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La voz de los cazadores es la savia de la caza social en España, por eso es importante que entre todos expresemos nuestras inquietudes sobre todo lo que nos afecta, de una forma respetuosa y sencilla.

La caza social debe recuperar el protagonismo que le quitaron durante las últimas décadas y que mejor forma de hacerlo que a través de la voz de los cazadores.

Este espacio es un punto de encuentro de todos los cazadores sociales de España, por eso la UNAC te invita a participar en él con tus aportaciones.

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Luis Felipe Gutiérrez
Carlos Irujo (publicado el 03/03/2004)

La contrapasa es una modalidad tradicional de caza que se ha practicado desde tiempos ancestrales en los collados del norte de España aprovechando la migración prenupcial de las aves en su viaje de regreso a sus lugares de cría en el centro y el norte de Europa.

            En tiempos pasados no muy lejanos, se cazaban sin limitación alguna además de palomas torcaces y zuritas, ansarones, todas las variedades de patos, becadas, avefrías etc, pudiendo recordar los que llevamos unos cuantos años cazando las inolvidables jornadas arrastrándonos por el barro bajo unas temperaturas heladoras en pos de los ansarones y patos que tras encontrar el pirineo cerrado por los temporales se dedicaban a dar vueltas por los alrededores de la cuenca de Pamplona, posándose en las lagunas de Loza, Pitillas o en la de la Ulzama, o disfrutar de la maravilla que suponía la observación del espectáculo que supone la migración de todo tipo de aves en los puestos ubicados en los obligados pasos de las montañas del pirineo occidental que utilizan las aves en sus viajes migratorios.

            Sin embargo, esta tradicional modalidad ha estado interrumpida una decena de años, en los que por razones de índole ajenas a la de la conservación de las especies, y por lo tanto estrictamente políticas, todo ello auspiciado por un ecologismo de salón con el beneplácito del extinto ICONA, se prohibió en España en base a lo dispuesto en la Directiva 79/409 relativa a la conservación de las especies silvestres, al trasponer a la normativa Española en la Ley de Conservación de Espacios Naturales  y de la Flora y Fauna Silvestres una regulación prohibitiva de la misma que no quiso tener en cuenta la puerta que utilizó Francia, que gracias a la implicación de sus políticos con el mundo de la caza, se consiguió que se siguiera practicando en base a la excepcionalidad que se permitía el seguir realizándola en aquellos lugares tradicionales mediante una explotación prudente de determinadas aves en pequeñas cantidades.

En cambio en nuestro país, hemos tenido que esperar a que los nuevos vientos a favor de la caza que imperan en el actual Gobierno para que casi a finales de siglo se vuelva a permitir, eso si de una forma muy descafeinada a como se practicaba anteriormente, al permitir únicamente el cazar un limitado número de palomas torcaces y prohibiendo el resto de las especies que antes se cazaban.

            De los 1.800 puestos que antiguamente existían en Navarra, únicamente se permite cazar en la actualidad en medio millar, pudiéndose utilizar cada uno de ellos desde mediados del mes de febrero a la tercera semana del mes de marzo por un máximo de dos cazadores, estableciéndose un cupo de 4 palomas por cazador y día, y no pudiendo superar el número de capturas anuales los 3.000 ejemplares, lo que exige que semanalmente los responsables de cada coto tengan que informar a los responsables del Departamento de Medio Ambiente de las capturas que se obtengan a fin de cortar en cuanto se llegue a esa cifra, a la que por cierto en los años que llevamos tras la abolición de su prohibición nunca se  han superado. En el año 1999 se capturaron 752 ejemplares, en el 2.000 1.086, en el 2.001 1.560, disminuyendo las capturas el 2.002 y el actual debido a que las inclemencias metereológicas han impedido que se pudiera cazar la mayor parte del periodo.
            Un aspecto a destacar, y que lo diferencia de la pasa del otoño, es el carácter eminentemente social de la contrapasa, ya que a diferencia de la anterior en la que los puestos pueden ser adjudicados mediante subastas de los ayuntamientos  a todo tipo de cazadores que lo deseen y oferten el dinero suficiente para optar a ellos, o aprovechados directamente por los cazadores de los cotos donde estén ubicados, en la contrapasa únicamente los pueden utilizar los cazadores pertenecientes a las asociaciones locales de cazadores adjudicatarias del aprovechamiento cinegético de los cotos públicos y para titulares de los cotos privados que tuvieran concedido su aprovechamiento cinegético con anterioridad a 1999, por aquello de impedir la especulación.

