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La voz de los cazadores es la savia de la caza social en España, por eso es importante que entre todos expresemos nuestras inquietudes sobre todo lo que nos afecta, de una forma respetuosa y sencilla.

La caza social debe recuperar el protagonismo que le quitaron durante las últimas décadas y que mejor forma de hacerlo que a través de la voz de los cazadores.

Este espacio es un punto de encuentro de todos los cazadores sociales de España, por eso la UNAC te invita a participar en él con tus aportaciones.

Puedes enviarnos artículos de opinión, formativos, etc… al correo unacaza@gmail.com

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CLub Monteiros Ribeira Sacra

El porcentaje de espacios naturales protegidos en España venía siendo escaso. La “preocupación ecológica” de cualquier gobierno ha sido,, una moda de reciente aparición y algo que consideran  necesario. Casi siempre, en las zonas más deprimidas se descubren de repente, unos espacios que, pese al aprovechamiento ancestral por parte de los pueblos propietarios, pese a los incendios y pese a la caza y la práctica ausencia de cuidados necesarios u otras inversiones protectoras pese a no haber habido límites a la libre circulación por ellos, se dice que reúnen condiciones excepcionales para merecer su ascenso a la categoría de Espacios Naturales Protegidos y su puesta en valor aprovechándolos  que no evita  el ya imparable despoblamiento.
El repentino descubrimiento de estos tesoros que han sobrevivido a los embates del hombre, está llevando a los políticos a establecer normas de protección sin muchas veces pararse a estudiar si la tendencia actual de sus ecosistemas y biotopos es al alza o a la baja, y si alguna amenaza se puede cernir sobre ellos. Algunas veces lo que prima no es otra cosa que apuntarse, en su agenda de realizaciones, algo que estaba ahí, que todos sabíamos y veníamos disfrutando ordenadamente. En resumen, presumir de un aumento del porcentaje de estos lugares en relación al resto del territorio

La retahíla de figuras bajo las que se designan espacios protegidos es considerable: Reservas de la Biosfera (UNESCO), reservas integrales, ZEPAS (para las aves), parques naturales, reservas de caza, masas de agua vedadas, corredores verdes, humedales, zonas en que se prohíbe la caza (orden de Vedas), vedados en Tecores, refugios de fauna, zonas de seguridad y las que se quedan en el tintero. Sumemos a toda esta superficie, el veinticinco por cien de la superficie nacional que se ve afectado por la nueva Red Natura 2000 y el total del territorio afectado es enorme.
Algunos opinamos, hace ya tiempo, que  era posible compatibilizar la caza con  la dinámica poblacional de las especies autóctonas y con las visitas guiadas de ciudadanos que tienen todo el derecho a contemplar la Naturaleza en vivo,  en directo y a las especies en libertad; afortunadamente, parece ser que se empieza a hacernos caso.


Se nos dice que hay que dotarlos de mayor protección, frente a maniobras especulativas, como si el ladrillo no tuviera ya un stock mas que suficiente,  en la mayoría de los casos uno no veía por donde podían estar amenazados.

De pronto, surge algo que no achacable a la mera  casualidad, una nueva modalidad de terrorismo  pretende desertizar el territorio nacional, ha escogido como centro de sus actuaciones, la quema de los mas significados espacios protegidos de España. Algo parecido al significado de las Torres Gemelas, el Pentágono o la Casa  Blanca del 11 S. bien cerca tenemos los del pasado año an Galicia (Xeres baixa Limia, Macizo Central, Invernadoiro, Fragas do Eume) y el etc. De otras  CCAA. Este verano ahí tenemos el de Cabañeros, Doñana , la Laurisilva de la Gomera etc.

El paralelismo entre lo que quisieron dar a entender los terroristas del 11 S y los atentados incendiarios a los mas significados Espacios Naturales de España es un mensaje que parece que no se ha querido entender, por el momento.

