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La voz de los cazadores es la savia de la caza social en España, por eso es importante que entre todos expresemos nuestras inquietudes sobre todo lo que nos afecta, de una forma respetuosa y sencilla.

La caza social debe recuperar el protagonismo que le quitaron durante las últimas décadas y que mejor forma de hacerlo que a través de la voz de los cazadores.

Este espacio es un punto de encuentro de todos los cazadores sociales de España, por eso la UNAC te invita a participar en él con tus aportaciones.

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Esta pregunta es muy común entre los propietarios de perros. Nos acordamos de cuanta importancia tiene para la vida del perro en general y para el mejor entendimiento con nuestros perros de caza durante el ejercicio de la misma.
Nuestros perros necesitan poder realizar aprendizajes que les permitan adquirir conocimiento y capacidad resolutiva, para que un perro aprenda de verdad a atender no basta con darle de comer, limpiarles la cheniles (caso de estar en instalaciones) sacarlo a pasear etc.

Se trata de que para muchos comportamientos necesarios en el trabajo de campo se les impide aprender sobre lo básico porque prácticamente se les suelta y a cazar o mejor dicho para alguno a perseguir a mi perro haber si tengo suerte se encuentra una pieza la muestra y llego para disparar. Si así más menos ya nos va bien pensamos que tenemos un buen perro de caza, si por el contrario tenemos problemas en como poder llegar y resolver el punto con o sin muestra previa del perro entonces se suele pensar en que son perros muy fuertes, que van a la suya, que no se enteran de las reglas del juego y un largo etc.

Vemos pues que al final se resume en que no se le ha permitido adquirir ese simple pero obligado aprendizaje de acudir a la llamada de su propietario/cazador.
Os describo tan solo tres típicas.

Son típicas las expresiones por parte del colectivo de cazadores entre otras:

-Sácalo antes que se desfogue corriendo en otra parte del cazadero así luego (cansado) teóricamente… me caza a la mano.
-Dale un par de buenos correazos y ya verás como así atiende y se lo piensa antes de hacérmela de nuevo.
-Ponle el collar eléctrico a tope y métele chispazo que se entere….

La primera opción la menos mala, la segunda y tercera inaceptables. Son pocos los casos, porque cada vez más se tiene conciencia de tratar y manejar a nuestros perros de manera afectuosa y disciplinada (disciplina no significa Castigar) pero todavía se dan entre una minoría del mundo del perro.

Ninguna de estas tres opciones son validas además por varios motivos, menciono uno en referencia a la 2ª y 3ª la más importante para mi… La confianza.

Si queremos que mi perro acuda a la llamada siempre y a la primera deberemos darle una mínima formación y facilitarle este aprendizaje. Es tan simple como esto evidentemente quien castiga al perro para que acuda a la llamada será motivado por diferentes aspectos que solo el que lo aplica lo sabe, pero que no es el camino correcto (hay otros modos y métodos no dolorosos).

La utilización correcta del Collar electrónico o de impulsos (a partir de ahora RCE radio collar educativo) nada tiene que ver con castigar para que aprendan a hacer algo. Con un RCE se premia la conducta de nuestro perro sin causarle dolor ni daño físico o psicológico de eso se trata.
A mis alumnos les enseño a su correcta utilización siempre premiando la conducta del perro y nunca castigando a su perro nunca.

Por todo ello si se utiliza correctamente el equipo además de conseguir una llamada firme (que acuda siempre y a la primera) mantenemos las ganas de hacer de nuestro perro y su confianza en nosotros su bienestar emocional y físico no se ve trastocado . Trabajar para que esta confianza aumente y se mantenga esto es hacer equipo de verdad y no lo contrario.

¿Por qué mi perro no atiende?. Vemos pues que para aprender a hacer algo primero se debe querer enseñar para que se aprenda a hacer algo. Esta tarea y labor para algunos muy innecesaria en realidad es la más necesaria para nuestros perros en su vida. Debemos procurarles esa posibilidad de aprender y además del modo más respetuoso y educado de parte de nosotros seamos particulares, aficionados o profesionales del sector en educación y formación del perro.