            Al entender de la mayor parte de los cazadores el sistema de cupos está mal diseñado, ya que la contrapasa es una caza de fortuna y el hechos de tener no poder abatir mas de 4 palomas por cazador y día no quiere decir que un cazador que pudiera ir todos los días pudiera capturar este número los días que cace, ya que el hecho de las fechas en que se practica, y las especiales condiciones de climatología que se deben dar para que tengamos éxito, fechas después de los temporales que paralicen la migración en el prepirineo y tiempo despejado que permita a las aves viajar, viento norte, etc. Todo ello hace que el trascurrir del mes en el que se habilita la caza pueda haber de media 20 días en los que no pare de llover o de nevar, o que todo esté lleno de niebla que impide la caza,   y para unos días en los que por fin el sufrido cazador que ha tenido que aguantar estas penalidades ve por fin los inmensos bandos de palomas pasar por sus cabezas, se tiene que limitar a abatir sus cuatro palomas reglamentarias y regresar a su casa. ¿No sería más adecuado y totalmente respetuoso con la legislación que se estableciera un cupo de por lo menos una docena de palomas por cazador y día a fin de que estos días especiales los cazadores pudieran disfrutar? Problema no habría ninguno, porque además de que cuando se llegaría a las 3.000 palomas reglamentarias se paralizaría la caza, en Europa se estima que hay entre 30 y 40 millones de palomas, pudiendo cruzar el pirineo en estas fechas 6 ó 8 millones de ejemplares, es decir que lo máximo que se puede cazar supone la irrisoria cifra de un 0,04 % de sus efectivos.

Como he comentado antes, esta no es una modalidad de caza amable, ya que a semejanza con la que practican los cazadores de anátidas en esta época del año , se lleva a efecto bajo las mas duras condiciones metereológicas, en muchas ocasiones a soportando varios grados bajo cero que imponen los meses de febrero y marzo del norte, acudiendo a ella solo los verdaderos aficionados que estén dispuestos a soportar el frío, la lluvia y la nieve que suele haber en esta época del año en los collados querenciosos donde están instalados los puestos, más si cabe porque los días más idóneos son aquellos en los que despeja después de los temporales con un fuerte viento norte que silbando a nuestras espaldas obligue a los bandos de palomas a faldear las laderas de las montañas obligándolas a pasar a tiro de los puestos, ya que si existe viento sur y bonanza de las temperaturas, lo único que haremos será disfrutar del paso de los bandos a distancias inverosímiles al alcance de nuestras escopetas.

En los tiempos que corren en los que tristemente cada vez impera mas la caza enlatada y comercial que en algunos casos más que caza son un simulacro de ella, es fundamental que los cazadores sigamos luchando por las diferentes modalidades de caza tradicionales que todavía perviven en nuestro país y que son el estandarte de la mas pura esencia de la venatoria.

Miguel Pou (Publicado en junio de 1994)

Félix Rodríguez de la Fuente, cazador de los 14 a los 21 años, y más tarde "cazador" fotográfico, tuvo al naturalismo por vocación de vocaciones. La curiosidad por la naturaleza que tan enérgica y fructíferamente fomentó, debe mucho a la caza, pues en ella se gestó la humana atracción primitiva por los campos y por el animal, al que por milenios los humanos continuaron acechando con telúrica admiración.

Es comprensible y justo, por tanto, que el contemplador de la vida animal abra los ojos a la realidad de la caza, pero considerada la dramática disminución de las especies y sus poblaciones, lo es más que cazadores y proteccionistas hallen un consenso frente a la peligrosa disminución de las especies ibéricas.

Inversamente, algunos que empezaron a dialogar con la naturaleza rifle en mano, se amistaron con los animales tras haber caminado con reverente silencio por las venturosas trochas del cazador. Este cambio de actitud es laudable, por el ominoso problema de la creciente erradicación de la vida en el Planeta y en España. Para resumir, por eso Rodríguez de la Fuente creía que es posible alternar la caza y la protección de las especies. Pero proteccionista de la fauna no lo es sólo quien comparte la escopeta y cuadernos de campo, sino el que la defiende. La zoología solo abarca el ámbito del estudio, de la constatación. Quien ayuda a que no retrocedan las poblaciones faunísticas, aquel que protege sus hábitats naturales y el equilibrio ecológico, ese es quien se lleva el Laurel, y ayuda tanto a cazadores como a proteccionistas.


