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La voz de los cazadores es la savia de la caza social en España, por eso es importante que entre todos expresemos nuestras inquietudes sobre todo lo que nos afecta, de una forma respetuosa y sencilla.

La caza social debe recuperar el protagonismo que le quitaron durante las últimas décadas y que mejor forma de hacerlo que a través de la voz de los cazadores.

Este espacio es un punto de encuentro de todos los cazadores sociales de España, por eso la UNAC te invita a participar en él con tus aportaciones.

Puedes enviarnos artículos de opinión, formativos, etc… al correo unacaza@gmail.com

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Víctor Rafael Mascarell Mascarell Presidente de la Asociación de Entidades de Caza de la Comunidad Valenciana (ADECACOVA), y miembro de la Junta Directiva de la Unión Nacional de Asociaciones de Caza (UNAC). Real de Gandía (Valencia), 26 de febrero del 2018.

He leído con asombro la noticia difundida por el Diario de Mallorca con el título: “El Govern suprimirá el tiro a pichón como modalidad de caza”. No me ha sorprendido, porque llamara “modalidad de caza” (que no lo es) a una especialidad deportiva como es el tiro a pichón; me ha sorprendido que se afirmara en ella que los estatutos aprobados por la Conselleria de Deportes reconocen que la caza es una modalidad deportiva:

“La Federación Balear de Caza, en sus estatutos ratificados mediante resolución del conseller de Turismo y Deportes el 9 de octubre de 2012, reconoce que la modalidad deportiva de esta federación es la caza y que está compuesta por las disciplinas siguientes: caza menor, caza mayor, caza con arco, artes y modalidades de caza tradicionales, caza fotográfica, vídeo de caza, caza menor con perro, caza Santo Huberto, perros de muestra en campo, perros de caza, perros ibicencos sin escopeta, agility, cetrería, tiro al pichón, tiro de codornices a máquina, pájaros de canto (silvestrismo), reclamo de perdiz macho, recorridos de caza, recorridos de caza en trinquete, tiro a caza lanzada, palomos a brazo, y otras modalidades de práctica cinegética existentes o que se puedan crear.”

La Constitución Española (nuestra Carta Magna) dice que la Caza no es un Deporte, y viceversa, pues contempla el Deporte en su artículo 148.1.11ª, y la Caza en su artículo 148.1.19ª.

Si la caza es una materia constitucional que el Estado transfiere a la CC.AA., y esta la regula en su Comunidad por una ley propia, específica y especial de caza, e incluso en algunas Comunidades Autónomas aún está regulada por la Ley Estatal de Caza, considero no ajustado a derecho que la Administración deportiva resuelva que la caza es una modalidad deportiva.

La cuestión anterior choca entre la caza y el deporte, o entre la ley de caza y la ley del deporte, pero ello se agrava al permitir que la palabra “caza” forme parte de la denominación de una única federación, sin ningún tipo de adjetivación o puntualización, como podría ser: deporte de la caza o tiro deportivo de caza, lo cual monopoliza la palabra “caza” en una entidad deportiva, con todo lo que ello comporta y conlleva.

Pero no termina ahí la irregularidad de la Conselleria de Deportes, que reconoce como disciplinas deportivas: la caza menor o la caza mayor, que están reguladas y amparadas por la ley de caza, y son competencia de la Consellería de Medio Ambiente. La Caza tiene su propia ley que la regula, y en ella ya tiene sus propias modalidades de caza, con sus propias disciplinas y/o especialidades. Sin hablar de las competencias a nivel de la Administración. ¿Quién va a sancionar por una infracción de la ley de caza: la Dirección General del Deporte o la Dirección General de Caza?

Considero que no es correcto que las Administraciones deportivas permitan y autoricen estatutos a entidades deportivas (federaciones, clubes, etc.) con fines, funciones y actividades que van más allá de lo que la ley del deporte les indica que pueden hacer, ya que son entidades del deporte, y a él se deben, inmiscuyéndose en otras disciplinas, actividades, modalidades y materias, como es el caso de la caza.