José Antonio Pineda Martínez.
Director en Adiestraperroscaza.
Máster en Psicodiagnostico e Intervención Clínica y Educativa Canina.
Especialista en comportamiento canino.
Adiestrador profesional.
Titulación oficial R.S.C.C. Diplomado por Generalitat de Cataluña.
Avalado por el Instituto Maslow Cattell para la formación de Postgraduados.
Colaborador en Unac.

E-mail:info@adiestraperroscaza.com
https://www.facebook.com/Adiestraperroscaza

En los años 50 se reintrodujo el ciervo en Navarra en una zonas muy favorables para ello como el Macizo de Quinto Real y la Selva de Irati. Su gestión corrió a cargo del antiguo ICONA. Procedentes de Quintos de Mora (Toledo), el ensayo probó el enorme potencial del cervus elafus ibericus en ambientes más favorables que los Montes de Toledo de procedencia. Una densidad racional, semejante a la europea, contribuyó a estos sorprendentes resultados.
El éxito de ello radicó en una reintroducción en un hábitat excepcional para su desarrollo, un excelente conocimiento técnico de la especie, y una caza selectiva muy estricta que tuvo como resultado la obtención de los mejores trofeos del estado español, viniendo a cazarlos cazadores de todo el mundo.

Una vez que la Comunidad Foral de Navarra asumió las competencias autonómicas en materia de caza, el ICONA dejó de ejercer sus competencias, pasando a depender la gestión cinegética a la Diputación de la Comunidad Foral de Navarra, el cual se ha llevado a cabo a través del Servicio de Caza y Pesca por el equipo técnico formado por Enrique Castién e Isabel Leranoz.

Estos, en vez de haber continuado con la línea seguida hasta entonces que tan buenos resultados se habían obtenido, a nuestro entender, de forma errónea optaron por la prohibición de su caza, por lo que la población de ciervos, ausente de gestión y manejo, aumentó de forma descontrolada, en perjuicio de la calidad de sus ejemplares, a la vez que comenzaron a aparecer los primeros daños a cultivos y plantaciones forestales y las primeras colisiones de animales con vehículos en las carreteras, desarrollándose sus poblaciones por todas las zonas aledañas y dado que no se continuó con la caza selectiva que tan buenos resultados había dado hasta entonces, degenerándose la especie.

Esta sobrepoblación también a ocasionado a los bosques de estas zonas unos importantes daños que llegaron a afectar a gran parte de los nuevos brotes de las hayas, lo que dio lugar a que en la cuenta del Iratí se tuvieron que autorizar de forma precipitada la caza de 300 ejemplares en 3 años, con las quejas de todo el colectivo cazador que no podían comprender las prohibiciones anteriores y este tipo de autorizaciones tan bruscas, que no tienen otro origen y motivo que una falta de gestión de la especie, y una actuación improvisada a salto de mata conforme esta especie iba produciendo daños.

Una vez parado el golpe, en vez de aprender, y retomar el rumbo perdido, el citado equipo volvió a caer en el mismo error, reincidiendo en la limitación de su caza y en diseñar lo que según ellos sería la única zona en la que se toleraría la presencia de ciervos en Navarra, lo cual ha dado lugar a otra gran expansión de la especie, la cual cada vez va colonizando cada vez mas extensión de su territorio original, hasta el extremo de que al día de hoy se han extendido por el occidente hasta Baztán, La Ulzama, Basaburúa, llegando hasta el límite de la Autovía del norte. Por el oriente han llegado y traspasado los valles de Salazar y Roncal, y por el sur hasta las cercanías de Pamplona, Valle de Egües, empezándose a ver por los Urraules.

