UNAC
Siguenos en Facebook Siguenos en Twitter Siguenos por RSS

 

La voz de los cazadores es la savia de la caza social en España, por eso es importante que entre todos expresemos nuestras inquietudes sobre todo lo que nos afecta, de una forma respetuosa y sencilla.

La caza social debe recuperar el protagonismo que le quitaron durante las últimas décadas y que mejor forma de hacerlo que a través de la voz de los cazadores.

Este espacio es un punto de encuentro de todos los cazadores sociales de España, por eso la UNAC te invita a participar en él con tus aportaciones.

Puedes enviarnos artículos de opinión, formativos, etc… al correo unacaza@gmail.com

CAZA SOCIAL

Acceder »

PATRIMONIO NATURAL CINEGETICO

Acceder »

LOS DERECHOS DE LA CAZA

Acceder »

IR A LA WEB

Acceder »

Tags

Luis Felipe Gutiérrez Bermejo
José Ant Pineda
CLub Monteiros Ribeira Sacra
UNITEGA
Juan Miguel Sánchez Roig
La Caza Menor en Tenerife
José Mari Agramonte Aguirre
Víctor Rafael Mascarell Mascarell
Juan Miguel Sánchez Roig
Jaime Veiga Fontán
Manuel Villanueva
Teófilo Ruíz Viñaspre
Carlos Irujo Beruete
Juan José García Estévez.
Miguel Iñigo Noain
Antonio Mota
Carlos Irujo
Miguel Íñigo Noáin
José Antonio Martínez del Hierro
Serafín Cortes Collado
José Ignacio Ñudi
Miguel Pou
Luis Felipe Gutiérrez

Carlos Irujo

La caza de la paloma durante su ruta migratoria es una apasionante modalidad de caza que se ha efectuado desde tiempos inmemoriales en los puestos de los collados navarros del pirineo occidental, siendo las especies que se cazan mayoritariamente la torcaz y en menor cantidad la zurita, por estos pagos llamada txoloma.

Si nos desplazamos de este al oeste podemos nombrar las antiquísimas redes del valle Baztanés de Etxalar, donde es un espectáculo ver trabajar a sus palomeros desde sus atalayas a la entrada del valle bajando hasta las alturas de las copas de los hayedos a los inmensos bandos de miles de torcaces con la sola ayuda de sus palas de madera que imitan el picado de los halcones sobre ellas, dirigiéndolas hasta las redes donde sus compañeros que las atrapan por muchas docenas si la ocasión resulta propicia, o las líneas del que fue famoso coto nacional de Quinto Real ahora cedido a los pueblos de la zona pero que sigue subastando palomeras, el mítico Luzaide-Valcarlos en el valle de Lindux y punto de partida español del camino de Santiago, donde la practica totalidad de sus habitantes son cazadores que cogen las vacaciones en el mes de octubre, incluido mi padre que durante muchos años, a pesar de vivir el resto del año en Pamplona, trasladaba a Burguete su consulta de médico para disfrutar todo lo posible de su afición palomera, o los ya más cercanos a la provincia de Huesca como Guibelea en las cercanías del monte Orhy donde recuerdo que de crío tardábamos más de una hora y media a lomos de caballerías para acceder a las posturas.

En una segunda línea, ya en el interior de Navarra, existen otras líneas palomeras menos importantes en cuanto a número de capturas, pero no por ello menos atractivas para el cazador como las del Valle de Ulzama, donde existen unos fenomenales puestos de contrapasa, El Perdón, Valle de Arce, Arive, Aibar, muchas de las localidades de tierra Estella y de la Ribera.

Se trata de una forma de ver la caza y muchos otros aspectos que la rodean mucho mas intensa de lo que nos podamos imaginar, Si no, ¿Cómo podemos explicar la pasión de muchos cazadores tanto navarros como de otras comunidades, entre las que abundan los franceses, que igual que hicieron sus padres y sus abuelos guardan buena parte de sus vacaciones para cazar junto a sus amigos, que abonan en algunos casos importantes cantidades de dinero para pujar en unas subastas llenas de pretendientes tan locos por la caza como ellos, que trabajan con meses de antelación en la preparación de sus chabolas y el acarreo de leña, en la fabricación de puestos en hayas que en algunas ocasiones alcanzan los 30 metros de altura, pasando semanas acechando el horizonte a la espera de ese vuelo ideal que no llega, pero que cuando por fin se llenan los cielos de miles de palomas compensa con creces la larga espera?. Sin duda es una forma diferente y apasionada de vivir la caza y todo lo bueno que puede rodearla, como puede ser el aderezarla con inolvidables comilonas en las que abunda el buen disfrute de la gastronomía que tanto se estila por estas tierras y el mejor beber acompañado de largas partidas de mus, todo ello en un entorno natural único e incomparable como son las inmensas selvas del pirineo navarro pobladas de hayedos y de abetales que se van tintando en esta época de múltiples tonalidades que enamoran y enganchan para siempre a quienes tienen la ocasión de contemplarlas.

Como acceder a este tipo de caza: De los aproximadamente 4.000 puestos o púlpitos que hay en Navarra, un parte de ellos son cedidos por los ayuntamientos mediante adjudicación directa a las asociaciones locales de cazadores, cuyos socios practican en ellos una caza social, y otros, que son los que pueden interesar a nuestros lectores, son objeto de subastas al mejor postor, teniendo gran importancia en su precio final la comodidad de sus accesos y la calidad de las chabolas que los cazadores utilizan en sus ratos de ocio y descanso.