Si lo expuesto sucede en todos los Gobiernos de las CC.AA, puedo entender por qué la caza y a los cazadores no poseen sus propias federaciones, su propia organización, sus propias sociedades, su propia financiación, sus propias elecciones electorales, su propio organismo público, etc., a través de la Ley de Caza, para los cazadores y, para la Caza que forma parte de los fundamentos del derecho de nuestra Constitución Española, y de los fundamentos jurídicos de nuestras leyes en este país.

Esperemos que prime el sentido común, la cordura y la legalidad, y que los Gobiernos de las CC.AAs pongan a cada uno en su sitio, con el fin de que no tengan que ser los cazadores los que reclamen el amparo de los tribunales y la responsabilidad patrimonial de las Administraciones Públicas y sus autoridades, por tratar a una materia constitucional como es la Caza como lo que no es, una modalidad deportiva.

En noviembre del año 2010 la cetrería, arte de cuidar y adiestrar aves de presa para cazar animales silvestres libres en su medio, fue incorporada a la “Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad” en la quinta reunión del Comité Intergubernamental para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial celebrado en Nairobi.

Víctor Rafael Mascarell Mascarell

Es el único arte en el seno de la Caza que ha obtenido este reconocimiento. Así consta en el Ministerio de Cultura. Algo que me satisface, pues durante muchos años la he practicado.

Algunas corrientes en el seno de la caza, como la Oficina Nacional de la Caza (ONC), pidieron al Gobierno español en el año 2012 que promoviera la caza como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad ante la Organización de Naciones Unidas (UNESCO), con el apoyo de la Real Federación Española de Caza. También algunos autores, como Julen Rekondo en su escrito La caza como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, afirmaban en defensa de sus requisitos que «la práctica de esta actividad tradicional ha dejado una significativa influencia en todos los ámbitos de la vida y cultura en España, en la literatura, en la lengua, el arte, canciones, músicas y danzas tradicionales, así como los utensilios, la indumentaria y la alimentación».

A dicha propuesta anterior, que me parece muy loable su iniciativa, no se adhirió la Unión Nacional de Asociaciones de Caza (UNAC), tal vez por no compartir las justificaciones que argumentaron, a lo que me sumo. Uno de sus argumentos indicaba: «La caza, como actividad que regula las especies y genera biodiversidad, es necesariamente compatible con el conservacionismo, de manera que las inversiones que esta genera sean garantes del futuro de los hábitats y habitantes del medio rural y natural» (Agencia EFE). Al proponer con estos argumentos la caza como práctica o actividad, se queda corto y no identifica la magnitud y grandiosidad que ha supuesto la caza para la humanidad.

Este intento fallido no debe de desanimar al colectivo, ni a nuestros gobernantes que lo apoyaron, ni a nuestros representantes que lo pueden impulsar, ni a otros países y naciones del mundo que se pueden sumar, ya que la caza en sí es un patrimonio cultural no reconocido acogiéndonos a la definición de la UNESCO (2014) -Indicadores UNESCO de Cultura para el Desarrollo: Manual Metodológico, pág. 132-:

«El patrimonio cultural, en su más amplio sentido, es a la vez un producto y un proceso que suministra a las sociedades un caudal de recursos que se heredan del pasado, se crean en el presente y se transmiten a las generaciones futuras para su beneficio».

Y eso es lo que es la caza, un legado formativo que se ha transmitido de generación en generación hasta el hombre contemporáneo.

La Caza a lo largo de millones de años ha sido un fenómeno social que ha influido en numerosos aspectos alrededor de la humanidad: bélicos, artísticos, educativos, organizativos, políticos, económicos, comerciales o medioambientales.

Pero habría que analizar la evolución de las personas a lo largo de su existencia, durante millones de años, para darnos cuenta de la influencia, el alcance y contribución que ha tenido la Caza en la forma de vivir, y de ser, de la humanidad actual. Una humanidad que tiene mucho que agradecer a la caza.