 Están ciegos, el circulo de vanidades que rodea a los ministros le impide ver que lo que sucede es algo mas que mera casualidad, ¿ Es que no ven que están disparando contra los buques insignia de nuestros espacios protegidos? Nada ni una sola apreciación oficial al respecto.


Los Cazadores de UNITEGA



La gestión de la caza en España es una “competencia” de las Comunidades Autónomas, pero la responsabilidad en la conservación de las especies de nuestro Patrimonio Natural, incluidas las cinegéticas, corresponde al Estado.

En Galicia, “la caza” la gestiona en la actualidad la Consellería de Medio Ambiente, Territorio e Infraestruturas, pero antes la gestionó la Consellería do Medio Rural, y antes de ésta lo hizo otra; y podríamos seguir haciendo memoria hasta el día que se creó la Comunidad Autónoma de Galicia, para lo que nos harían falta los dedos de las dos manos para llevar la cuenta de los saltos que hemos ido dando de un despacho a otro.

Este movido baile de Consellerías en tan pocos años es la mejor demostración de que la caza es una actividad a la que la Administración no acaba de encontrar un nicho en el que colocarla de una forma permanente y sólida. En el resto de CCAA seguramente pasa lo mismo que en Galicia, por lo que no debe ser un problema exclusivamente nuestro.

Será por ese motivo, o tal vez por otros diferentes, que la gestión de la caza en Galicia siempre fue: “de aquella manera”, como se dice por estas tierras, y mucho nos tememos que en el futuro seguirá por derroteros similares si no nos ponemos las pilas.


Sería muy fácil focalizar los males de la caza en los funcionarios que trabajan en la Xunta de Galicia, desde el propio Conselleiro, pasando por el Director Xeral, los Jefes de Servicio y los últimos curritos que se dedican al papeleo y las cartas que llegan a los Tecores, pero mucho nos tememos que después de tanto tiempo no podemos elegir ese camino, puesto que diferentes colores han ocupado las poltronas del poder y la caza poco lo ha notado, ya sea para bien o para mal.

Y para muestra un botón, ya que hace siete meses andábamos todo alborotados por las prisas que había en sacar una nueva Ley de Caza y resulta que llegan las vacaciones y nadie sabe nada del retoño. Quizás solo fue un “embarazo psicológico” que se quedó en nada, lo cual sería de agradecer, puesto que pretender sacar una ley sin el consenso previo de todos los cazadores es, en éstos tiempos que corren, una temeridad. En este caso, solo cabe aplaudir al político que ha tomado la decisión, a nuestro entender correcta, de “enfriar el asunto”.

Pero por estas fechas lo que suena es la “canción del verano”, es decir, los daños del jabalí. Raro es que no empecemos el día con una noticia en los periódicos en la que se habla de que el “cochino jabalí” hizo de las suyas en tal o cual parroquia, con un comentario del afectado y la perorata política del sindicalista agrario de turno, pidiendo “fuego y sangre” para el maligno porcino.

Los cazadores quedamos asustados cada vez que vemos en esas noticias “las cuentas que nos echan” para que entendamos el coste económico que supone para los gallegos tener un marrano salvaje pululando por nuestros montes y campos. Y para colmo, va nuestro Presidente y se espeta contra unos cuantos de estos peludos animales, en aparatoso accidente de tráfico. Menudos ingredientes para hacer el caldo. Condenado quedó el pobre bicho desde ese fatídico día.

Y los cazadores bajamos la cabeza, esperando que nos den un empujoncito antes de obligarnos a coger la “ferramenta” y dar gusto a unos y otros, tirando de gatillo y acabando con esta criatura diabólica lo antes posible. Todos al monte, aunque sea agosto o febrero, que tanto da. Este año nos quedamos sin playa, porque nos obligan a ir a la montaña.

¿Pero alguien se ha parado a pensar en que nos estamos convirtiendo los cazadores gallegos? ¿A caso no tenemos la sensación de que nos están obligando a hacer cosas que no están bien? Y decimos eso porque llevamos más de una década recibiendo “formación medio ambiental” para que dejemos de ser “cazadores recolectores” y nos convirtamos en conservadores del Patrimonio Natural Cinegético.

