos expriman más por nada, como ahora.

Como resumen final, la memoria planteada está muy verde todavía como para tenerla presente. Simplemente, estemos al tanto de la posible legislación futura a desarrollar. En el caso de llevarse a cabo, somos parte de la solución y no del problema. Controlar a los conejos en las zonas de exclusión de los espacios naturales protegidos, donde en teoría ya no se puede cazar, no nos supone ningún esfuerzo. La colaboración con los agricultores u otros sectores para reducirles daños es lo comúnmente realizado por nuestro colectivo. En los islotes que no cazamos, es posible la captura de la totalidad de los conejos, pero hay que estar pendientes del destino final de tan magnífico plantel reproductor. En teoría, con una insuperable genética y defensa ante las enfermedades. En ese sentido, la ACEC ya ha pedido, se dirijan a las islas mayores cercanas, para su liberación inmediata y con la participación de los cazadores. En definitiva, podemos ayudar a conservar la flora nativa y endémica no existente en otra parte del mundo, y sacar beneficio y reconocimiento de ello.

Si se diera el caso, aprovechemos la situación sin dejarnos engañar por titulares periodísticos deportivos de aquellos vividores de la caza y los cazadores. Y me pregunto ¿cómo nos pueden manejar de esa forma? Por cierto, la UICN es la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y habla también de la caza como un elemento de conservación de los ecosistemas y especies.

España es una tierra tan vinculada a los conejos que su propio nombre significa Tierra o Costa de Conejos. Los conejos están tan ligados a nuestro patrimonio natural cinegético y cultural canario, que sólo pensar en su erradicación y difundirlo es totalmente demencial.

MEMORIA DEL TALLER

Los antecedentes no engañan. Las licencias de caza, según los datos históricos facilitados por la Generalitat Valenciana, han disminuido de forma progresiva en 22 años en un 57,86%.


El descenso continuo de licencias de caza se traduce en un descenso en el número de cazadores acusado y continuado, algo que nos debería hacer reflexionar a todos. ¿En qué se ha fracasado, o qué se ha hecho mal o se está haciendo mal, para que se haya producido esa disminución progresiva de cazadores? ¿Por qué ha sucedido esto?

LICENCIAS DE CAZA EXPEDIDAS EN LA COMUNIDAD VALENCIANA

Año 1.990: Total (113.999) Alicante (37.228) Castellón (17.024) Valencia (59.747)
Año 1.995: Total (108.897) Alicante (30.963) Castellón (26.878) Valencia (50.582)
Año 2.000: Total ( 81.892) Alicante (21.530) Castellón (24.499) Valencia (35.863)
Año 2.005: Total ( 70.412) Alicante (18.101) Castellón (21.919) Valencia (30.392)
Año 2.010: Total ( 61.516) Alicante (15.239) Castellón (19.001) Valencia (27.278)
Año 2.012: Total ( 48.037) Alicante (12.201) Castellón (16.646) Valencia (19.190)

Desde hace muchos años la sociedad ha dado la espalda a la caza. La ha condenado a su desaparición. La nueva conciencia urbanista que mira hacia lo ecológico y medioambiental, se ha ocupado de destruir poco a poco al mundo de la caza, y lo que es más grave, se ha asegurado de que no tenga relevo generacional. Que los niños vean a la caza como algo malo… y de esa forma la caza tienda a extinguirse junto con los cazadores.

Pero algo habrá que hacer para evitar que los cazadores se extingan, si se quiere que especies como el jabalí, el corzo, etc. no incrementen su población hasta el límite de no poder circular por las carreteras sin tener un accidente y siniestro provocado por su elevado número, lo que incrementaría las pólizas de los seguros; si se quiere que un animal como el conejo, el jabalí o el arruí esté controlado y su población no se incremente en demasía causando elevados daños a las cosechas, y elevados costes en las pólizas de los seguros agrarios; si se quiere que las poblaciones de lobos, zorros, etc., al no tener enemigos naturales, no aumenten en exceso y acaben con la cabaña ganadera y granjera, lo que comportaría un aumento de los seguros ganaderos; si se quiere que las bandadas de aves como estorninos, gorriones, etc. no sean tan grandes que produzcan daños en las zonas urbanas y agrícolas donde se asienten; etc.