Sin embargo, en vez de gestionar correctamente las poblaciones actuales, actuando principalmente sobre machos selectivos y hembras jóvenes con el fin de mejorar la calidad de los trofeos a la vez que mantener equilibrada la razón de sexos, constatamos que lo que ahora se pretende es intentar confinar a la especie en un área reducida, intentando evitar que lleguen a colonizar zonas de la Comunidad foral, como es la parte prepirenaica occidental de Navarra, potencialmente muy valiosas y en las que además apenas hay riesgos de daños a cultivos ni accidentes de carretera al ser zonas muy despobladas. En base a ello, la política actual es intentar eliminar el mayor número de ejemplares en las zonas de expansión, por lo que llevamos varios años en los que se están concediendo en ellas un gran número de precintos, incluso en lugares donde se estaban empezando a verse ejemplares donde antes no los había.

Con esta política se está negando a las sociedades de cazadores y Ayuntamientos la posibilidad de contar en su territorio de caza con una especie de caza mayor de alto valor cinegético, viendo en esta medida un intento del Departamento de que en vez de realizar una correcta gestión, se opta por una política de eliminación para quitarse lo que intuyen puede ser un problema en cuanto a daños y accidentes de tráfico.

Desde esta Asociación defendemos que la gestión del ciervo en Navarra se debe llevar a cabo de una forma integral para todo el territorio donde está asentado y el favorecer hacia las zonas idóneas hacia donde se expande, coordinándose los aprovechamientos de todos los cotos en su conjunto, no acotado por acotado, realizando unos aprovechamientos que tengan como fin un correcto desarrollo de la especie tanto en las zonas centrales como las de expansión, no como ahora que en estas ultimas mas que gestionarlos parece que lo que pretende es erradicarlos.

Por ello, desde Adecana, como asociación de cazadores conservacionistas que somos hacemos un llamamiento a la responsabilidad de las sociedades de cazadores para que vean estas autorizaciones como el límite superior de lo que pueden aprovechar, llevando a cabo sus aprovechamientos de forma racional y sostenible, ya que son los primeros interesados en ello.

Desde que muchos comenzáramos de niños a acompañar a nuestros padres al puesto, la caza de palomas y tórtolas en Media Veda es uno de los momentos más intensos y esperados del año.
Lejos de ser la antesala de la temporada General, como rezan algunas revistas cinegéticas, esta modalidad es para numerosos cazadores como una religión, y como tal desata verdaderas pasiones. Por algún motivo especial, quizás por la añoranza de haber coincidido con las vacaciones veraniegas cuando éramos niños, o tal vez por el clima y paisajes estivales en que se practica, la Media Veda alberga un genuino romanticismo difícilmente explicable. Resulta complicado disociar esta práctica cinegética de los amaneceres, las horas de contemplación e incertidumbre, el olor a ribera y rastrojo, y diversas sensaciones que inundan cada jornada más allá del uso que demos al colgador. Las numerosas horas de silencio y camuflaje que exige el puesto nos han permitido a los más curiosos disfrutar del transcurrir de un campo ajeno a nuestra presencia. El colorido vuelo de los abejarucos, rapaces atrapando a su presa o el merodeo de diversa fauna a escasos metros, son algunos ejemplos de lo que la calma del puesto enriquece, si cabe, esta modalidad de caza. Estas pinceladas de fauna y paisaje, junto a la grata compañía de nuestros amigos en los puestos colindantes, compensan los días que las columbiformes no frecuentan nuestro cazadero; y el buen palomero sabe que dichas jornadas no son pocas.

Por otro lado, la caza estival en puesto fijo tiene su propia liturgia. Vigilar los pasos, situar correctamente los puestos, saber que piezas caen heridas para cobrarlas inmediatamente o identificar que palomas y a que altura se deben tirar, forman parte del protocolo inexcusable para el buen cazador de palomas y tórtolas. Del mismo modo, la paciencia y meticulosa observación del horizonte son factores fundamentales para no desperdiciar las oportunidades que se nos presenten, que por lo general se reducen progresivamente según avanza la temporada. En cualquier caso, los abundantes elementos que engrandecen esta modalidad de caza hacen que jornadas escasas en piezas nos permitan valorar y disfrutar de los lances aún con mayor intensidad. De hecho, la Media Veda se extiende más allá de las horas de campo, y el olor que brota de la cocina nos insinúa que estamos en periodo de caza estival, momento en el que los guisos de estas aves deleitan nuestro paladar con sus genuinos sabores y cierran así el círculo de la caza responsable y coherente.