Y después del lavado de cerebro, nos encontramos ahora con la obligación de exterminar una especie, pagar por hacerlo y encima estarles agradecidos ¿pero en que cabeza entra lo que estamos haciendo? ¿Qué sentido tiene en estos tiempos explicar a los noveles cazadores los valores de la caza? ¿A caso ahora ya no importa que cacemos hembras preñadas y que cuando las pelemos nos encontremos en sus entrañas con un montón de “proyectos de jabalí” que nunca serán una realidad?

Señores, cojan el examen del cazador y tírenlo a la papelera, que para exterminar bichos lo que nos hace falta es el carné de aplicador de productos fitosanitarios, no la licencia de caza.

Dicen que “el que no llora, no mama”, y en esta historia están mamando todos sin que ni siquiera nos dejen llorar a los cazadores. Así que quizás sea el momento de empezar a llorar nosotros también, por la cuenta que le trae al cochino jabalí, a los cazadores gallegos y a los propios agricultores.

Para ponerse a llorar es la situación que vienen sufriendo muchos presidentes de Tecores, que una semana si y otra también, ven como tocan a su puerta para que pida esperas nocturnas, hasta el punto de que al echar cuentas, ven como se caza en sus Tecores más jabalíes fuera de temporada que de agosto a febrero.

Y también es para “berrar” sin parar cuando empiezan a sospechar que los malignos jabalíes que se cazan en las esperas, pasan a formar parte de un oscuro e incipiente comercio de carne de caza que incluso llega a traspasar las fronteras de nuestro país para dirigirse a la vecina Portugal. Este es solo un ejemplo de lo que, en realidad, está sucediendo con la caza del jabalí en Galicia.

Los navegantes ya tienen su aviso. Ahora que cada uno tire del hilo que tenga más próximo hasta que llegue a la madeja, porque si no lo hacen, tarde o temprano recibirán una andanada en la línea de flotación del barco que capitanean.

La solución a este problema no puede ser el exterminio de la especie, o su reconversión en plaga bíblica, como aboga algún que otro sindicalista agrario en los periódicos; ni mucho menos que nos conviertan en “cazadores obligados”. La solución no puede ser esa, porque es la que se está aplicando en estos tiempos y el resultado no puede ser más desalentador: Cada vez hay más daños, pero cada vez hay menos jabalíes.¿Qué está sucediendo entonces?

Ya va siendo la hora de que digamos las verdades del barquero: Que nos estamos quedando sin jabalíes, que nos están enfrentando a los agricultores y que tanto los políticos como los sindicalistas agrarios no están haciendo la cama de mala manera. Que esto no va por buen camino y que tenemos que empezar asumir que la realidad es otra y que debemos valorar de verdad cual es el alcance de la problemática de los daños de jabalí en los cultivos de Galicia.

Y otra reflexión en voz alta. Resulta cuanto menos curioso ver como, a pesar del constatado incremento que están viviendo las poblaciones de “teixugo” en Galicia, nadie hable de ellos, siendo como son causantes también de daños en los maizales. ¿Será que los políticos y sindicalistas agrarios también están cargando el mochuelo de los daños del tejón al cochino jabalí, sin que nos enteremos ni los cazadores ni los agricultores? ¿Qué solución darán al agricultor cuando se constate que el daño agrícola se ha producido por este ANIMAL NO CINEGETICO y no por el jabalí?

Esa solución, la que los políticos y sindicalistas agrarios tendrán que buscar para los daños producidos por el “teixugo” en los cultivos, la queremos los cazadores gallegos también para el jabalí. Así de simple. 


Juan Miguel Sánchez Roig
Presidente de la Asociación Canaria de Entidades de Caza (ACEC)

Coordinador de la Unión Nacional de Asociaciones Caza (UNAC)

Tres son las modalidades ancestrales de caza más practicadas en Canarias:

- Perro y hurón
- Perro, hurón y escopeta
 - Perro y escopeta.