Tal vez se debería de facilitar más y mejor el acceso a la caza; hablar más y mejor de la caza en las escuelas y medios de comunicación generalistas; quitar burocracia y trámites que durante décadas no han dado los resultados esperados, y que no han llevado a mejorar en nada lo que pretendían mejorar; apoyar y ayudar más y mejor al mundo de la caza y al cazador; proteger las especies silvestres cazables del riesgo químico; cambiar las leyes para no exigir tanta obligación y responsabilidad al cazador, y darle más unión; invertir lo que se recauda del mundo de la caza para su mantenimiento; o tal vez se debería impulsar una conjunción de todos ellos, junto con otros más.

Si no se hace nada para evitar que los aficionados dejen la caza, y si sigue disminuyendo al mismo ritmo como hasta ahora, en veinte años más habremos acabado con los cazadores. La extinción de los cazadores supondrá un gasto inasumible e insostenible por la sociedad en general, pues esa labor del equilibrio poblacional de las especies silvestres (para evitar daños a las personas) recaerá sobre los bolsillos de los propios ciudadanos, algo que ahora realizan los cazadores con su dinero, pagando por dichas especies y además pagando por poder hacerlo.


Víctor Rafael Mascarell Mascarell
Presidente de la Asociación de Entidades de Caza de la Comunidad Valenciana (ADECACOVA) y miembro de la Junta Directiva de la Unión Nacional de Asociaciones de Caza (UNAC)

Esta pregunta es muy común entre los propietarios de perros. Nos acordamos de cuanta importancia tiene para la vida del perro en general y para el mejor entendimiento con nuestros perros de caza durante el ejercicio de la misma.
Nuestros perros necesitan poder realizar aprendizajes que les permitan adquirir conocimiento y capacidad resolutiva, para que un perro aprenda de verdad a atender no basta con darle de comer, limpiarles la cheniles (caso de estar en instalaciones) sacarlo a pasear etc.

Se trata de que para muchos comportamientos necesarios en el trabajo de campo se les impide aprender sobre lo básico porque prácticamente se les suelta y a cazar o mejor dicho para alguno a perseguir a mi perro haber si tengo suerte se encuentra una pieza la muestra y llego para disparar. Si así más menos ya nos va bien pensamos que tenemos un buen perro de caza, si por el contrario tenemos problemas en como poder llegar y resolver el punto con o sin muestra previa del perro entonces se suele pensar en que son perros muy fuertes, que van a la suya, que no se enteran de las reglas del juego y un largo etc.

Vemos pues que al final se resume en que no se le ha permitido adquirir ese simple pero obligado aprendizaje de acudir a la llamada de su propietario/cazador.
Os describo tan solo tres típicas.

Son típicas las expresiones por parte del colectivo de cazadores entre otras:

-Sácalo antes que se desfogue corriendo en otra parte del cazadero así luego (cansado) teóricamente… me caza a la mano.
-Dale un par de buenos correazos y ya verás como así atiende y se lo piensa antes de hacérmela de nuevo.
-Ponle el collar eléctrico a tope y métele chispazo que se entere….

La primera opción la menos mala, la segunda y tercera inaceptables. Son pocos los casos, porque cada vez más se tiene conciencia de tratar y manejar a nuestros perros de manera afectuosa y disciplinada (disciplina no significa Castigar) pero todavía se dan entre una minoría del mundo del perro.

Ninguna de estas tres opciones son validas además por varios motivos, menciono uno en referencia a la 2ª y 3ª la más importante para mi… La confianza.

Si queremos que mi perro acuda a la llamada siempre y a la primera deberemos darle una mínima formación y facilitarle este aprendizaje. Es tan simple como esto evidentemente quien castiga al perro para que acuda a la llamada será motivado por diferentes aspectos que solo el que lo aplica lo sabe, pero que no es el camino correcto (hay otros modos y métodos no dolorosos).

La utilización correcta del Collar electrónico o de impulsos (a partir de ahora RCE radio collar educativo) nada tiene que ver con castigar para que aprendan a hacer algo. Con un RCE se premia la conducta de nuestro perro sin causarle dolor ni daño físico o psicológico de eso se trata.
A mis alumnos les enseño a su correcta utilización siempre premiando la conducta del perro y nunca castigando a su perro nunca.