Precios: Si hablamos de precios, los hay como en botica, desde unas accesibles 180 € (30.000 pesetas) hasta unos excesivos 15.000 € si queremos acceder a alguno de los más famosos. (Basta recordar que hay años que las subastas de lineas de Quinto Real y Gabarbide de Valcarlos fluctúan entre 30 y 40 millones de pesetas). Medio centenar de ellos son considerados de una categoría especial por su elevado número de capturas, llegando a varios centenares de ejemplares en el mes que dura la pasa, superando en casos excepcionales las 500 palomas.

El número de palomas que se pueden abatir durante la temporada no se ha sabido nunca oficialmente, ya que los cazadores no tienen la obligación de informar de las capturas realizadas, pero se popularmente se ha hablado de cifras alrededor de los 100.000 ejemplares, cantidad que creo que en la actualidad es bastante inferior, ya que parece ser que a pesar de que las poblaciones de paloma que hay en Europa son estables, incluso con tendencia a aumentar, lo cierto es que debido a la bonanza de la meteorología ello hace que los inviernos sean ahora más suaves, así como el espectacular aumento de los cultivos intensivos en toda Francia y en resto de Europa, lo que hace que un cierto número de palomas no se tengan que desplazar al sur en busca de alimento es lógico que estén perdiendo parte del espíritu migratorio que tenían hace años. Se habla de que antiguamente cruzaban el pirineo unos 10 ó 12 millones de palomas y hoy en día ha disminuido hasta los 2 ó 3 millones. Si a esto le sumamos que antiguamente los bandos de palomas llegaban a la frontera sin tirotear al no haber prácticamente en la zona francesa puestos que pudiesen perturbar su dirección, y que hoy en día desde las Landas hasta la frontera española existen decenas y decenas de líneas de puestos llenas de ávidos cazadores franceses que presionan a los bandos a elevarse y a buscar rutas alternativas a través de otros subvalles más occidentales, lo normal es que hayan disminuido las capturas en los lugares antaño tradicionales, pero que han elevado de forma espectacular en los nuevos lugares por los que intentan cruzar, como ocurre en los cotos de la regata del río Bidasoa, incluso en la vecina Guipúzcoa, donde se las puede ver cruzar cerca del mar.

Climatología: Un condicionante muy importante para la caza de la paloma migratoria depende de la metereología y más en particular de la gran importancia de los vientos. En primer lugar es necesario que el tiempo esté despejado, ya que la lluvia, los temporales o la niebla impiden la migración. En segundo lugar, es preferible que haya viento sur o bochorno, ya que con ello los bandos van contra el viento acercándose a los collados muy cercanas a las copas de los árboles y facilitando a los cazadores grandes cacerías al poder efectuar sus disparos mas cerca. Por el contrario, los días de viento norte las palomas los cruzan con viento de cola a gran altura y velocidad, lo que dificulta o impide su captura al cruzar estas fuera de tiro o en los límites del mismo.

Regulación Normativa: El periodo de caza de la paloma torcaz y zurita y malvíz, está autorizado desde el 1 de octubre hasta el 8 de diciembre, pudiéndose cazar todos los días desde los puestos y chozas autorizados. Los puestos de tiro han de ser fijos, tanto desde suelo como en lo alto de los árboles, estar autorizados en los Planes de Ordenación de los cotos de caza, ubicados en las cumbres de las cordilleras o en las zonas altas de las laderas, quedando prohibidas las escopetas volantes y transitar fuera de los puestos con las armas desenfundadas, excepto cuando el cazador salga a recoger una paloma caída en la proximidad del puesto, en cuyo caso deberá llevar el arma descargada. Una novedad que conviene destacar este año es que en aras de la seguridad cada puesto solo se podrá utilizar por un máximo de tres cazadores simultáneamente.

Las fechas claves son la semana anterior y posterior al 12 de octubre, festividad de la virgen del Pilar, decreciendo paulatinamente conforme se acerca se acerca el fin de mes y la llegada de los fríos invernales, eso si, con la llegada de los primeros fríos invernales suele haber golpes muy fuertes de pasa procedente de los bandos que han aguantado hasta ultima hora concentrándose en el sur de Francia alimentándose en los maizales de las Landas.

Los puestos de tiro, situados en línea de espera, tienen la obligación de tener una separación mínima de 50 metros, y en caso de interferencia entre ellos, tiene preferencia el más antiguo. Se entiende que hay interferencia cuando la eficacia del puesto preferente queda mermada y no exista acuerdo para cazar conjuntamente entre los titulares de los puestos afectados.

Para los cazadores que se animen he de indicar que las ofertas de las subastas suelen salir publicadas en el Boletín Oficial de Navarra cuya dirección de internet es
HTTP://WWW.CFNAVARRA.ES/MEDIOAMBIENTE, o en los anuncios de periódicos de ámbito local como el Diario de Navarra , siendo de interés para recabar información el teléfono del gobierno de Navarra 848 427000, o el de la Asociación de Cazadores Navarros 948 175049.