Las dos primeras son las utilizadas para el conejo, y la tercera, mayormente para la perdiz. Aunque más bien, el perro, el hurón y la escopeta son los métodos con los que cuenta el cazador para la práctica del noble arte cinegético, ya que en sí mismas, las modalidades de caza no están definidas como tales en la Ley de Caza de Canarias.


Siempre ha habido un debate interno en nuestro mundo cazador entre las diferentes modalidades. Conejeros y perdiceros hemos marcado entre ambos las parcelas con un trasfondo de teórica propiedad de esas dos piezas con mayor número de adeptos. Con la escasez de conejos padecida en la última década, acentuándose en las recientes temporadas, esta controversia se ha enfatizado hasta alcanzar límites dañinos para el futuro de la cacería dentro de la parte conejil. Se crean tensiones y debates innecesarios cuando se acerca la publicación de la orden general de vedas, sin pensar más allá de los verdaderos problemas que nos acucian durante todo el año. Así, la proliferación de carreteras, el urbanismo incontrolado, la falta de alimento y agua, los perros y gatos asilvestrados, los furtivos o la falta de adaptación de los periodos de adiestramiento y caza a los ciclos biológicos de las especies, entre otros factores, junto a la desinformación, están condenando a los animales objeto de caza y al colectivo. Mientras tanto, la implicación del cazador de a pie brilla por su ausencia hasta que nos pica en nuestro propio egoísmo pasivo una u otra decisión administrativa. Es entonces cuando lanzamos voces que no van más allá de comentarios destructores poco reflexionados, afianzadores en contradicción de la tan aclamada unión del colectivo, pero desunión de base.


En 2008, última temporada que en Gran Canaria se cazó hasta la presente con todos los métodos nombrados con anterioridad, los datos fueron los siguientes: el 54, 4 % de los cazadores se dedicaban a la caza de perdiz, conejo y paloma indistintamente. Sólo a la perdiz el 14,7% y sólo al conejo el 26,7%. Los especialistas de la paloma fueron el 2,2% en esa temporada del total de cazadores. Sin embargo, las órdenes de vedas siempre vienen marcadas por la segregación del colectivo. Ya sea prevaleciendo unas modalidades sobre otras, haciendo diferencia entre unos cazadores sobre otros a través de la distinción entre razas de perros o por épocas hábiles, con las consecuencias negativas que conlleva. De esta desunión y de los daños colaterales que se desprenden de ella, tienen gran parte de responsabilidad las Administraciones, que debieran regular la actividad en benefició del bien común y de la preservación de la fauna silvestre.


Llegado este punto, los cazadores deberíamos reflexionar si nuestro interés y demanda debería oírse al unísono, arrimando el hombro, intentando corregir todos esos factores que han hecho disminuir exponencialmente las especies cinegéticas, fundamento de la cacería y que deberían solucionarse a lo largo del año. O, por el contrario, seguir centrados en debates yermos puntuales, separándonos entre nosotros, con posicionamientos extremistas alejados del compañerismo. Respaldados, en algunas ocasiones, en el “si no lo cojo yo, lo coge otro”, sin, afortunadamente, faltar el alimento en pleno S. XXI, o creyendo que somos los mejores deportistas para justificar grandes perchas. Imperdonables argumentos, muy parecidos al que hizo el Presidente de la Federación Canaria de Caza en el reciente Consejo Regional de Caza del pasado día 13 de junio ante más de 20 políticos, técnicos, ecologistas, agricultores y SEPRONA: “ cuando los miran, los cazadores son muy buenos, pero cuando no los miran ...” Que cada uno saque sus conclusiones.

De otra parte, no nos olvidemos, que tirar del gatillo de forma deshonrosa hacia la pieza, llevar perros de más, rebasar los cupos de capturas, meter el hurón en la morada sin el apunte del perro, y otros hechos punibles o poco éticos, además de ser sancionables o reprochables, dicen poco del que los pone en práctica. Debiendo ser estas malas artes reprendidas por el resto de compañeros y del colectivo.