Por todo ello si se utiliza correctamente el equipo además de conseguir una llamada firme (que acuda siempre y a la primera) mantenemos las ganas de hacer de nuestro perro y su confianza en nosotros su bienestar emocional y físico no se ve trastocado . Trabajar para que esta confianza aumente y se mantenga esto es hacer equipo de verdad y no lo contrario.

¿Por qué mi perro no atiende?. Vemos pues que para aprender a hacer algo primero se debe querer enseñar para que se aprenda a hacer algo. Esta tarea y labor para algunos muy innecesaria en realidad es la más necesaria para nuestros perros en su vida. Debemos procurarles esa posibilidad de aprender y además del modo más respetuoso y educado de parte de nosotros seamos particulares, aficionados o profesionales del sector en educación y formación del perro.

José Antonio Pineda Martínez.
Director en Adiestraperroscaza.
Máster en Psicodiagnostico e Intervención Clínica y Educativa Canina.
Especialista en comportamiento canino.
Adiestrador profesional.
Titulación oficial R.S.C.C. Diplomado por Generalitat de Cataluña.
Avalado por el Instituto Maslow Cattell para la formación de Postgraduados.
Colaborador en Unac.

E-mail:info@adiestraperroscaza.com
https://www.facebook.com/Adiestraperroscaza

En los años 50 se reintrodujo el ciervo en Navarra en una zonas muy favorables para ello como el Macizo de Quinto Real y la Selva de Irati. Su gestión corrió a cargo del antiguo ICONA. Procedentes de Quintos de Mora (Toledo), el ensayo probó el enorme potencial del cervus elafus ibericus en ambientes más favorables que los Montes de Toledo de procedencia. Una densidad racional, semejante a la europea, contribuyó a estos sorprendentes resultados.
El éxito de ello radicó en una reintroducción en un hábitat excepcional para su desarrollo, un excelente conocimiento técnico de la especie, y una caza selectiva muy estricta que tuvo como resultado la obtención de los mejores trofeos del estado español, viniendo a cazarlos cazadores de todo el mundo.

Una vez que la Comunidad Foral de Navarra asumió las competencias autonómicas en materia de caza, el ICONA dejó de ejercer sus competencias, pasando a depender la gestión cinegética a la Diputación de la Comunidad Foral de Navarra, el cual se ha llevado a cabo a través del Servicio de Caza y Pesca por el equipo técnico formado por Enrique Castién e Isabel Leranoz.

Estos, en vez de haber continuado con la línea seguida hasta entonces que tan buenos resultados se habían obtenido, a nuestro entender, de forma errónea optaron por la prohibición de su caza, por lo que la población de ciervos, ausente de gestión y manejo, aumentó de forma descontrolada, en perjuicio de la calidad de sus ejemplares, a la vez que comenzaron a aparecer los primeros daños a cultivos y plantaciones forestales y las primeras colisiones de animales con vehículos en las carreteras, desarrollándose sus poblaciones por todas las zonas aledañas y dado que no se continuó con la caza selectiva que tan buenos resultados había dado hasta entonces, degenerándose la especie.

Esta sobrepoblación también a ocasionado a los bosques de estas zonas unos importantes daños que llegaron a afectar a gran parte de los nuevos brotes de las hayas, lo que dio lugar a que en la cuenta del Iratí se tuvieron que autorizar de forma precipitada la caza de 300 ejemplares en 3 años, con las quejas de todo el colectivo cazador que no podían comprender las prohibiciones anteriores y este tipo de autorizaciones tan bruscas, que no tienen otro origen y motivo que una falta de gestión de la especie, y una actuación improvisada a salto de mata conforme esta especie iba produciendo daños.