Esta Media Veda es la que a muchos nos quita el sueño las noches previas y demanda estar en el monte cuando la mayoría veranea en la playa. También es la que entendemos como uno de los más bellos exponentes de la caza menor, siendo compatible con la conservación del Medio Natural y las poblaciones cinegéticas fruto de aprovechamiento.

Sin embargo, hay otra Media Veda muy distinta a la descrita y que desgraciadamente parece estar cada vez más presente. Esta es la Media Veda de los números, la de las perchas ostentosas, la de los cebaderos, la de los cajones de cartuchos en un día, la de los puestos doblados, la de la venta de puestos fraudulenta; es decir, la otra Media Veda.

Los elementos que forman parte de este esperpento, que poco tiene que ver con la caza responsable, son fácilmente reconocibles. En el caso de los que nutren los puestos con sus escopetas, son individuos que suelen presumir de abundantes perchas y cartuchos tirados, tienen por costumbre no recoger las vainas y botellas vacías, y no sienten interés alguno por llevarse lo que cazan. Son los que consideran abatir una docena de torcaces en una tarde un mal resultado y acostumbran a tirar absolutamente a todas las palomas que pasan – lo importante es pegar tiros – sin importar altura, perjudicar al puesto vecino o herir animales inútilmente. No ven en la tórtola o la torcaz un lance o pieza cobrada, sino un número que será insignificante hasta que no se le sumen los suficientes como para presumir en el bar de una buena cifra. Son los que cada vez que desenfundan su arma desacreditan socialmente a los que sí practicamos una cinegética responsable. Son los que, al igual que un parásito a su hospedador, deterioran la caza desde dentro, son los anticaza dentro de la caza; porque eso que hacen no es cazar.

Por otro lado, están los organizadores de tiradas enfocadas a este tipo de individuos. En la mayoría de los casos se trata de negociantes de tercera que con tal de vender puestos son capaces de crear falsas expectativas y actuar al margen de todo tipo de legalidad y moral. El escenario en el que estos supuestos orgánicos desarrollan sus prácticas lucrativas suelen ser los cebaderos, un lugar digno de ser descrito. Lo primero que se le viene a uno a la cabeza al observar el planteamiento de estas “zonas con suplementación de alimento” es que no están orientadas a palomeros ni cazadores serios, sino más bien, digámoslo así, a quien busca una percha abultada y no una jornada de caza. Dado que en la mayoría de las ocasiones estos eventos están orientados a que la organización gane dinero, suele permitirse doblar puestos; y muchos nos preguntamos: ¿como se puede disfrutar de un lance cuando están tirando a una pieza dos repetidoras a la vez? Por no hablar de las escasas opciones que se brinda al animal. ¿Nos imaginamos haciendo lo mismo con una liebre?
Quien tenga ocasión de observar este tipo de tiradas comerciales podrá advertir que hay situaciones y características frecuentes. Una habitual es la del tipo que quita la varilla y no para de tirar a piezas que están literalmente fuera de tiro, o aquellos con tendencia a soltar los tres tiros de golpe. La palabra puesto se desvirtúa en el maravilloso mundo de los cebaderos, convirtiéndose en simples pantallas situadas a escasa distancia unas de otras y donde no se persigue ni camuflar al tirador ni que las aves cumplan, sino que se peguen muchos tiros. Así, unos puestos cortan la entrada a otros y el tiroteo no permite que apenas entre un ave tranquila. En otros casos, normalmente en los que el precio de los puestos alcanza importantes sumas, la organización es mucho mas eficaz, y aquí lo que se producen son verdaderas carnicerías entre un tiroteo incesante.