Miguel Íñigo Noáin – Presidente de ADECANA

¿Cree que la sociedad valora la caza con justicia?
No, hay una mala imagen de la caza, porque la gente sigue viendo al cazador como ese ser depravado que se echa al campo y arrasa con todo. Nosotros somos una herramienta de gestión y, de hecho, una de las finalidades de Adecana es la formación del cazador, conseguir que éste cambie de mentalidad. Ya no se puede cazar con la mentalidad del siglo XIX, sino con la del siglo XXI, es decir, la caza como gestión.
Es evidente que la caza posee una función importante.
Importantísima, porque, si dejásemos de cazar, habría que contratar cazadores o inventar alguna otra fórmula. En la última temporada, se han cazado unos 5.000 jabalíes en Navarra. Si esos animales no se hubieran cazado, al año siguiente habrían nacido muchísimas crías, y la población crecería a una ritmo elevadísimo. Cazándose esos 5.000 jabalíes al año, todavía continuamos teniendo problemas con daños a la agricultura y con accidentes de tráfico. ¿Qué pasaría si no se cazasen? Que en tres o cuatro años, la situación sería insostenible. La caza es necesaria.

Habría que trasladar eso a la sociedad.
El problema es que no hay formación en la juventud. En Francia, por ejemplo, las asociaciones de cazadores van a los colegios a enseñar a los niños en qué consiste la caza y el porqué es necesaria. Eso falta aquí, donde seguimos con la historia de Bambi y el cazador malo que mató a su madre. Son influencias negativas.

Y la situación no es así.
Es lo que intentamos. Ya no vale una caza indiscriminada, sino que debe ser mucho más sensata y racional. Debe convertirse en una caza de gestión y, para gestionar, es necesario conocer muy bien a la especie y, sobre todo, respetar a los animales.
Además, la caza y sus problemas van cambiando.
Las modificaciones en los usos y costumbres agrícolas, y los cambios de organización del territorio son cuestiones importantes. En Navarra, con las autopistas, autovías, canales, y ahora con la red de Alta Velocidad, el territorio está totalmente parcelado, y eso conlleva grandes problemas para los desplazamientos naturales de los animales. Hay que saber buscarle la vuelta y encontrar compensaciones.

¿En qué hay que poner mayor hincapié?
En este momento, dos de los mayores problemas para los cazadores son, por un lado, el tema de los seguros, tanto por daños a la agricultura como por accidentes de tráfico, y los planes de ordenación cinegética; y, por otro, la mejora del medio ambiente y de las especies: qué pasa con la gestión del jabalí o el tema de la perdiz.

¿Suponen un problema los planes de ordenación cinegética?
Llevamos muchos años de planes cinegéticos sin ver eficacia. Al final, se acaban convirtiendo en un mero trámite burocrático, de un alto coste y del que no se ven resultados, porque no han calado en los cazadores. Creemos que estos planes son importantes, pero que su ámbito no debería ser tan restrictivo como para un coto, sino más de área, comarcales. Serían más útiles, porque la problemática de los cotos de una misma cuenca suele ser la misma.

Esta es la entrevista realizada a Miguel Íñigo Noáin Presidente de Adecana por Diario de Navarra: Aquí os dejamos el enlace a la Noticia en el Diario de Navarra. Y aquí os dejamos un comunicado de Miguel Íñigo, sobre el porqué de Adecana

Empiezo por señalar que no voy a desarrollar ningún tratado acerca de cómo caza el cuerpo de la nobleza, ni esto es un intento de animar a que la caza moderna vuelva a manos exclusivas de los miembros de tales castas de alta alcurnia, como cabría deducir de una lectura somera del título de esta reflexión. Nada más lejos de mi idea. Mas bien lo que pretendo es buscar el adjetivo mas adecuado por honorable, a aquello que significa cazar cumpliendo con la caza, noblemente, en el sentido que da la Academia en su acepción de apreciable, estimable, contrario a lo deshonrado y mezquino, que tanto prolifera en torno a esta, nuestra querida afición cinegética, en nuestros días. Para ello me dirijo a cualquier clase de cazador que se precie, pero especialmente a quienes cazamos a pie, a nivel del suelo, no en las alturas, lugar donde ya se sabe que uno es noble porque lo dice un papel y basta. El resto de los mortales nos tenemos que ganar ese adjetivo a base de buenos actos. Nos hace mucha falta que la caza popular sea noble, contrariamente a lo que se ha convertido y debemos recuperar esa consideración social que en su momento tuvo.


Cuando se cazaba para comer no cabía buscar justificación alguna ni distinción entre tipos de proteínas o método para obtenerlas, según fuera el abatido un animal u otro; macho, hembra o cría; dormido o despierta; en primavera o duro invierno. Para el hombre cazador se trataba de seguir viviendo. Querer criticar o justificar aquella caza primitiva es un desatino y una pérdida de visión o enfoque porque respondía a lo esencial del ser humano predador, pero, en este breve viaje temporal que planteo, analizar su causalidad me sirve de punto de partida para iniciar esta reflexión. Sencillamente, entonces se cazaba y punto, que no era poco, sin proceder debate alguno que llevarse a la sesera.