Una vez parado el golpe, en vez de aprender, y retomar el rumbo perdido, el citado equipo volvió a caer en el mismo error, reincidiendo en la limitación de su caza y en diseñar lo que según ellos sería la única zona en la que se toleraría la presencia de ciervos en Navarra, lo cual ha dado lugar a otra gran expansión de la especie, la cual cada vez va colonizando cada vez mas extensión de su territorio original, hasta el extremo de que al día de hoy se han extendido por el occidente hasta Baztán, La Ulzama, Basaburúa, llegando hasta el límite de la Autovía del norte. Por el oriente han llegado y traspasado los valles de Salazar y Roncal, y por el sur hasta las cercanías de Pamplona, Valle de Egües, empezándose a ver por los Urraules.

Sin embargo, en vez de gestionar correctamente las poblaciones actuales, actuando principalmente sobre machos selectivos y hembras jóvenes con el fin de mejorar la calidad de los trofeos a la vez que mantener equilibrada la razón de sexos, constatamos que lo que ahora se pretende es intentar confinar a la especie en un área reducida, intentando evitar que lleguen a colonizar zonas de la Comunidad foral, como es la parte prepirenaica occidental de Navarra, potencialmente muy valiosas y en las que además apenas hay riesgos de daños a cultivos ni accidentes de carretera al ser zonas muy despobladas. En base a ello, la política actual es intentar eliminar el mayor número de ejemplares en las zonas de expansión, por lo que llevamos varios años en los que se están concediendo en ellas un gran número de precintos, incluso en lugares donde se estaban empezando a verse ejemplares donde antes no los había.

Con esta política se está negando a las sociedades de cazadores y Ayuntamientos la posibilidad de contar en su territorio de caza con una especie de caza mayor de alto valor cinegético, viendo en esta medida un intento del Departamento de que en vez de realizar una correcta gestión, se opta por una política de eliminación para quitarse lo que intuyen puede ser un problema en cuanto a daños y accidentes de tráfico.

Desde esta Asociación defendemos que la gestión del ciervo en Navarra se debe llevar a cabo de una forma integral para todo el territorio donde está asentado y el favorecer hacia las zonas idóneas hacia donde se expande, coordinándose los aprovechamientos de todos los cotos en su conjunto, no acotado por acotado, realizando unos aprovechamientos que tengan como fin un correcto desarrollo de la especie tanto en las zonas centrales como las de expansión, no como ahora que en estas ultimas mas que gestionarlos parece que lo que pretende es erradicarlos.

Por ello, desde Adecana, como asociación de cazadores conservacionistas que somos hacemos un llamamiento a la responsabilidad de las sociedades de cazadores para que vean estas autorizaciones como el límite superior de lo que pueden aprovechar, llevando a cabo sus aprovechamientos de forma racional y sostenible, ya que son los primeros interesados en ello.

Desde que muchos comenzáramos de niños a acompañar a nuestros padres al puesto, la caza de palomas y tórtolas en Media Veda es uno de los momentos más intensos y esperados del año.
Lejos de ser la antesala de la temporada General, como rezan algunas revistas cinegéticas, esta modalidad es para numerosos cazadores como una religión, y como tal desata verdaderas pasiones. Por algún motivo especial, quizás por la añoranza de haber coincidido con las vacaciones veraniegas cuando éramos niños, o tal vez por el clima y paisajes estivales en que se practica, la Media Veda alberga un genuino romanticismo difícilmente explicable. Resulta complicado disociar esta práctica cinegética de los amaneceres, las horas de contemplación e incertidumbre, el olor a ribera y rastrojo, y diversas sensaciones que inundan cada jornada más allá del uso que demos al colgador. Las numerosas horas de silencio y camuflaje que exige el puesto nos han permitido a los más curiosos disfrutar del transcurrir de un campo ajeno a nuestra presencia. El colorido vuelo de los abejarucos, rapaces atrapando a su presa o el merodeo de diversa fauna a escasos metros, son algunos ejemplos de lo que la calma del puesto enriquece, si cabe, esta modalidad de caza. Estas pinceladas de fauna y paisaje, junto a la grata compañía de nuestros amigos en los puestos colindantes, compensan los días que las columbiformes no frecuentan nuestro cazadero; y el buen palomero sabe que dichas jornadas no son pocas.