Si algo ha caracterizado siempre la caza en puesto ha sido la espera, la contemplación, y por supuesto la incertidumbre. Pero en la otra Media Veda se quieren garantías, y tirar mucho, muchísimo… Lejos queda la duda de si habrán bajado tórtolas a nuestro coto, o el nerviosismo al distinguir a lo lejos una torcaz cuya trayectoria intentamos adivinar. Evidentemente, no se puede negar que todos los cazadores aspiramos a hacer una buena percha gracias a haber estado en el lugar adecuado en el momento oportuno. De hecho, la espera de una de esas jornadas exitosas puebla nuestro inconsciente y forma parte de la esencia cinegética. Pero la mayoría de aficionados a la paloma sabemos que dichas situaciones son muy escasas y no existe ni por asomo el número de capturas ni la premeditación y alevosía de las tiradas comerciales.

Otra perversión más de los cebaderos es que son capaces de destrozar la Media Veda a los cotos colindantes. Esto es algo importante a destacar por su reciente aparición, ya que antes la paloma y tórtola se distribuía de forma natural por las siembras de las distintas comarcas, siendo tarea del palomero vigilar y encontrar los lugares de paso. Ahora un cebadero suplementado desde principios de julio es capaz de dejar al coto vecino sin paloma. El perjuicio de muchos para el beneficio de unos pocos. Todavía habrá cazadores preguntándose por qué este año ha sido tan malo de paloma en su zona. El drama social del sálvese quién pueda y la falta de solidaridad y respeto hacia el vecino también infecta la venatoria. ¿Esta es la caza que pretendemos defender? Luego muchos hablan de la caza como si fuese la patria (#OrgulloCazador), como si todos los cazadores defendiéramos lo mismo. Recuerdan a los que ensalzan el patriotismo Made in Gibraltar, que obvian que ni todos somos iguales ni a todos nos va igual en este decadente país. Insistimos, no se trata de defender la caza, sino un tipo de caza, la responsable y ética.

Siguiendo con la responsabilidad, la caza de las migratorias no pasa por uno de sus mejores momentos. En el caso concreto de la tórtola común (Streptopelia turtur), últimamente se cuestiona si su aprovechamiento es compatible con la conservación de sus poblaciones. La opción defendida por las asociaciones conservacionistas de vedar su caza [1] para promover la mejora poblacional tendría solo un carácter simbólico, dado que el incremento numérico está ligado a la recuperación de hábitats reproductivos. Por este mismo motivo hay otras muchas especies que sin ser cinegéticas – mochuelo, alcaraván o sisón - también están sufriendo descensos semejantes [2]. Con ello no se pretende negar que la caza de la tórtola extrae abundantes reproductores, pero los ejemplares que se cazan proceden de territorios reproductivos sanos, capaces de soportar un aprovechamiento cinegético adecuado. El problema de la tórtola es que han desaparecido las condiciones de hábitat para su reproducción en numerosas regiones de nuestra geografía, hecho que impide la expansión y colonización de nuevos territorios, y con ello el aumento numérico de la especie. El asunto da para una amplia discusión científica y puede que nos equivoquemos, pero con la especie vedada difícilmente veríamos un incremento significativo de su población.
Dicho esto, puede decirse que existe una Media Veda “tradicional” que resulta compatible con la situación de la especie, ya que las capturas son mucho menores que antaño y la presión se ha reducido considerablemente*. Sin embargo, la otra Media Veda, la de los cebaderos y tiradas comerciales es absolutamente inaceptable, ya que se están cazando entre unos cuantos cazandangas acaudalados lo mismo que entre miles de cazadores. Por si fuera poco, resulta que lo que te permite cazar una cantidad de tórtolas indecente no es la voluntad de hacerlo, sino el dinero del que dispongas. Una vez más el dinero vuelve a poner una barrera social entre el cazador humilde que ve como las tórtolas cada vez pasan menos por el coto de su pueblo, y los que gracias a su cartera siguen acudiendo a tiradas organizadas que ponen en cuestión la sostenibilidad del aprovechamiento de la especie. No hace falta decir que en estas tiradas los cupos se incumplen sistemáticamente, o es que alguien piensa que se pagan cantidades tan elevadas de dinero para quedarse con una docena de piezas. Ilegalidad normalizada. Sin en este país se invirtiera dinero en la gestión de nuestros recursos naturales en vez de enchufárselo a las grandes constructoras, eléctricas y banca, tendríamos datos de como el grueso de las capturas de tórtolas se concentra en las cacerías organizadas del sur peninsular.