Por todo ello, en mi opinión, luchemos por conseguir grandes densidades de especies corrigiendo esos factores que a todos nos afectan. Para que con esas abundancias, cada uno disfrute de la cacería en la modalidad que desee, con la raza de perro que más le guste y en periodos homogéneos que no afecten al recurso. En equilibrio con la naturaleza, ayudándola cuando lo necesita, yendo más allá en beneficio de la cacería en el puro cumplimiento de las normas, y en armonía con otros compañeros que tal vez no tengan la oportunidad de poder ejercitar nuestra modalidad, aunque quisieran.


Víctor Rafael Mascarell Mascarell 

Presidente de la Asociación de Entidades de Caza de la Comunidad Valenciana (ADECACOVA), y miembro de la Junta Directiva de la Unión Nacional de Asociaciones de Caza (UNAC). Real de Gandía (Valencia), 6 de abril del 2012. 



17.000 accidentes por animales en las carreteras Españolas y 426 en la Comunidad Valenciana en el 2011: éste es el balance que acaba de publicar la Dirección General de Tráfico (DGT) en su revista oficial del mes de abril, con los datos recabados de todas las Comunidades Autónomas. De los 17.000 accidentes de tráfico producidos por la invasión de animales en las carreteras españolas, en más de 650 se registraron víctimas, con 10 personas fallecidas y 84 resultaron heridas graves el año pasado en España, según los datos de la DGT. 



En la Comunidad Valenciana la fauna en las carreteras ha provocado 426 colisiones en el año 2011, de los cuales 54 accidentes fueron con víctimas y 2 con muerte. Según el estudio, el perro es la especie animal que más accidentes ha provocado en las carreteras valencianas, con 270 siniestros, seguido del jabalí con 156 accidentes, según la publicación que se realiza en la Revista Tráfico y Seguridad Vial nº 213 del mes de abril, de la Dirección General de Tráfico (DGT), con el título: “ANIMALADAS EN EL ASFALTO”, de Mercedes López. 





En cuanto a las razones de dicha siniestralidad con animales se cita en dicha publicación: «Las razones están muy claras para Gonzalo León, jefe provincial de Tráfico: “fragmentación de los hábitats naturales de los animales, el abandono del medio rural, junto con el crecimiento de las poblaciones de determinadas especies”. Este es el caso de los jabalíes, uno de los animales cuya cabaña ha registrado un mayor crecimiento en los últimos años. Víctor Mascarell, presidente de la Asociación de Entidades de Caza de la Comunidad Valenciana, explica el porqué: “no tiene enemigos naturales como depredadores, y la abundancia de la maleza en los montes y el abandono de las zonas rurales ha hecho que hayan proliferado en demasía”.» 


Considero que sería importante que éste tema se tratara con el rigor que se merece, y la importancia que tiene, tanto a nivel Autonómico como Estatal. El pensar que en España se produjeron 17.000 siniestros por irrupción de animales en nuestras carreteras en el año 2011 es preocupante, además de las terribles consecuencias producidas a las víctimas; por ello se debería de buscar los mecanismos, acciones, legislaciones y actividades necesarias, para que la construcción de las futuras carreteras, a todos los niveles, tendieran a reducir en lo posible los accidentes por la irrupción de animales en dichas vías (los animales no entienden de carreteras ni de vehículos); y además favorecieran los movimientos de nuestra fauna silvestre que constituye nuestro patrimonio natural, la cual ha sufrido una fragmentación de sus hábitats y un deterioro de su biodiversidad, con el objetivo de que no se impidieran los procesos migratorios naturales consecuencia de esta red de carreteras construidas. 


Asimismo, se debería de actualizar la legislación en cuanto a quien debe y es responsable de dichos daños, o tal vez se debería de considerar como un siniestro extraordinario, o si por el contrario, como ya propuso la Unión Nacional de Asociaciones de Caza (UNAC) con su Propuesta SPEFS (Siniestros Provocados por Especies de Fauna Silvestre), se debería de establecer un fondo, un pago fraccionado entre todos, y un organismo público que lo gestionara y las herramientas y mecanismos legislativos necesarios para hacer frente a este problema de los siniestros de los animales, consecuencia del progreso que el hombre ha realizado en su entorno natural. 