Mucho mas tarde, cuando cazar se convirtió en distracción para los ricos y reyes, estos, precisamente para elevar su derecho a la práctica venatoria sobre la andrajosa plebe, algo furtivilla por cierto, se inventaron el concepto de deportividad -entendido como juego limpio con la pieza-, que les sirvió para legitimar éticamente sus cacerías y perpetuar la exclusividad, dándose cuenta de que, lo que se inicio como coartada o excusa, en realidad, proporcionaba el placer adicional de lo bien hecho. Esa idea culmina favorablemente en los tiempos de los grandes escritores cinegéticos que todos conocemos y que narraban sus cacerías y salidas cinegéticas como algo positivo, satisfactorio, motivo de orgullo y hasta épico, admirado por el resto de los ciudadanos no cazadores. Lamentablemente, cuando ya todos pudimos cazar y el ocio se extendió a las demás capas sociales, este concepto de juego limpio se difumina y da paso al de competitividad, que se popularizó posteriormente, como suele ocurrir cuando algo se masifica, porque siempre hay quién ha de ser superior a todos en algo, tan propio del ser humano, en nuestro caso el que mas y mejor caza para, en aras de la competición, terminar siendo el que mas mata de todos. Esto de la deportividad en la caza perdura hasta nuestros días como justificación y cierto intento de mimetizar algunas de nuestras vergüenzas, frente a la sociedad no cazadora. Sin embargo, como la mentira tiene poco recorrido, eso de caza-deporte ha terminando siendo un anacronismo a todas luces, muy lejos del juego limpio que buscaban nuestros padres cazadores antiguos, cuando de aplicarlo a la actual caza comercial se trata, barrido y superado, todo ello de un plumazo, en su valoración moral, por el ecologismo urbanita emergente, que ejerce el desprecio mas radical contra esa caza, deportiva –y por extensión contra cualquier otra- aunque halla entre nosotros quien se empeñe en seguir con ese discurso deportista, promotor del ejercicio corporal competitivo sobre animales cazables, que nadie cree ni sirve como justificación de la caza, sencillamente porque es falso.

Superado por la actual sociedad mercantilista -donde solo sobrevive lo que tiene un valor económico- ese deporte cinegético es lo primero que se somete al juicio y a las reglas implacables del mercado, sirviendo ahora solo para llenar bolsillos, campeonato a campeonato, temporada a temporada…. “y dejémonos de gaitas éticas”, que diría un fabricante de gallinos de granja, listos para ser ajusticiados en el ojeo del domingo, o en la popular suelta a “mata cuelga”, tras meterse muchos euros en la buchaca, a cambio de semejante jolgorio de cartón piedra, eso si, muy “deportivo”. Este batiburrillo conceptual y de justificaciones, en un somero recorrido causal y temporal como el que acabo de hacer, es a lo que la caza ha llegado, pero a muchos cazadores no nos gusta nada, es mas nos avergüenza y repugna por carecer de dignidad y motivación esencial.

Se abre paso, como una auténtica necesidad para el cazador moderno, dar a nuestra afición, la caza, un valor humano indiscutible, -blindado por conseguir ser apreciable socialmente- lejos de tanta farfolla deportiva y comercial, carente de causa justa. Muchos, herederos de la antigua idea del juego limpio y apenas unos cuantos románticos mas, cazamos con reglas venatorias (modalidades y tradiciones) que imponen el respeto a la pieza de caza y, además, nos hacernos responsables de la gestión de supervivencia de estas especies de caza, mediante nuestra implicación personal en su propia existencia. Nuestra idea es que, ahora, seguimos cazando por el placer o por la distracción que nos proporciona la búsqueda de nuestro papel esencial de predador dentro de la Naturaleza, del cual cada vez nos vemos mas empujados a alejarnos, en esta sociedad industrial de masificación irreversible, si, pero tenemos clara nuestra nueva frontera, a la que debemos tender, como un intento de retorno o de rescate de lo que somos cuando cazamos, pero con reglas y responsabilidades. En definitiva queremos seguir cazando, desde luego, pero noblemente, habiendo cumplido antes con la caza.

Ese derecho esencial a poder cazar, que nos pertenece como especie, sin distinción de épocas ni de clases, permite a los cazadores evitar tener que justificarnos ante nadie, pero, si queremos cazar con compromiso y responsabilidad, no debemos ni podemos librarnos de buscar y encontrar esa causa o motivo de cazar, única y exclusivamente, ante nosotros mismos, sin mirar a nadie mas. Sigue siendo necesario. Esta inquietud, afortunadamente, la despejamos en el hecho y en la forma de abatir las piezas de caza, cazando limpiamente, además de pasar por la firma tácita de un contrato vital no escrito de respeto hacia la especie cinegética y con sus ciclos. Todo ello, como afirmo, permite llegar a ennoblecer la práctica de la caza por su forma de entenderla y de llevarla a cabo.

Hoy en día la artificialidad ha invadido la caza por todas partes y la ha transformado en meras acciones previsibles de dar muerte a animales en movimiento. Viendo que esa caza artificial, basada en el mercantilismo, no se despega, es mas se oculta, adherida y detrás del verdadero concepto de cazar, confundiéndose hasta en la denominación, a los cazadores no nos queda otro remedio que la reivindicación de nuestro compromiso con ella, que es, precisamente, lo que no existe en la simple muerte ocasional de un animal que vale mucha pasta. Así que, si queremos mantener esto que llamamos caza como algo digno, debemos hacerlo noblemente.

Cumplir con la caza significa hallar esta tranquilidad espiritual que buscamos ante el animal abatido, tras el lance, pero solo y cuando le hemos cazado previamente. Ese debe ser nuestro compromiso contractual individual y colectivo, huyendo de matar por matar, por deporte o por negocio, como se viene haciendo últimamente. Desarrollar, en consecuencia, el principio que ya definió Ortega y Gasset acerca de cazar como "Matar por haber cazado", que decía el recordado e ilustre pensador.