Ahora bien, ¿por qué los actuales representantes de los cazadores no censuran este tipo de comportamientos inmorales en vez de tanto preocuparse de licencias únicas y cazar en Parques Nacionales? A veces dudamos entre si son cómplices, cínicos, incapaces, irresponsables o simplemente indiferentes. Quizás todo a la vez. Luego cuando prohíban la Media Veda dirán que la culpa es de los ecologistas que son muy malos… hagan sus apuestas. Lo que nunca dirán es que miraron para otro lado cuando sabían lo de los cebaderos, lo de los reclamos electrónicos –que esa es otra -, o que nunca apostaron por tecnificar la caza para extraer del campo solo lo que la ciencia y técnica nos diga y no lo que piense cada paisano en su pueblo. Es obvio que sus intereses no atienden a los de los cazadores responsables.
Hoy que tanto se habla de defender la caza y estar unidos, debería abrirse un amplio debate de que tipo de caza es exactamente la que defendemos, porque, muy a nuestro pesar, no todos abogamos por lo mismo. En el caso de la Media Veda, es un hecho que la población de tórtola común ha descendido notablemente, pero también es cierto que existe una caza adaptada a esta realidad en la cual se valora el lance por encima de la cantidad de piezas cobradas. Solo así podremos continuar disfrutando de nuestra pasión. La “otra” Media Veda, la de los cebaderos y grandes cifras, es a todas luces inadmisible, y los que nos consideramos comprometidos con el futuro del campo no deberíamos mirar a otro lado cuando contemplemos estos espectáculos que nos degradan como colectivo. Tampoco se puede permitir tratar a un ave abatida como un despojo convertido en mera cifra. La pieza merece respeto, y eso implica ser cobrada y aprovechada, por nosotros o nuestros seres queridos.

Ser críticos y censurar a los que convierten la caza en una carnicería inmoral debe ser un compromiso de todo cazador responsable. Esto es trabajar por la caza y el campo, y no recaer en los mismos discursos victimistas y antiecologistas de siempre. Los últimos artículos al respecto de algunos “grandes referentes” de la caza [3],[4] dejan al descubierto su incapacidad para articular un discurso inteligente, comprometido y autocrítico que apueste por una caza tecnificada y responsable. Dosis de corporativismo casposo edulcorado con miedo que son un atentado contra el razonamiento lógico.

Si los órganos federativos, ONC y demás asociaciones cinegéticas relevantes siguen sin posicionarse al respecto y no exigen cambios a la administración, tendremos que ser los cazadores más concienciados los que tomemos cartas en el asunto a título personal, y dirigirnos a las autoridades para señalar a quien nos ensucia y no siente respeto por tan extraordinarias aves. No podemos tolerar que la codicia económica de unos, y la inmoral de otros, ponga en peligro la conservación de la tórtola y en tela de juicio nuestra Media Veda; porque como dijo Malcom X: "No es culpa nuestra estar en esta situación, pero sí será nuestra culpa si no hacemos nada por salir de ella"

* El descenso poblacional de la especie provoca que numerosos cazadores que antes salían al campo en busca de tórtolas abandonen esta idea tras numerosas jornadas de escaso éxito, por lo que se reduce la presión cinegética.

[1] http://www.seo.org/2013/07/26/valiente-paso-de-canarias-al-no-permitir-este-ano-cazar-tortolas-y-codornices/