Por otro lado, la caza estival en puesto fijo tiene su propia liturgia. Vigilar los pasos, situar correctamente los puestos, saber que piezas caen heridas para cobrarlas inmediatamente o identificar que palomas y a que altura se deben tirar, forman parte del protocolo inexcusable para el buen cazador de palomas y tórtolas. Del mismo modo, la paciencia y meticulosa observación del horizonte son factores fundamentales para no desperdiciar las oportunidades que se nos presenten, que por lo general se reducen progresivamente según avanza la temporada. En cualquier caso, los abundantes elementos que engrandecen esta modalidad de caza hacen que jornadas escasas en piezas nos permitan valorar y disfrutar de los lances aún con mayor intensidad. De hecho, la Media Veda se extiende más allá de las horas de campo, y el olor que brota de la cocina nos insinúa que estamos en periodo de caza estival, momento en el que los guisos de estas aves deleitan nuestro paladar con sus genuinos sabores y cierran así el círculo de la caza responsable y coherente.

Esta Media Veda es la que a muchos nos quita el sueño las noches previas y demanda estar en el monte cuando la mayoría veranea en la playa. También es la que entendemos como uno de los más bellos exponentes de la caza menor, siendo compatible con la conservación del Medio Natural y las poblaciones cinegéticas fruto de aprovechamiento.

Sin embargo, hay otra Media Veda muy distinta a la descrita y que desgraciadamente parece estar cada vez más presente. Esta es la Media Veda de los números, la de las perchas ostentosas, la de los cebaderos, la de los cajones de cartuchos en un día, la de los puestos doblados, la de la venta de puestos fraudulenta; es decir, la otra Media Veda.

Los elementos que forman parte de este esperpento, que poco tiene que ver con la caza responsable, son fácilmente reconocibles. En el caso de los que nutren los puestos con sus escopetas, son individuos que suelen presumir de abundantes perchas y cartuchos tirados, tienen por costumbre no recoger las vainas y botellas vacías, y no sienten interés alguno por llevarse lo que cazan. Son los que consideran abatir una docena de torcaces en una tarde un mal resultado y acostumbran a tirar absolutamente a todas las palomas que pasan – lo importante es pegar tiros – sin importar altura, perjudicar al puesto vecino o herir animales inútilmente. No ven en la tórtola o la torcaz un lance o pieza cobrada, sino un número que será insignificante hasta que no se le sumen los suficientes como para presumir en el bar de una buena cifra. Son los que cada vez que desenfundan su arma desacreditan socialmente a los que sí practicamos una cinegética responsable. Son los que, al igual que un parásito a su hospedador, deterioran la caza desde dentro, son los anticaza dentro de la caza; porque eso que hacen no es cazar.

Por otro lado, están los organizadores de tiradas enfocadas a este tipo de individuos. En la mayoría de los casos se trata de negociantes de tercera que con tal de vender puestos son capaces de crear falsas expectativas y actuar al margen de todo tipo de legalidad y moral. El escenario en el que estos supuestos orgánicos desarrollan sus prácticas lucrativas suelen ser los cebaderos, un lugar digno de ser descrito. Lo primero que se le viene a uno a la cabeza al observar el planteamiento de estas “zonas con suplementación de alimento” es que no están orientadas a palomeros ni cazadores serios, sino más bien, digámoslo así, a quien busca una percha abultada y no una jornada de caza. Dado que en la mayoría de las ocasiones estos eventos están orientados a que la organización gane dinero, suele permitirse doblar puestos; y muchos nos preguntamos: ¿como se puede disfrutar de un lance cuando están tirando a una pieza dos repetidoras a la vez? Por no hablar de las escasas opciones que se brinda al animal. ¿Nos imaginamos haciendo lo mismo con una liebre?
Quien tenga ocasión de observar este tipo de tiradas comerciales podrá advertir que hay situaciones y características frecuentes. Una habitual es la del tipo que quita la varilla y no para de tirar a piezas que están literalmente fuera de tiro, o aquellos con tendencia a soltar los tres tiros de golpe. La palabra puesto se desvirtúa en el maravilloso mundo de los cebaderos, convirtiéndose en simples pantallas situadas a escasa distancia unas de otras y donde no se persigue ni camuflar al tirador ni que las aves cumplan, sino que se peguen muchos tiros. Así, unos puestos cortan la entrada a otros y el tiroteo no permite que apenas entre un ave tranquila. En otros casos, normalmente en los que el precio de los puestos alcanza importantes sumas, la organización es mucho mas eficaz, y aquí lo que se producen son verdaderas carnicerías entre un tiroteo incesante.