Rodriguez de la Fuente, entendiendo que son hermanables el arte venatorio con el proteccionismo, pensó que, en todo caso, el hombre cazador regularía las poblaciones de las especies si mataba siguiendo las leyes que ha impuesto la naturaleza a "la estirpe de los predadores". Rifle en brazo, el "triunfante cazador" tiene sobradas razones para sentirse dueño de la creación cuando supera obstáculos, se perfecciona, y respeta las leyes de la naturaleza. Sin embargo "dominar" a las bestias, a los peces y a los pájaros no implica adueñarse de su belleza atesorada -sintiendo casi inevitablemente el flujo de una extraña nostalgia-. Engloba conocer y consecuentemente amar los seres vivientes que comparten el increíble y siempre renovado escenario de la Naturaleza. Esto puede conducir a la toma de una actitud proteccionista ante ellos, a conservarlos.

El panorama zoológico soporta hoy una tragedia añadida. Antes sobrevivían los habitantes silvestres más aptos, que mejor se defendían o huían de los predadores. Desde la era industrial, cualquier ejemplar por igual puede sucumbir: el arma moderna se lleva las ventajas, no distingue. El supremo cazador sencillamente ya no puede fingir ignorar que "desde el alba de nuestra creación" el arma trepó airosamente hacia la cumbre de perfeccionamiento constante, dejando muy atrás a capacidad de huida del animal, que rezagó su tiempo de adaptarse evolutivamente a ella.

No deja de ser triste y vergonzoso que éste y otros motivos hayan puesto en jaque gran parte de la fauna ibérica, especialmente a "joyas naturales de la evolución" como el lince, el águila imperial, la nutria o nuestros últimos osos, por citar pocos ejemplos. Y nadie puede ocultar ya el papel, más o menos importante que en esta tragedia juega la caza y sus variadas prácticas venatorias, legales o legalizadas. La vida en el Planeta mal sobreexiste acosada mientras la mayoría de los cazadores deportivos continúan conformándose con la misión de erradicar vida, amen o no a la presa que abaten. El mensaje -tan abierto y en realidad tan escasamente descifrado- de Rodríguez de la Fuente nos importa hoy al poner sobre el tapete la cuestión de si son compatibles la caza y la consevación de la naturaleza.

Luis Felipe Gutiérrez. Presidente de ACONCAEX

Antonio Mota. Coordinador de UNITEGA. Galicia 2009

La Editorial de TROFEO del mes de Diciembre habla de la mala imagen que del mundo de la caza tiene la Sociedad Española, de lo difícil que resultará que cambiemos esta situación y de la falta de una proyecto de comunicación común de todas las entidades que representan a los cazadores. Poco más puedo añadir al análisis que de la situación en que estamos inmersos ha hecho José Ignacio Ñudi, salvo hablar de nosotros mismos, los cazadores, que también somos parte de la solución que él pide.
El que suscribe, que tiene la suerte de trabajar todos los días en el campo, está acostumbrado al contacto con todas las personas y colectivos que viven de él o simplemente lo disfrutan, y como cazador que soy, trato también todos los días de quitar una piedra más de ese alto y grueso muro que nos separa cada vez más de la sociedad. Es una labor lenta, poco gratificante y de resultados inciertos, pero si no la hacemos nosotros ¿quién la va a hacer? al margen de campañas o proyectos de comunicación que puedan ser lanzados por las entidades de la caza, es la mejor aportación que los cazadores podemos hacer.

El paso del tiempo y la experiencia, han hecho que pueda responder cada vez con mayor soltura y confianza a las respuestas que me hacen los “no cazadores”, desde los más recalcitrantes anticaza a los indiferentes, y que éstos se marchen del campo rondándoles por la cabeza otra idea de la caza diferente a la que tienen. Estoy seguro de que algunos quedaron convencidos, y otros no, pero al menos estos últimos tendrán más reparos a la hora de criticar gratuitamente la caza que los que habían tenido hasta ahora, y eso ya es un logro, o al menos así lo creo yo. Hasta aquí, todo ha sido muy bonito.... Pero la realidad, mejor dicho, nuestra realidad, a veces nos juega malas pasadas.