[2] http://www.seo.org/2013/04/23/las-aves-agrarias-sufren-su-propia-crisis/

[3] http://www.club-caza.com/articulos/712garrido.asp

[4] http://www.club-caza.com/blog/sarasketa/postver.asp?p=123

FUENTE: CAZA CRITICA

En el Diario Oficial de Extremadura se ha publicado la orden general de vedas 2013/2014. La orden consta de quince artículos, dos disposiciones adicionales, una derogatoria y dos finales.
Por fin nos encontramos con un texto corto y sencillo, suficiente para regular los aspectos relevantes para la práctica de la caza y la conservación de las especies cinegéticas. El texto tiene como finalidad el manido concepto y, no por ello menos importante, del uso sostenible de los recursos cinegéticos, es decir, caminar hacia el fomento de las especies cinegéticas para con ello preservar también el efecto que conlleva sobre las especies no cinegéticas. En definitiva, tener un número de individuos para poder realizar acciones cinegéticas con fines recreativos o comerciales, extrayendo del medio natural sólo el número de ellos que no pongan en peligro la supervivencia de las especies.

En éste sentido, la orden de vedas cumple en parte estos objetivos, adecuando los periodos hábiles con el ciclo vital de las especies, reduciendo días de caza y poniendo cupos a algunas que de verdad lo necesitan. Caza sostenible no es si no eso, adaptar los intereses de los distintos sectores cinegéticos a las densidades de las piezas de caza y no al revés.

Hay que destacar el horario de caza para la media veda, especialmente para la caza de la tórtola. La grácil streptopelia está aumentando discretamente sus poblaciones, en las últimas tres temporadas ayudada por las migraciones procedentes de Europa que se producen en los primeros días de septiembre.

Lamentamos que se haya adelantado la apertura de la veda de la torcaz al uno de noviembre, el pasado año se abrió el día nueve con buenos resultados, el único interés que deben primar es el fomento de las poblaciones de torcaces.

De nuevo se ha perdido la oportunidad de poner un cupo para el zorzal, un ave tan interesante por los lances que puede deparar al cazador, así como especie presa para algunos depredadores como gavilanes y azores. Debería haberse establecido un cupo, con veinticinco zorzales por cazador y día hubiese sido suficiente, incluso opino que sobra.

Seguimos incurriendo en el error de las repoblaciones o translocaciones del conejo de monte. Se traen conejos de todas partes y con ellos distintas cepas de virus de la enfermedad hemorragico-vírica y mixomatosis, si además se permite expresamente estamos dando pie a la extensión del contagio.

Además sabemos que existen dos subespecies de conejos no compatibles con los distintos hábitat, al trasladarlos a lugares inadecuados, perecen por falta de adaptación. Dejemos a la naturaleza que siga su curso, bastantes meteduras de pata hemos cometido con nuestro imprescindible lagomorfo.

Resumiendo, es de agradecer que al frente de la Consejería de Agricultura, Desarrollo Rural y Medio Ambiente haya políticos y funcionarios que saben de Cinegética, aunque se siguen cometiendo errores de bulto y no por falta de conocimiento, espero, sino quizás por falta de coraje.

Extraído del Periódico de Extremadura

Esto que encabeza este articulo se da y con cierta frecuencia en el colectivo de cazadores. Solemos pensar que un perro de caza por el mero hecho de ser del tipo racial adecuado para la actividad de caza debe venir con todos los aprendizajes (acertados) debajo del brazo pero esto no es así.
Si tenemos la suerte de que prácticamente sin un esfuerzo y porque cae del cielo damos con un ejemplar que lo aprende todo y a la primera sin que tenga errores y cazando (respetablemente como cada uno lo haga) se da muy poco.

Nadie nace enseñado, nosotros menos, pero sí que evidentemente nuestros perros de caza disponen de unos componentes que les permiten realizar aquello para lo que han sido programados con una gran eficacia y especialización.

LA CAZA con todo lo que ello conlleva:

• La búsqueda.
• La muestra.
• El cobro etc.

¿De qué depende el que ese perro en fase de aprendizaje sea todo lo eficaz y seguro para el ejercicio de la caza?.
Va a depender no tanto de sus potencias genéticas y posiblemente más de lo que no se le permita aprender y desarrollar.

Queremos que un perro que va subiendo que se va desarrollando a nivel tanto físico como desde el punto de vista cognitivo casi lo haga todo de fabrica y bien.