Para entender la aportación de la Caza a la humanidad actual debemos de ir mucho más lejos de verla como el ejercicio, la actividad o la práctica de perseguir, acosar, atrapar o abatir animales salvajes en el medio natural, la cual ha proporcionado proteínas al hombre para su existencia; la debemos ver como el fenómeno social y cultural que ha modelado al hombre a lo largo de millones de años, como animal racional, proporcionando a la humanidad contemporánea:

- Sostenibilidad de los recursos naturales. Cazando y recolectando lo necesario, sin agotar el entorno de especies ni recursos que le servían tanto para el mantenimiento de la prole, como para la obtención de herramientas y utensilios extraídos de esos recursos naturales. Además de contribuir al equilibrio ecológico del ecosistema.

- Desarrollo equilibrado. La captura y consumo de animales contribuyó a obtener grandes cantidades de proteínas, que contribuyeron al desarrollo biológico, fisiológico y morfológico del hombre.

- Movilidad. Las sociedades prehistóricas de cazadores se movían condicionados al clima y la caza, una forma de preservar el alimento y un modo de establecer movimientos sociales en diferentes lugares del mundo, y de que esa fuente de proteína animal y fibra vegetal siguiera siendo sostenible a lo largo del tiempo.

- Conocimientos territoriales. Los movimientos de las agrupaciones o tribus o etnias en busca de caza, de la recolección de plantas o emigrando a lugares con climas más benignos, les proporcionaba a las sociedades de cazadores conocimiento de los lugares y de los territorios a lo largo de los siglos.

- Formación e información. La caza ha sido un medio de transmisión de información y de conocimientos. El hombre ha aprendido conocimientos que ha transmitido a sus descendientes para que estos pudieran cazar para subsistir, lo que les ha dotado de formación y habilidades adquiridas a lo largo de miles de años, los cuales se han transmitido de padres a hijos.

- Trabajos en equipo y reparto de tareas. Primero se cazaba individualmente, y a lo largo de los siglos se reunieron en sociedades cazadoras, para hacerlo en grupos organizados con funciones diferentes para cada individuo.

- Jerarquías y mandos. Los maestros cazadores enseñaban a los noveles, lo que ha contribuido a la cadena social y bélica, dotando de lo que en la actualidad conocemos como la cadena de mando; unos han dirigido a los otros para la consecución de los fines planteados por la organización, los cazadores más veteranos enseñaban a los más jóvenes a cazar, unos mandaban y otros obedecían.

- La ganadería. De la caza han nacido la ganadería y el pastoreo. El hombre ha cazado y domesticado a los animales, y a lo largo de su vida se ha dado cuenta que cuidando y criando a esas especies no tenía la necesidad de cazar todos los días. No solo eso, ha domesticado a los animales como auxiliares, para que le sirvieran como herramientas para poder cazar: como los canidos para la defensa y el rastro, las rapaces para la captura de presas, y los mustélidos para el acceso a lugares inaccesibles. Especies, algunas de ellas que han llegado a servir en la actualidad como animales de compañía del hombre.

- Creación de arte. Un arte rupestre basado en la Prehistoria y Arqueología de nuestros ancestros. Enclave y lugares para la observación, donde las escenas de caza de los animales con figuras humanas de arqueros y lanceros, así como representaciones de animales aislados: cabras, ciervos, jabalíes y aves, nos hacen retroceder en el tiempo y darnos cuentas que sus dibujos fueron las primeras expresiones del arte que, a lo largo de los siglos, han ido mejorando y aprendiendo los varones y las mujeres.

- La confección y fabricación de herramientas y utensilios. Unos cazadores que aprendieron a cazar con sus manos, pasando a fabricar lanzas, arcos y flechas, y terminando construyendo y utilizando armas de fuego. Esa imaginación ha sido consecuencia de la caza y de la subsistencia y la supervivencia entre competidores, tanto de la misma especie como de diferentes especies.