La caza noble, con el resultado de la muerte de ese animal llamado pieza de caza, precisamente por serlo, viene precedida y avalada dos hechos: por un lado, el deber del ritual de haber cazado y, por otro, el previo compromiso de responsabilidad del cazador sobre su supervivencia como especie cinegética, debidamente aceptado y asumido como propio.
Haber cazado es un proceso y protocolo sucesivo de acciones que puede, o no, casar con el ejercicio físico; que puede, o no, ser valorado económicamente, pero siempre esta acotado, definido, es complejo y esta inexcusablemente escrito en la historia de la caza, en sus distintas modalidades, a base de acumulación de aprendizajes, experiencias y saberes transmitidos. No puede ser alterado, ese proceso, porque responde a las exigencias de comportamiento de cada pieza en concreto -de todas y de cada una- que son consecuencia de su propia evolución natural. Por lo tanto, las modalidades y formas de cazar, digna y noblemente, solo se deben modificar respondiendo en paralelo a los propios cambios evolutivos de la especie y de su entorno, no a razones de conveniencia puntual, técnicas o de beneficio económico. Ese es el compromiso vital y el orden de prioridades que permite matar por haber cazado de una forma predefinida y avalada por la historia de la caza.

Si buscamos convertir el cazar en algo sencillo, rápido, simple, fácil y cómodo es decir, únicamente, en matar, tal pretensión se aleja de la propia justificación que busca el verdadero cazador en si mismo. No encuentra placer ni justificación en esa muerte aquel cazador que teniendo protagonismo en la consumada superación de la pieza, una vez abatida, no la ha cazado con dificultad, con reglas, con compromiso, cumpliendo, en suma, con ella.

Matar cómodamente, sin destreza, sin práctica ritual y tradicional venatoria, con desproporción de medios técnicos sobre el animal, limitando sus querencias, sus espacios, sus recursos, sus defensas. Todo ello no es caza, es matar sin finalidad esencial y por el placer de hacerlo para aquellos que se conforman con esa simple pretensión irresponsable. En esa pseudocaza no existe respeto ni contrato vital alguno con la pieza y nada tiene que ver con lo nuestro.

Resumiendo, matar por placer, sin más cláusulas, supone ser cómplice de poner en valor, exclusivamente, la muerte del animal, al servicio de quien pague o cobre por hacerlo. La caza no es esto, ni a eso debemos llamarle caza. Cercones, gallinos, masificación y repetición de cacerías, descastes por mala gestión, artificialidad en busca de la matanza perfecta, fácil y sin límites, pero siempre tasada, solo merecen el desprecio y el rechazo del cazador y la exigencia imperdonable, ahora si, de justificación social para los partícipes de todo ello, aunque se quieran llamar cazadores, sin serlo. Yo también estoy en contra de esa "muerte". Por el contrario cazar exige el respeto a la pieza, a reglas y métodos, para ofrecerle una opción a salvar su vida en el lance; a su derecho a pervivir y mantenerse en el campo; obliga a asegurar a la especie su futuro como pieza de caza, velando, ayudando y garantizando sus procesos vitales y los lugares de caza; manteniendo la máxima autenticidad y naturalidad, entendida como conservación. Nadie va a ocuparse de dignificar la caza, salvo el auténtico cazador. Estamos llamados a ser los únicos y últimos responsables de ese contrato vital leal e inexcusable, si queremos seguir cazando, pero ahora, de nuevo, noblemente.

Si los cazadores nos proponemos día a día, paso a paso, esta nueva frontera de nobleza en nuestra práctica venatoria, dará igual que se afirme que la caza es un negocio, un deporte o una hazaña personal, dejemos ese debate. La caza, entonces, será noble, el cazador también y eso nos prestigiará en su práctica, ante nosotros mismos, que no es poco, en tiempos de crisis total, especialmente de valores humanistas muchos de ellos, por cierto, propios de cazadores desde siempre.
(Dedicado a Juan Miguel Sanchez Roig por defender tenazmente los valores de la caza noble y del cazador comprometido)

José Antonio Martinez del Hierro
Jueves, 29 de Abril de 2010



Carlos Irujo


Tras un largo viaje llego por fin al pequeño pueblo del Pirineo catalán donde iba a intentar cazar un isard. El tiempo era estable y anticiclónico, el lugar y la época, en el Alto Pallars y a primeros de noviembre, los más propicios para intentar conseguir ese ejemplar con el que soñamos encontrarnos algún día los cazadores de alta montaña que llevamos muchos años detrás de estos precioso animales. A pesar de las muchas veces que he cazado rebecos en el Pirineo no se me va de la cabeza la fallida ocasión que tuve hace diez años antes en estos mismos parajes, sin duda un viejo macho de altísima puntuación, que se nos apareció mientras comíamos corriendo entre un bosque de pinos pedriza abajo perseguido por un animal más joven y fuerte que lo achuchaba sin cesar. La fortuna, o mejor dicho su ausencia, hizo que en ese momento estábamos el guarda y yo almorzando en medio de un claro de un inmenso y pendiente pinar y el rifle a dos metros de mi mano en la tasca, justo me dio tiempo a cogerlo y cuando casi lo tenía encarado en la mira, para mi desesperación dio un salto y se esfumó perdiéndose para siempre barranco abajo. La imagen de su canosa cabeza y fino cuello mirándome de frente un instante a unos escasos 30 metros coronada por gruesas cuernas que le sobresalían mas de un palmo de sus orejas y que en lo alto se separaban espectacularmente no se me olvidará mientras viva.

Tras alojarme en el hostal, y esperar a que llegara de Madrid mi buen amigo y compañero de fatigas José Mari, el cual nos iba a acompañar en esta cacería, fuimos a casa del Guarda Jesús, tan buen montañero y cazador como persona, y tras los comentarios de rigor quedamos al día siguiente antes de amanecer para subir a la montaña.