Con pocas ocasiones para aprenderlo bien y las que tiene lo vive de un modo efímero y casi siempre poco solido y eficaz.
Cuando coinciden variables como un perro con poca capacidad para mostrar firmemente y manteniendo esa ligera inmovilidad durante un instante, flaco favor le hace la escopeta abatiendo la caza sin tan siquiera haber tenido tiempo de mostrarla pasando directamente a la acción del cobro.

O no haberle dado tiempo ni a que la atropelle y le vuele de los morros como se suele decir.

Cuando se caza de un modo desordenado precipitando los lances , los cobros, de manera poco seria decimos que, el perro que nos acompaña es una maquina y que no para de sacar caza…. etc. Si ese es el objetivo del cazar mal vamos y otra cosa más ¿para que llevan un perro de caza?.

Suelen criticar a los que tienen perros que con una buena formación o no desempeñan su trabajo con eficacia, dicen que esos no valen para ellos, aunque… se los miran de reojo y a nadie le amarga un dulce.

Cada uno entiende, la caza, su práctica y sus vivencias como quiere a su manera. Pero como me dijo un buen amigo ser un caza arañas no es practicar la caza como tal, ni vivirla como se debe.

Cada día se tiene más conciencia de que al monte se debe salir respetando el medio sus gentes nuestros perros, la fauna y flora. Por suerte; aunque los que van por otros senderos poco respetuosos con lo anteriormente escrito suelen generar más ruido y sobre nosotros los que si entendemos la caza y el perro de caza de forma respetuosa suele caer el peso de las criticas en nuestra sociedad.

Tener en cuenta que para hacer astuto a un perro, para hacer seguro a un perro hace falta darle monte y caza pero fundamentalmente educación y capacitación en su formación.
Con la información que hoy en día existe y los medios de que disponemos una persona puede dar formación como amateur a su cachorro para la caza.

También tenemos al alcance a muchos buenos profesionales en las diferentes autonomías para tal cometido.
Pero si no tenemos claro que cazar NO DEBERIA de ser salir al monte a pegar solo tiros y quitar vida de poco sirve su práctica y el uso y disfrute de nuestros perros en el ejercicio de la caza.

Las inquietudes para querer mejorar en el medio, en las relaciones sociales y con nuestros perros pasa obligatoriamente por ser serios y honestos para buscar en la actividad de la caza el mismo reconocimiento que buscamos en nuestra realidad diaria.

La gestión que tanto tenemos todos en la boca (me incluyo) para seguir practicando la caza pues que sea de verdad no para quedar bien delante de la sociedad o de quien sea.
Para que tanto adornar si después en la intimidad se hace lo que se quiere como no les ven…

En muchos perros veo y visto como a poco que los diriges hacia una práctica de la caza lógica y seria ellos solos casi se han ido capacitando en aquello que les hizo venir a la escuela para su recuperación o formación.

Para que esto luego siga dando sus frutos el cazador se debe obligar a seguir el mismo camino para que se den las condiciones donde el perro pueda ejercer como perro capacitado que lo es el ejercicio de la caza. ¿Cómo? pues como su empuje genético le manda y nuestro apoyo le otorga.

Se habla mucho de que el perro de caza es el auxiliar del cazador pero yo a veces pienso que más bien es lo contrario.
Me considero un mero espectador de la búsqueda de un perro de muestra llevándome a donde le lleva su mente, detectando con su nariz la presencia de caza y dejándome ver toda la secuencia.

Hasta ahí. ¿Quién auxilia a quien?.

Quiero con este pequeño articulo agradecer a todo el que de forma individual se gestiona correctamente en el ejercicio de la caza.

Agradecer las gestiones a nivel colectivo y el trabajo diario de personas que de verdad estén comprometidas con la gestión en mantener, preservar y divulgar la caza con el respeto que se merecen y por las generaciones que están por llegar.

José Antonio Pineda; Director en Adiestraperroscaza.
Máster en Psicodiagnostico e Intervención Clínica y Educativa Canina.
Especialista en comportamiento canino.
Adiestrador profesional.
Titulación oficial R.S.C.C. Diplomado por Generalitat de Cataluña.
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