- Los enterramientos de insignes cazadores y guerreros en sus poblados, y a los miedos y creencias de dichas sociedades y colectivos, dieron pie y conllevaron a los enterramientos y cementerios de las personas.

Y así, adentrándonos en la antropología de dicho fenómeno, podríamos estar hablando sobre muchísimas más cuestiones importantes que la Caza ha aportado al hombre hasta nuestros días.

La caza ha transmitido habilidades, formas de vivir, valores, comportamientos, enseñanzas, respetos y actos que la humanidad actual le debe a la caza, y a la cultura que ha transmitido de generación en generación a lo largo de la existencia del hombre.

Preservar, apoyar, proteger y fomentar lo que hemos heredado y adquirido de nuestros ancestros a lo largo de millones de años, y que ha contribuido a que la sociedad actual sea como es en el presente; considero que es honrar y agradecer esa aportación que ha contribuido a ser lo que en la actualidad somos las personas. Por eso, considero que reconocer ese fenómeno de la caza como Patrimonio de la Humanidad, sería honrar a nuestros antepasados, y reconocer el legado que nos han transmitido a lo largo de los siglos nuestros ancestros.



Víctor Rafael Mascarell Mascarell
Presidente de la Asociación de Entidades de Caza de la Comunidad Valenciana (ADECACOVA), y miembro de la Junta Directiva de la Unión Nacional de Asociaciones de Caza (UNAC).
Real de Gandía (Valencia), 27 de octubre del 2017.

En los últimos tiempos, cada vez me seduce menos la idea de entrar en internet a ojear determinadas publicaciones del sector cinegético, antes repletas de útiles e interesantes reflexiones. Algo está cambiando en la otrora respetable prensa venatoria.

Laureano de Las Cuevas
Parece que entre algunos medios se está propagando como un mal virus, una nueva forma de escribir vacía de contenido y construida en torno al odio y el rencor, “la poesía que destruye”, que diría “El ausente”. Un buen amigo tras comentar con el este hecho, señalaba… “Un hombre en sus cabales debe ser milimétrico en sus opiniones, no dar pábulo a mentideros y separarse de la retórica del difama que algo queda”. Y tiene toda la razón: Los artículos de opinión, no han de ser el espejo de una acritud, han de ser el reflejo de un derecho a opinar con rigor y conocimiento, pero ante todo con respeto.

Entre los muchos y nobles oficios, que siempre se han prodigado en el mundo de la caza, perreros, cargadores, orgánicos, cimbeleros… últimamente están apareciendo una serie de espantajos que pretenden un lugar en estos lares cinegéticos, y amenazan con hacer “oficio innoble” de su maniquea forma de actuar. Me refiero a esa patulea de “charlatanes, mercachifles y falsos mesías”, bien pudieran denominarse “Golfos, gafes y gorrones” (pero aquí se me adelanto Alfonso Ussía); que en nombre de dios sabe quién, se han atribuido la defensa del pundonor perdido de los moradores y asiduos del rural, y digo “dios sabe quién”, pues mi virtud y la de aquellos que conozco, sigue intacta como puta pregonada.

El nuevo Nostradamus, adalid de los pobres cazadores menesterosos, de los torpes pobladores del rural, que no saben defenderse de las hordas animalistas que asolarán nuestros campos y reducirán a cenizas nuestros pueblos y aldeas: Ha entrado en escena. Pregonando en bélico lenguaje, el apocalipsis que alcanzará nuestra forma de vida si no alzamos nuestra voz en grito: ¡A las barricadas! ¡Tomemos la calle! ¡Seamos ruidosos, escandalosos, molestos! Hagamos frente a ese ejército rabioso de animalistas, especieístas y veganos, “urbanitas pisapraos” que no distinguen un zorzal de un estornino…. Mensajes portadores de un odio insano, más propios del tahúr vendedor de esa pócima de mágicos efectos, que igual hace que crezca el pelo, aplaca un dolor de muelas, y hasta espanta las meigas. Solo les falta el sombrero de copa y el carromato con grandes cortinajes de las películas de Bud Spencer. Con una gran diferencia; no tienen puñetera la gracia. Y no la tienen, pues echando mano al viejo saber popular “quién siembra vientos, recoge tempestades”.