Si algo ha caracterizado siempre la caza en puesto ha sido la espera, la contemplación, y por supuesto la incertidumbre. Pero en la otra Media Veda se quieren garantías, y tirar mucho, muchísimo… Lejos queda la duda de si habrán bajado tórtolas a nuestro coto, o el nerviosismo al distinguir a lo lejos una torcaz cuya trayectoria intentamos adivinar. Evidentemente, no se puede negar que todos los cazadores aspiramos a hacer una buena percha gracias a haber estado en el lugar adecuado en el momento oportuno. De hecho, la espera de una de esas jornadas exitosas puebla nuestro inconsciente y forma parte de la esencia cinegética. Pero la mayoría de aficionados a la paloma sabemos que dichas situaciones son muy escasas y no existe ni por asomo el número de capturas ni la premeditación y alevosía de las tiradas comerciales.

Otra perversión más de los cebaderos es que son capaces de destrozar la Media Veda a los cotos colindantes. Esto es algo importante a destacar por su reciente aparición, ya que antes la paloma y tórtola se distribuía de forma natural por las siembras de las distintas comarcas, siendo tarea del palomero vigilar y encontrar los lugares de paso. Ahora un cebadero suplementado desde principios de julio es capaz de dejar al coto vecino sin paloma. El perjuicio de muchos para el beneficio de unos pocos. Todavía habrá cazadores preguntándose por qué este año ha sido tan malo de paloma en su zona. El drama social del sálvese quién pueda y la falta de solidaridad y respeto hacia el vecino también infecta la venatoria. ¿Esta es la caza que pretendemos defender? Luego muchos hablan de la caza como si fuese la patria (#OrgulloCazador), como si todos los cazadores defendiéramos lo mismo. Recuerdan a los que ensalzan el patriotismo Made in Gibraltar, que obvian que ni todos somos iguales ni a todos nos va igual en este decadente país. Insistimos, no se trata de defender la caza, sino un tipo de caza, la responsable y ética.

Siguiendo con la responsabilidad, la caza de las migratorias no pasa por uno de sus mejores momentos. En el caso concreto de la tórtola común (Streptopelia turtur), últimamente se cuestiona si su aprovechamiento es compatible con la conservación de sus poblaciones. La opción defendida por las asociaciones conservacionistas de vedar su caza [1] para promover la mejora poblacional tendría solo un carácter simbólico, dado que el incremento numérico está ligado a la recuperación de hábitats reproductivos. Por este mismo motivo hay otras muchas especies que sin ser cinegéticas – mochuelo, alcaraván o sisón - también están sufriendo descensos semejantes [2]. Con ello no se pretende negar que la caza de la tórtola extrae abundantes reproductores, pero los ejemplares que se cazan proceden de territorios reproductivos sanos, capaces de soportar un aprovechamiento cinegético adecuado. El problema de la tórtola es que han desaparecido las condiciones de hábitat para su reproducción en numerosas regiones de nuestra geografía, hecho que impide la expansión y colonización de nuevos territorios, y con ello el aumento numérico de la especie. El asunto da para una amplia discusión científica y puede que nos equivoquemos, pero con la especie vedada difícilmente veríamos un incremento significativo de su población.
Dicho esto, puede decirse que existe una Media Veda “tradicional” que resulta compatible con la situación de la especie, ya que las capturas son mucho menores que antaño y la presión se ha reducido considerablemente*. Sin embargo, la otra Media Veda, la de los cebaderos y tiradas comerciales es absolutamente inaceptable, ya que se están cazando entre unos cuantos cazandangas acaudalados lo mismo que entre miles de cazadores. Por si fuera poco, resulta que lo que te permite cazar una cantidad de tórtolas indecente no es la voluntad de hacerlo, sino el dinero del que dispongas. Una vez más el dinero vuelve a poner una barrera social entre el cazador humilde que ve como las tórtolas cada vez pasan menos por el coto de su pueblo, y los que gracias a su cartera siguen acudiendo a tiradas organizadas que ponen en cuestión la sostenibilidad del aprovechamiento de la especie. No hace falta decir que en estas tiradas los cupos se incumplen sistemáticamente, o es que alguien piensa que se pagan cantidades tan elevadas de dinero para quedarse con una docena de piezas. Ilegalidad normalizada. Sin en este país se invirtiera dinero en la gestión de nuestros recursos naturales en vez de enchufárselo a las grandes constructoras, eléctricas y banca, tendríamos datos de como el grueso de las capturas de tórtolas se concentra en las cacerías organizadas del sur peninsular.