Primer día de cacería:
El primer día, Jesús nos propuso una interesante y largo recorrido por un precioso valle que discurría hasta un circo glacial que lindaba en su zona superior con el parque nacional de Aigues Tortes en cuya margen izquierda se descolgaban bosques de pinos donde se solían apostar algunos de los buenos ejemplares que buscábamos, cogiendo una pista que nos permitió subir un kilómetro, dejando el todo terreno entre dos luces.

Nada mas salir del coche a los 10 minutos vimos dos corzas con sus crías, y uno poco mas adelante un precioso macho que portaba un respetable trofeo para proceder de una zona de alta montaña, corroborándonos Jesús que era uno de los más grandes que tenía visto en la reserva, y tras enfilar el primer repechón serio de la jornada vimos una vieja “craba” Solitaria, y un par de machos que se perseguían, uno de los cuales era bastante alto y que podría ser un plata medio, pero no era lo que buscábamos.

Mas adelante y ya bastante altos, vimos a la derecha a gran distancia y en mitad de una gran pedriza una gran manada de por lo menos 50 ejemplares, los cuales nos pusimos a escudriñar uno a uno hasta encontrar un ejemplar a la izquierda que estaba un poco más separado de los demás que por su coloración y porte parecía de avanzada edad, pero tras montar el scope pudimos comprobar que era una vieja machorra a la que sin embargo no le destacaba el trofeo por lo que proseguimos terreno adelante. En otra ocasión, en esta mismo valle, a pesar de tener un permiso de trofeo, preferí abatir una hembra que resultó ser una de las mejores del pirineo.

Al final del valle llegamos al sopié del circo que lo circundaba en un paisaje de ensueño donde se entremezclaban los altos picachos y los ibones tan característicos de preciosa zona del Pirineo, y tras mirar todo aquello detenidamente Jesús nos señaló a unos 300 metros un poderoso y oscuro macho de ancho pecho que teníamos enfrente y que al parecer tenía catalogado como el más grande de la zona, y tras mirarlo y remirarlo con los prismáticos, llegue a la conclusión que era un animal bastante bueno aunque por su colorido y fuertes hechuras todavía estaba en plenitud de facultades, como mucho 7 u 8 años, y si bien parecía de gruesa cuerna por la “leña” que tenía entre las orejas, no era ni demasiado alto ni abierto, lo que me hizo suponer que a pesar de ser un excelente animal y que seguramente sería un oro, no pasaría de 97 o 98 puntos, por lo que también para desesperación de mis acompañantes lo deseché. Era el primer día y a pesar de que era perfectamente posible que no viéramos en el transcurso de la cacería un ejemplar mayor que este, el hecho es que estaba decidido a agotar todas las posibilidades para intentar llevarme a casa lo que buscaba, un Isard de categoría especial y a ser posible en sus ultimos años de vida.

Seguimos subiendo y casi al llegar al cresterío de la divisoria con el valle que teníamos a nuestra derecha, divisamos casi en la cumbre un grupo de una docena de hembras acompañadas de un macho espectacularmente abierto, pero cuanto más lo miraba menos me convencía ya que sus cuernas no me parecían demasiado gruesas y parecían más anchas que altas, lo que denotaba su juventud, y si bien ya daba una importante puntuación, el paso de los años si le respetaban los cazadores la haría portar uno de los grandes trofeos que suelen dar esta zona del Pirineo, por lo que le dejamos que siguiera con su ciclo vital y seguimos nuestro camino.

Tras descansar un rato gemeleando sin encontrar nada que nos satisficiera, momento que aprovechamos para comer, dado que estábamos a gran distancia de donde comenzamos y a una considerable altura, nos encaminamos a ir volviendo a nuestra zona de partida por unos pendientes ubagos muy querenciosos para los grandes machos del valle contiguo, pero al encontrarnos con unos montañeros con un perro que habían subido por donde pretendíamos volver nos hizo cambiar de opinión, siguiendo nuestro camino por el cresterío que delimitaba ambos valles desde donde divisamos una zona muy amplia con grandes praderas de hierba en las que vimos varias manadas con muchos animales jóvenes y hembras sin nada que destacar. A partir de entonces, dado que el sol estaba cerca de ocultarse tras las montañas y que todavía teníamos mucha distancia que desandar, apoyados en nuestras varas de avellano, iniciamos una larga bajada a la mayor velocidad que nos permitían nuestras piernas, llegando al coche totalmente de noche tras una dura jornada de 18 horas caminando por unos parajes preciosos, tras lo que nos fuimos al hotel donde los tres andarines dimos buena cuenta de buena cena regada con un excelente vino y mejor carne y a dormir que nos lo habíamos merecido.
Al día siguiente Jesús nos propuso subir a otra zona muy alta y solitaria fronteriza con el Parque Nacional Francés donde no se había cazado desde hacía varios años, algo a lo que accedimos encantados, ya que en este tipo de sitios hay más posibilidades encontrar en esa zona un ejemplar como el que buscábamos.



Segundo día de cacería:
Tras quedase la noche estrellada y bajar espectacularmente la temperatura, volvimos a quedar muy temprano, ya que el lugar donde pretendía ir Jesús solo se podía acceder a través de una empinada y larga pista en la que muchas de sus revueltas estaban heladas, con el consiguiente riesgo de irnos barranco abajo, pero con cuidado y el buen hacer de nuestro conductor conseguimos plantarnos al amanecer a una considerable altura desde comenzaríamos a cazar como dicen los montañeses “de llano”.