Que el movimiento animalista está en contra de la caza, es un hecho; al igual que lo es que se manejan mucho mejor que nosotros en las redes sociales, y además con nuestras fotos, con nuestros comentarios, y con nuestros desatinos. Es lógico, cualquiera puede verter su ponzoña en las redes sin medida ni pudor, bajo el anonimato o los falsos perfiles que estas proporcionan. Las “rrss” albergan ese mal recogiendo a cualquiera, hombres, mujeres, niños y niñas. Con formación o sin ella, amargados o felices, solos o “en compañía de otros”…. Todos opinando sin medida ni pudor... Es cierto, que el movimiento animalista, va ganando adeptos e inclinando hacia sus filas la balanza de quien no es ni animalista ni cazador. De quien vota sin pasión, de quien decidirá en los próximos años el futuro de la caza, pues no nos engañemos, el futuro de la caza, no depende de los cazadores, sino de la sociedad en la que estos se encuadran. Es por ello, que el mensaje que estos perciban del colectivo cazador, o de los actores del medio rural, será el que les aliente a adoptar una postura a favor o en contra. Esos mensajes que reciban, serán definitivos a la hora de moldear la idea de la caza y los cazadores. Sí yo fuera un “no cazador” y tras ojear un periódico donde se dice que despeñamos a nuestros canes, y después pasara a leer otro especializado en el que se habla de batallas, estrategias y ruidos atronadores, se insulta y se desprecia una forma de vida distinta: Lo tendría clarísimo, mi voto sería pro animalista.

Miro a mi interior y me pregunto. ¿Qué prefiero escuchar, las trompetas de Jericó o el canto de la patirroja junto al suave devaneo del corzo en la cebada? Creo que el contenido del mensaje a de estar claro, meridiano, desafiante a toda lógica, certero: directo al corazón. Cobran hoy más que nunca significado propio, las palabras de ese gran orador y cazador silenciado por el odio y el rencor de los que no como el pensaban: “A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!”.

Pero como siempre, esta es tan solo mi opinión; y como tal, equivocada.



Laureano de Las Cuevas
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Esta mañana leía un artículo en una revista de caza, donde se afirmaba que “la caza es la acción que efectúa un cazador, y un cazador es aquel que disfruta de la gestión del coto y de la naturaleza…”. Tras leer está idílica y pastoril definición del arte venatorio, saltaron en mi “cerebro todas las alarmas”. Pues no es la primera vez que leo o escucho argumentar la pureza y magnificencia de la caza, como justificación ante el acoso animalista.

Laureano de Las Cuevas
Si Delibes u Ortega levantaran la cabeza, insistirían en otra visión mucho menos racional, y mucho más natural y apasionada de la caza. Entre mis recuerdos siempre estará presente la figura de aquel cazador de menuda, que con la escopeta de dos caños y el perrete de buenos vientos, navega los surcos del arado y se agazapa tras los espinos esperando a que levante el vuelo esa pareja de patírrojas que colgará del cinto y serán justo premio a una jornada de caza. Ese “cazador social” que describía D. Miguel, y que al igual que Ortega conforma la base del estamento cinegético. Pues ambos huían de una imagen encorsetada del cazador.