Los cazadores de UNITEGA

La problemática que generan los daños del jabalí en Galicia es una noticia que aparece en los medios de comunicación a diario. Las protestas de los agricultores, canalizadas a través de un sindicato agrario en concreto, son el reflejo de un problema social al que los cazadores no pueden ser ajenos. Es por eso que en los últimos años nuestro colectivo se ha preocupado de trasmitir a toda la sociedad aquello de que “los cazadores son una parte de la solución del problema” y que decía con acierto un exdirigente federativo, al que muchos de los suyos empezaron a echar de menos desde el mismo día en que dejó su sillón presidencial.

En febrero del año 2011 la Xunta elaboró el “Estudio de los daños producidos por el jabalí” y que incluía un Plano en el que se catalogaba a los municipios en varios niveles de incidencia, y en base a ellos, se marcaban estrategias de actuación, que básicamente, consistían en aplicar el procedimiento de respuesta rápida ante la aparición de los daños, mediante la simplificación de trámites y plazos para realizar ganchos en las zonas afectadas. UNITEGA criticó en su día la forma en que se elaboró dicho plano, así como que se hiciera sin tener en cuenta la opinión de los 405 Tecores de Galicia.


Dicho plan se puso en funcionamiento de forma inmediata y los cazadores gallegos pasaron de ir al campo a cazar por diversión a cazar por obligación, un importante matiz que algunos empezaron a pasar por alto con una ligereza preocupante. A nadie ajeno a al mundo de la caza le parecía importar entonces que metiéramos los perros en el monte con un sol de justicia y un matorral recio por la sequía, ni siquiera a aquellos que debido a su profesión, cuentan con formación en bienestar de los animales.

Y de los cazadores que cambiaron la playa para pasar a arrastrarse en pleno verano por el monte con gafas de sol, chalecos reflectantes y abundante crema solar, ¿que vamos a contar? pues a juicio de muchos se les estaba facilitando más días de caza y al margen de planes de aprovechamiento con sus engorrosos cupos ¿o no es eso lo que queremos todos los cazadores gallegos?. Los “precintos rojos” empezaron a quemar en las manos de la Administración, que se apresuraba a autorizar ganchos con una celeridad encomiable y que todos los cazadores desearíamos para otros trámites que sufrimos con una paciencia que no tenía ni el mismísimo Gandi.

Año 2011 ¿El comienzo del camino sin retorno?
En el año 2011 la caza social en Galicia dio un giro de 360 grados y se encauzó por un camino de dirección única que parece no tener vuelta atrás. Pero tras unos meses de euforia originada por la puesta en funcionamiento del famoso Plan, hemos pasado de nuevo a ver noticias todos los días que hablan de daños y más daños. Pero lo más grave de todos es el nuevo concepto que aparece en esas noticias y que no es otro que el de “plaga”.

Esta palabra tiene unas connotaciones que nunca pueden ser buenas, por lo que ya va siendo hora de que nos demos cuenta del lío en que estamos metidos. El colectivo de cazadores lleva recibiendo lecciones desde hace muchos años para volvernos “civilizados” y entender que nuestra actividad ancestral debe estar sujeta a los criterios de sostenibilidad y de conservación del medio natural. Pero tanta formación e información ha ido calándonos poco a poco hasta muy dentro, lo cual a estas alturas puede que resulte un serio problema para la sociedad que nos rodea y que empieza a pensar que “Bambi” ha crecido más de la cuenta y que cualquier día de éstos les puede armar un estropicio en el coche y fastidiarles las vacaciones.