Una vez que empezó a clarear, tuvimos ante nuestra vista un amplio circo cuyas crestas formaban la divisoria entre los dos países, y a nuestra derecha a unos 600 metros un querencioso barranco que colindaba con unos espesos bosques donde se suelen recoger excelentes solitarios, y tras mirar con los prismáticos pudimos divisar varias manadas de isard y abundantes animales desperdigados con los primeros síntomas del celo que esos días comenzaba, con las dificultades que ello conlleva para una correcto acercamiento al que nos pudiera interesar.

A pesar de la excesiva distancia, gracias al Scope y a los prismáticos pudimos comprobar en una de las manadas más grandes la dominaba un fuerte macho casi negro y gruesas cuernas así como una vieja hembra que con las primeras luces del amanecer parecía plateada de lo encanada que estaba, pero José Mari, no hacía mas que mirar y remirar un ejemplar de color avellana que careaba solitariamente a unos 400 metros mas abajo que los que estábamos, repitiendo varias veces que le gustaba el color y el lugar que se encontraba ese animal. La excesiva distancia y el principio del día no nos dejaba entrever ver el tamaño de sus cuernas, pero tras observarlo concienzudamente llegué a la conclusión de que sus hechuras denotaban que era un viejo ejemplar y que si bien sus cuernas no eran extremadamente abiertas, parecían bastante gruesas, destacando sin duda alguna su gran altura en comparación con sus orejas. Tras acercarnos un poco mas pudimos comprobar que era extraordinario, decidiendo que era el animal que buscábamos, sin duda un oro muy alto que con cuentagotas hay por estas montañas.

Ahora había que decidir como le hacíamos la entrada, ya que si avanzamos de frente, el resto de los que estaban desperdigados por la zona nos avistarían enseguida avisándole de nuestras intenciones, dando al traste a nuestras ilusiones, y dado que el sol en breve iba a empezar a cubrir la ladera, decidimos subir en vertical unos 200 metros para intentar desde arriba eludir a la gran manada que estaba encima de nuestro macho, y conseguir ponernos a tiro del viejo solitario.

Con mucha paciencia y cuidado, por fin conseguimos llegar a una cresta desde donde se divisaba a unos 200 metros la tasca donde habíamos avistado a primera hora al Isard, el cual un rato antes había abandonado apresuradamente el lugar al haberle encorrido hacia abajo uno de los machos dominantes de la manada de arriba, trasponiendo un pequeño collado y perdiéndose momentáneamente de nuestra vista en una zona boscosa que había detrás, pero dado que estábamos seguros que no nos habían visto supusimos que tarde o temprano volvería al lugar ya que había una excelente hierba y tenía encima el imán de la manada que en sus tiempos jóvenes seguro que habría capitaneado.

Por ello, con tranquilidad, nos pusimos cómodos colocando el macuto en el lugar apropiado disponiéndonos a esperar, hasta que al cabo de aproximadamente una hora, el viejo animal volvió a trasponer en el collado que teníamos enfrente y en vez de quedarse quieto allí donde ofrecía un excelente blanco, empezó a caminar sin parar hacia nosotros bajando a la hondonada que le separaba entre nosotros, y tras desaparecer de nuestra vista nos apareció por debajo como a unos 80 metros donde se nos quedó parado un momento mirando hacia nosotros, momento que aproveché para dispararle, y ante mi asombro salió disparado como alma que lleva el diablo pendiente abajo a todo galope buscando la querencia del bosque de donde había salido, tras meter otra bala en la recamara y cuando corría por la ladera de enfrente le disparé un segundo tiro que le hizo correr mas si cabe, y antes de que se perdiera definitivamente de vista, justo antes de traspusiera un estrecho collado afinando al máximo realicé un tercer disparo al más puro estilo montero, desgajándose en ese instante una rama de un pino que estaba justo encima del bicho, comentándome mis amigos “les has dado justo encima”, y para mi desesperación desapareció de nuestra vista.

Es de interés destacar que la semana anterior había comprado e instalado en el rifle un bípode, el cual para asegurar al máximo el primer disparo, el animal del que escribe lo había apoyado directamente en la roca caliza, acción que evidentemente y para mi desgracia pudo haber provocado vibración que me hizo errar el primer tiro, porque a la distancia y el blanco que ofrecía el ejemplar no lo falla nadie. Como se podrán imaginar los lectores, se me cayó el mundo encima, ya que el animal era de bandera, y la ocasión es de las que no se repiten. No obstante, recorrimos palmo a palmo todo el camino que había recorrido el animal hasta perderse de vista, y a pesar de que no vimos en el árbol la bala incrustada, no encontramos rastro alguno de sangre ni del macho.