Ortega en su ensayo sobre la Caza, nos recuerda que fue esta uno más de los pilares de la Revolución Francesa: Negar al pueblo llano la posibilidad de su ejercicio, impedir esa necesidad de cazar que forma parte de nuestra impronta desde el albur de los tiempos, separó más de una cabeza de su tronco. Haciendo hincapié en esta humana necesidad, Ortega nos habla de algo mucho más importante que las “formas y la estética”, nos habla de la ”felicidad”, la felicidad que produce su práctica como herramienta para alcanzar tan ansiado bien.
Dicho lo anterior vuelvo al “alarmante desasosiego” que despertaron en mí aquellas palabras. Desconozco la trayectoria cinegética del autor, ni su procedencia, ni las disciplinas que practica; no quiero atisbar en sus palabras, un encuentro no muy temprano con la caza, o un ligero cinismo al exigir esa pureza que un viejo cazador nunca clamaría, pues todo aquel que desde su juventud temprana ha practicado la caza, tiene un su armario algún cadáver que ocultar. Que ocultar hoy, pues al igual que la imagen romántica del furtivo de hambre se ha tornado en la estampa vil del furtivo que abate por lucro y no por necesidad para vender los trofeos a “cazadores de chichinabo”. En mi juventud y en la de muchos cazadores, algunas “pillerías”, eran permisibles, incuso daban cierta patina al que las practicaba. Y aunque a muchos les cueste reconocerlo, y a otros no les guste escucharlo, la caza al igual que las personas, tiene sus luces y sus sombras. Y no seré yo quien arroje la primera piedra.

Exhibir la pureza de la caza, el virtuosismo del rececho, o la bravura del vuelo de la patirroja, como escudo ante el ataque animalista, es el mayor ejercicio de cinismo que se puede realizar, desde una sociedad que caza con armas semiautomáticas, se apoya en ópticas que delatan a un animal a 1000 metros en la noche más oscura, reclama el canto o la voz de un animal con un señuelo electrónico, o dispara a un animal cebado durante meses desde una atalaya de PVC. Y que conste que no digo que no se deba cazar con semiautomática, o utilizar una óptica de 6000 €, o arrearle a un indefenso y confiado animal desde un blind. Pues nos guste o no, ese tipo de caza es legal. Y la legalidad de la caza, es a la par de su pureza, el otro baluarte de defensa que algunos utilizan ante el ataque de las hordas animalistas.

Sin embargo, prefiero entonar el mea culpa, y reconocer que el colectivo español de cazadores, no por cazadores, sino por españoles; es uno de los más cainitas y retorcidos de Europa, y que desde luego no podemos compararnos ni de lejos, con los cazadores alemanes o noruegos, no porque seamos peores cazadores, simplemente porque no somos ni alemanes ni noruegos. Aunque hayamos crecido bajo el paraguas de la democracia y los derechos inalienables, no hemos comprendido parte del mensaje de lo aprendido, y esas carencias en el aprendizaje nos iguala en la sinrazón con los ecologistas. El cazador en España (y no me cansaré de repetirlo) aún no es consciente de que las leyes de caza “no las hacen los cazadores, las hacen las mayorías”. Y mientras la mayorías, no perciban la caza como un bien social, como una necesidad humana; toda batalla a largo plazo está perdida. Eximir la pureza de la caza con un inmaculado atuendo verde recechando un precioso animal en un cuidado y bien gestionado coto, no sirve de nada mientras quien esté al otro lado de la cerca, siga percibiendo a este inmaculado cazador, como a un “asesino”.

La caza en España está tan estigmatizada por intereses políticos y económicos, como denostada por la por la falta de educación, no solo ambiental, sino en valores. Mientras no seamos capaces de hacer ver la necesidad de cazar a sus detractores, y reeducar al cazador en el respeto al que no lo es. Mientras la caza no solo sea justificable como algo imprescindible en el control de poblaciones, sino como algo tan necesario como respirar, una condición innegociable de nuestra felicidad. Mientras no sepamos mostrar ese lado humano de la caza, y nos empeñemos en justificar con cifras y no con sentimientos, seguiremos dando bandazos como el borracho torpe del bar. Mientras en la retina del ciudadano de a pie impere “La Caza, de Saura”, y no “El Diario de un cazador, de Delibes”; negros nubarrones atisbarán el horizonte cinegético…. Necesitamos transmitir esa necesidad que Delibes afirmaba, ”podría vivir sin comer, pero no podría vivir sin cazar, y en efecto, prefiero privarme de cualquier otra cosa que de la posibilidad de salir al campo cuando se abre la veda”.