Por fin nos hemos dado cuenta de que nuestros Tecores cuentan con planes de ordenación de recursos naturales (de las especies de caza), que hacemos mejoras sobre los hábitats naturales (siembras y desbroces) y que, de no ser porque la mayoría de las sociedades de cazadores son clubes deportivos y no asociaciones, podríamos ser la mayor “red de entidades de custodia” del territorio español, puesto que encajamos perfectamente en ese nuevo concepto de protección medioambiental. Cosa que, curiosamente, no les sucede a las asociaciones ecologistas, que están “sudando la gota gorda” para convencer a cualquier propietario de terrenos que se le ponga por delante para que les firme un acuerdo de custodia que les sirva para montarse un “cortijillo” en el que reinar con dinero preferentemente público; aunque ahora parece que han encontrado un filón en el “Banco de terras de Galicia” para crear su base territorial.

Estamos acostumbrados a que en las mesas de nuestros comités de caza se sienten un nutrido número de funcionarios que representan al mundo de la cultura, la ganadería, la agricultura, el deporte e incluso del turismo. Y que podemos decir de los representantes de las universidades y de los grupos ecologistas, cuya única preocupación es dar cada año una vuelta de tuerca más a las órdenes de vedas. ¿Dónde están ahora todos ellos? ¿Cuál es su opinión ante este nuevo reto de plantear que el jabalí sea considerado una plaga en Galicia? Ni están ni aparecerán, eso lo tenemos muy claro.

La situación que estamos viviendo es solo una consecuencia de una hoja de ruta equivocada que debemos rehacer de nuevo antes de que todo ésto se nos vaya de las manos, y más aún cuando tenemos delante el reto de elaborar una nueva Ley de Caza en Galicia que, como no podía ser de otra forma, ya busca otra solución distinta a este grave problema. ¿Y cual es esa solución? Pues crear un nuevo concepto con un título rimbombante: “Fondo de corresponsabilidad”.

Este nuevo “experimento con gaseosa” que vamos a sufrir todos los cazadores gallegos si no somos capaces de pararlo a tiempo, implicará el incremento de las licencias de caza que pagamos para cazar y, lo más grave de todo, seguir asumiendo durante los próximos años sobre nuestro hombros la responsabilidad de los daños que producen las especies cinegéticas sobre la agricultura. Curiosamente el problema de los accidentes de tráfico quedará fuera de este fondo de corresponsabilidad, a pesar de lo que algunos vendedores de humo están contando lo contrario a los Presidentes de los Tecores de Galicia. Porque lo que está sucediendo en este preciso momento con las reclamaciones para que se califique como plaga al jabalí, es solo un aviso de lo que pasará trascurridos unos años desde que se ponga en marcha el “fondo de corresponsabilidad”. ¿O es que estamos tan ciegos, que no lo vemos venir?

Pagar más por cazar, pero cazando por obligación

A partir del año 2012 la caza en Galicia no solo será una obligación sino que además deberemos pagar más por cazar ¿Alguien lo puede entender? La caza social tiene sus días contados y así lo estamos constando día tras día. Nuestras Sociedades de Cazadores ven como no hay relevo generacional, como la crisis está provocando numerosas bajas entre los cazadores que tienen otras prioridades a la hora de planificar lo que hacen con sus mermados sueldos y subsidios, cuando los hay. Las pólizas de los seguros no paran de subir, los trámites administrativos se complican día tras día, los microchips, los pasaportes de los perros y ahora lo que nos faltaba: Cazar porque te obligan a ello.

La gestión de las poblaciones de jabalí en Galicia es un reto tan importante como lo puede ser la gestión de la más importante de las especies protegidas, por lo que no se entiende que la Administración se quiera quitar este muerto de encima y que algunos sindicalistas agrarios sensacionalistas nos quieran utilizar como matarifes de la forma que lo están haciendo. Es el momento de sentarse en una mesa, con expertos de verdad en la gestión de la fauna silvestre, para desarrollar un plan de verdad (y no un ridículo powerpoint) que contemple un conjunto de medias conexas entre sí que pueda dar respuesta a esta problemática. El guante está lanzado, porque es la única alternativa para que la caza social en Galicia, tal y como la conocemos, perdure en el tiempo.

 

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