Ahora bien, ¿por qué los actuales representantes de los cazadores no censuran este tipo de comportamientos inmorales en vez de tanto preocuparse de licencias únicas y cazar en Parques Nacionales? A veces dudamos entre si son cómplices, cínicos, incapaces, irresponsables o simplemente indiferentes. Quizás todo a la vez. Luego cuando prohíban la Media Veda dirán que la culpa es de los ecologistas que son muy malos… hagan sus apuestas. Lo que nunca dirán es que miraron para otro lado cuando sabían lo de los cebaderos, lo de los reclamos electrónicos –que esa es otra -, o que nunca apostaron por tecnificar la caza para extraer del campo solo lo que la ciencia y técnica nos diga y no lo que piense cada paisano en su pueblo. Es obvio que sus intereses no atienden a los de los cazadores responsables.
Hoy que tanto se habla de defender la caza y estar unidos, debería abrirse un amplio debate de que tipo de caza es exactamente la que defendemos, porque, muy a nuestro pesar, no todos abogamos por lo mismo. En el caso de la Media Veda, es un hecho que la población de tórtola común ha descendido notablemente, pero también es cierto que existe una caza adaptada a esta realidad en la cual se valora el lance por encima de la cantidad de piezas cobradas. Solo así podremos continuar disfrutando de nuestra pasión. La “otra” Media Veda, la de los cebaderos y grandes cifras, es a todas luces inadmisible, y los que nos consideramos comprometidos con el futuro del campo no deberíamos mirar a otro lado cuando contemplemos estos espectáculos que nos degradan como colectivo. Tampoco se puede permitir tratar a un ave abatida como un despojo convertido en mera cifra. La pieza merece respeto, y eso implica ser cobrada y aprovechada, por nosotros o nuestros seres queridos.

Ser críticos y censurar a los que convierten la caza en una carnicería inmoral debe ser un compromiso de todo cazador responsable. Esto es trabajar por la caza y el campo, y no recaer en los mismos discursos victimistas y antiecologistas de siempre. Los últimos artículos al respecto de algunos “grandes referentes” de la caza [3],[4] dejan al descubierto su incapacidad para articular un discurso inteligente, comprometido y autocrítico que apueste por una caza tecnificada y responsable. Dosis de corporativismo casposo edulcorado con miedo que son un atentado contra el razonamiento lógico.

Si los órganos federativos, ONC y demás asociaciones cinegéticas relevantes siguen sin posicionarse al respecto y no exigen cambios a la administración, tendremos que ser los cazadores más concienciados los que tomemos cartas en el asunto a título personal, y dirigirnos a las autoridades para señalar a quien nos ensucia y no siente respeto por tan extraordinarias aves. No podemos tolerar que la codicia económica de unos, y la inmoral de otros, ponga en peligro la conservación de la tórtola y en tela de juicio nuestra Media Veda; porque como dijo Malcom X: "No es culpa nuestra estar en esta situación, pero sí será nuestra culpa si no hacemos nada por salir de ella"

* El descenso poblacional de la especie provoca que numerosos cazadores que antes salían al campo en busca de tórtolas abandonen esta idea tras numerosas jornadas de escaso éxito, por lo que se reduce la presión cinegética.

[1] http://www.seo.org/2013/07/26/valiente-paso-de-canarias-al-no-permitir-este-ano-cazar-tortolas-y-codornices/

[2] http://www.seo.org/2013/04/23/las-aves-agrarias-sufren-su-propia-crisis/

[3] http://www.club-caza.com/articulos/712garrido.asp

[4] http://www.club-caza.com/blog/sarasketa/postver.asp?p=123

FUENTE: CAZA CRITICA

 

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