Y yo, como antaño hicieran un puñado de valientes, un 4 de julio. “Reclamo mi derecho inalienable a la búsqueda de la felicidad”…… a través de la caza.

Pero como siempre. Esta es tan solo mi opinión, y como tal, equivocada.



Laureano de Las Cuevas
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¡Que viene el furtivo! ¡Que viene el furtivo!, gritaba el cazador proclamando su inocencia en las redes sociales… Esto incluso sería gracioso, sino fuera una realidad. Una realidad basada en el victimismo “políticamente correcto” al que se ha visto obligado el cazador mal asesorado por algunos referentes de opinión, ante los constantes ataques de las hordas animalistas en los medios y redes sociales.

Laureano de Las Cuevas
Pero prescindiendo de lo anterior, creo que ya es hora de llamar a las cosas por su nombre: . La RAE define al furtivo, como aquel “que caza, pesca o hace leña en finca ajena, a hurto de su dueño”. Y el ordenamiento jurídico español no contempla en él, la figura del furtivo.



Por lo tanto y en lo que aquí nos ocupa, para que el furtivo exista es imperativo que se lleve a cabo la acción de cazar. Luego es impepinable que existe la “caza furtiva”, y quién la practica no es otro que “el cazador furtivo”. Por lo tanto, dejemos de rasgarnos las vestiduras y reconozcamos que existen delincuentes que vulneran la ley practicando algunas artes de caza, y a estos se les denomina “cazadores furtivos”. Y no hay más vuelta de hoja. Además, no hay ningún descredito en ello para el cazador; también existe el conductor borracho, el político corrupto, y el periodista inepto……………. (creo que hoy no voy a hacer referencia al “animalista que toca de oído”).

Otra de las grandilocuentes frases con que se llena la boca el amigo de Caperucita, es que ¡la caza es deporte¡ Yo cuando escucho esto, y perdón por la licencia, no puedo imaginar a D. Miguel Delibes calzándose unas apretadas y coloridas mallas, para salir al encuentro de un par de patírrojas. La caza no es un deporte, es cierto que existen dentro de las cuarenta modalidades y setenta y cinco métodos de caza (J.L. Garrido 2015), algunas de ellas susceptibles de competición. Pero nunca he oído hablar de campeonato de España de aguardos, ni del provincial de rececho, ni nombrado como olímpica la caza de la codorniz al salto. Para que la caza lo sea, su resultado ha de ser incierto, y en ese tipo de competiciones a las que aludimos, lo único incierto es la pericia de los partícipes. ¿Qué el cazador está a la altura del mejor deportista?, sin ningún tipo de duda, ha de estar preparado física y psicológicamente, y conocer a la perfección el reglamento de la modalidad en la que participa (ley de caza, orden de vedas…). Y si queréis que ricemos el rizo, solo añadir que para participar en competiciones deportivas es necesaria la afiliación a una federación. Para la práctica de la caza, no.

La caza es sin lugar a dudas una forma de vida, una actividad tan hermosa que encumbra al hombre hasta lugares inaccesibles, tan consustancial al ser humano que no es necesaria la justificación de su práctica, ni escudarse en pretender ser más ecologista que tal, o más conservacionista que cual. La caza está muy por encima de todas esas memeces, y el buen cazador lo sabe. Como sabe desenvolverse en el medio natural, apoyar y proteger su uso y su gestión, sin tener que leerse el panfleto de la SEO o Ecologistas en Acción. Dicen que el roce hace el conocimiento, y contra cuantas jaras, lentiscos, robles o peñascos, en las altas cumbres o los calmos llanos, nos hemos dejado la piel, haciendo un punto de agua o levantando un majano; disfrutando esa forma de entender la vida a la que llamamos caza.

No hay nada que más me llene de orgullo, que el escuchar cuando a mi paso alguien susurra: ¡Hay va un cazador!



Laureano de Las Cuevas
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