Hace unos días, al empezar mi jornada laboral con un grupo de trabajadores sentí dentro de mis entrañas parte del odio que los anticaza nos demuestran día a día, cuando atravesando con los todo terreno una ruta de senderismo, de camino al monte que estábamos podando, puede ver la imagen de una perdigonada sobre una de las señales que allí estaban colocadas para orientar a los viandantes.

Mis compañeros de trabajo, acostumbrados a recibir alguna que otra parrafada sobre los cazadores, la conservación y lo de no recoger crías de corzo que parezcan abandonadas..., me miraron en silencio y yo solo puede decir “lo siento”. Ninguna palabra más fue capaz de salir de mi boca en ese momento, y una hora después, volviendo sobre mis pasos, tiré de cámara y saqué una foto a aquel atropello contra nuestra imagen que nosotros mismos habíamos cometidos. Cuando enfocaba la cámara, me pareció sentir aún las risas y el regocijo del que disparó y de los que le acompañaban asintiendo con su actitud, y durante toda la mañana de ese día no pude centrar mi cabeza en otra cosa. A los cazadores nos falta, además de los que dice José Ignacio Ñudi, que desarrollemos una Conciencia Colectiva que impida que situaciones como ésta se sucedan, porque si no lo hacemos, de poco servirán las campañas o proyectos de comunicación.

Víctor Rafael Mascarell Mascarell. Presidente de ADECACOVA. Valencia. 2009


 En algunas ocasiones he tratado en diferentes foros y lugares el tema de las especies invasoras, alóctonas o exóticas, hablando de la Tórtola Turca, el Arruí, o el Cañar. Recuerdo el artículo que escribí hace algunos años “El cañaveral requiere un control riguroso por los expertos, y actuaciones en su expansión”, donde daba mis opiniones sobre los programas puestos en marcha en este sentido, y dejaba claro que hay especies que amenazan la biodiversidad de la flora y fauna en nuestro territorio y se deberían de tomar medidas de control al respecto.  La Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, a nivel nacional estableció en su artículo 61.1, que “Las Comunidades autónomas, en sus respectivos ámbitos territoriales, podrán establecer catálogos de Especies Exóticas Invasoras, determinando las prohibiciones y actuaciones suplementarias que se consideren necesarias para su erradicación.”
  El Gobierno Valenciano recientemente ha aprobado el Decreto 213/2009, de 20 de noviembre, que establece las medidas para el control de especies exóticas invasoras en la Comunitat Valenciana. Dicha norma pretende prevenir la introducción y proliferación de dichas especies, que las cataloga en sus Anexos I y II. Entre las declaradas especies invasoras y más conocidas cabe destacar el Cañar (La Caña -Arundo donax-) como especie vegetal, o la Tórtola turca (Streptopelia decaocto) y el Arruí (Ammotragus lervia) como especies animales. Según se establece en esta norma las asociaciones de cazadores y los titulares de cotos de caza quedan obligados a comunicar a la Conselleria competente en materia de medio ambiente la presencia de ejemplares de especies exóticas invasoras en los terrenos de cuya gestión sean responsables; dicha declaración conllevará, tras su comprobación, las actuaciones de control o erradicación de la especie detectada si se considera necesario.
   Hasta ahora la Tórtola Turca o el Arruí no estaban consideradas en la Comunidad Valenciana como especies invasoras; a partir de ahora sí, con lo cual los cazadores están obligados a colaborar en la aplicación de las medidas necesarias de control, según se establece en el artículo 36.3 de la Ley 13/2004, de 27 de diciembre, de Caza de la Comunidad Valenciana “En cuanto a presencia de especies de aves o mamíferos alóctonas o invasoras, con fin de evitar sus perjudiciales efectos sobre la fauna o flora autóctona, los titulares de los acotados de caza o adjudicatarios de zonas de caza controlada están obligados a colaborar en la aplicación de las medidas necesarias de control, establecidas por el órgano competente en materia de protección de fauna, o en materia de caza cuando los efectos perjudiciales se ocasionen sobre especies cinegéticas.”
   Independientemente de que yo comparta el objetivo y catálogo del Decreto 213/2009, que lo hago, o que piense que la inclusión de alguna especie puede ser no ajustado a derecho, por no consultar, oír y como viene siendo habitual, no hacer caso a lo que se les dice en materia de caza, considero fundamental que la Consellería competente en materia de caza les diga a los cazadores y a los titulares de los acotados qué tienen que hacer con la Tórtola Turca y el Arruí, y las herramientas que tienen que emplear para dicha colaboración y control.

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