Dado la calidad del animal y que no podía haber ido muy lejos, decidimos seguir tras él durante todo el día y a pesar de que recorrimos durante todo el día los barrancos contiguos, la búsqueda resultó infructuosa, y dado que ya era tarde al volver decidimos hacer un ultimo intento y pasar por enésima vez por el collado, y tras haber pasado Jesús y yo, José Mari que iba unos metros detrás, se quedó un momento quieto mirando hacia abajo la pendiente del otro lado y nos dijo, “esperar un momento que parece que allí hay algo”, y tras bajar unos metros, encontró oculto entre unas altas y quemadas hierbas el cuerpo del viejo Isard, el cual tenía el orificio de entrada en mitad de sus jamones traseros, el típico supositorio. Por lo visto, el tercer y ultimo disparo que le hice a todo galope a unos 200 metros le había atravesado de pleno atrás a adelante, destrozándole la caja de música, y dado que como el tiro se lo pegué casi justo cuando trasponía el vértice del collado, la velocidad que llevaba le hizo caer muerto por el otro lado deslizándose unos 30 metros por una pendientísima pendiente de hierba de la otra ladera parándose en unas altas hierbas que eran exactamente del mismo color que su piel y que nos habían impedido verlo cuando registramos ese lugar, ya que no había el menor rastro de sangre. Que paradoja el tiro más fácil lo falle y el mas difícil lo acerté de pleno. Nada mas tenerlo en nuestras manos pudimos comprobar que era tan bueno como suponíamos, ya que tenia 15 años, portaba una preciosa cuerna ambarina con unos marcados crecimientos, y su grosor, altura y longitud eran excelentes, dando una puntuación de casi unos extraordinarios 105 puntos, lo que le llevó a ser el segundo mejor ejemplar cazado en el Pirineo de ese año.

Desde estas líneas quiero dar las gracias a Jesús por haber puesto todo de su parte para conseguir este extraordinario ejemplar, y a José Mari, primero por saber elegirlo desde tan larga distancia y sobre todo por haber dado con él cuando ya lo dábamos por perdido, dándome la oportunidad de cumplir mi sueño y permitirme que ocupe su trofeo en mi salón el lugar de honor que le corresponde. Hubiera sido una lastima que tan extraordinario trofeo se hubiera quedado abandonado en estas preciosas montañas.

Serafín Cortes Collado
Presidente Sociedad Cazadores “Las Cabrillas”
Vicepresidente de ACONCAEX y Vocal de UNAC

En estos últimos años es normal escuchar a cazadores quejarse de la disminución de la liebre. Sin embargo, esta aseveración parece no tener ningún fundamento científico. Además, estos cazadores quejumbrosos no aportan razones ni pruebas convincentes que justifiquen esas caídas de poblacionales.
Son varias las causas de esta posible caída de nuestra rabona tales como:

El furtivismo: Cada día nuestros campos tienen la visita de esta lacra sin que nadie haga el menor caso ni ponga remedio, estos delincuentes contra el patrimonio natural, sin miramientos ni respeto hacia la especie la persiguen cazándola en todo tiempo, para ellos la veda no existe. La predación: Es otra de las causas de la disminución de esta especie, puesto que el control de depredadores en nuestros campos es nulo, ya que son muchos los inconvenientes que la Administración pone para que se pueda hacer un control exhaustivo en nuestros cotos.La intoxicación: Producida en nuestros campos a causa de los herbicidas, también estaría en el origen de la disminución de la liebre, aunque muy pocos se autoinculpan achacando el problema a una excesiva presión cinegética. Habrá por supuesto cotos en los que la liebre tenga algunos o todos estos problemas comentados, mientras que en otros la hipotética caída de la liebre sea una suposición errónea o una fluctuación temporal sin más.


Aunque la mayoría de los cazadores hablan de un grave problema sanitario: la cisticercosis, los famosos “granitos de arroz” presentes en el hígado, la patología más comentada, quizá por su repugnante vistosidad, aunque pocos conocen el nombre, el origen y las consecuencias de esta parasitosis. Los cisticercos son las fases larvarias de un cestodo cuyo adulto es un parásito de perros, zorros, ginetas y meloncillos. Se suelen encontrar en forma de pequeños bultitos de color blanco, de menos de un centímetro de diámetro, en la cavidad abdominal de una liebre. Normalmente se adhieren en mayor o menor cantidad a estómago, intestino o hígado. Esta enfermedad, no supone ningún riesgo para las personas, pero debe evitarse su consumo por perros, zorros ginetas o meloncillos, ya que ello facilita la continuación de su ciclo vital, y la contaminación de nuevas liebres. Excepcionalmente, las infestaciones masivas pueden cursar con mortalidad, particularmente en lebratos.

La mejor recomendación en cuanto a la cisticercosis es la de no dar nunca las vísceras crudas a los perros, ni dejarlas al alcance de carnívoros silvestres. Para ello, las vísceras es mejor limpiarlas en casa y tratarlas como cualquier otra basura orgánica. Si es imprescindible eviscerar la liebre en el campo, lo mejor es destruirlas mediante fuego. El enterramiento no sirve de gran cosa, dado el excelente olfato de perros y depredadores. Como medida complementaria, es importante desparasitar periódicamente a los perros de caza con tenicidas, lo que contribuirá a la salud pública en general, y a la reducción de la incidencia de cisticercosis en particular.Las liebres más parasitadas son alcanzadas antes por los galgos, por lo que resisten una carrera más corta. Esto puede tener por tanto implicaciones a nivel evolutivo y ecológico de la especie y propone a la caza con galgos como una caza selectiva, donde los individuos más parasitados o de peor “calidad” son eliminados con anterioridad. Además, como norma general de higiene, las liebres deben eviscerarse siempre con guantes, no por los inofensivos cisticercos, sino por las muchas otras enfermedades que podemos compartir con los animales. Las liebres especialmente delgadas o con mal aspecto, así como las halladas muertas o enfermas, es mejor enviarlas a analizar y de esta forma conocer la patología causa de su muerte.

 

Unión Nacional de Asociaciones de Caza (UNAC) unacaza@gmail.com

Inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones con el número: 586707

Código de Identificación Fiscal (C.I.F.): G-97716351

Dirección de correos: Apartado Postal 140 AP, 41940 Tomares (Sevilla).

© UNAC 2008 - 2019