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Los cazadores de UNITEGA

Ningún cazador gallego es ajeno a lo que está sucediendo estos días de locura colectiva en la que uno se puede desayunar cada mañana con media docena de noticias sobre los daños del jabalí, las quejas de los agricultores y el oportunismo de algunos sindicalistas agrarios ansiosos de chupar cámara para justificar la valía que tienen.


Es la guerra que venimos sufriendo desde hace años sin que nadie sea capaz de propiciar una solución al problema. Una sucesión de pequeñas batallas que se libran día a día en los campos y tecores de Galicia, y cuyos resultados nunca convencen a nadie.

Pero este año es distinto a los otros porque en la búsqueda de una solución definitiva al problema se ha traspasado una línea roja que muchos temían cruzar. Hemos pasado de ser cazadores por ocio y afición a serlo por obligación. Cazadores empujados a soltar sus perros en contra de todo principio de gestión sostenible de un recurso natural como son nuestras especies de caza.

Se ha llegado a un punto sin retorno que los cazadores han cruzado empujados por una Orden anual, en la que se adelanta y prolonga la caza del jabalí para la próxima temporada y a lo que hay que añadir el sinsentido de crear un mapa de Concellos, donde se pueden realizar batidas sin comprobación previa de daños en los cultivos, y en el que los municipios “agraciados” con la medalla del “OBJETIVO 1” lo son por haber acreditado un elevado número de denuncias por parte de los agricultores, lo que ha originado un incremento considerable de las mismas en los últimos días a sabiendas de que el año que viene se revisará de nuevo el medallero y los que aún no han pisado podium lo podrán hacer si se aplican durante estos meses.

El sinsentido acaba de entrar por la puerta de la caza del jabalí, sin que los cazadores que se baten con sus perros entre los toxos y silvas de Galicia hayan tomado parte en esta decisión. Hemos pasado de ser cazadores conservadores a convertirnos en simples matarifes a la disposición de una Administración, que no quiere asumir su responsabilidad como encargada de la conservación de nuestro patrimonio natural y del que el jabalí forma parte, nos guste o no, y con los mismos méritos que tienen los lobos o las águilas reales.

Estamos a punto de perder la poca identidad que nos quedaba como cazadores y que ni siquiera el deporte, los campeonatos y las competiciones habían sido capaces de destruir en las últimas décadas, y en las que hemos perdido uno tras otro nuestros derechos como cazadores.

Y no podemos seguir consistiendo que nos den la justificación fácil, esa de que los daños son responsabilidad de los cazadores según las leyes, porque a estas alturas no nos sirve. La realidad de nuestra naturaleza no es la misma que hace años cuando se redactaron esas leyes y no podemos consentir que la Administración no asuma la necesidad de cambiarlas para que estén acordes con los nuevos tiempos en los que vivimos.

De no hacerlo con responsabilidad y firmeza podemos ir pensando en sustituir nuestra licencia de caza por un triste carné de exterminador de plagas que nos permita matar todo lo que se nos ponga por delante. ¿Para que servirán entonces los exámenes y las pruebas de aptitud a las que nuestros jóvenes se tiene que enfrentar, cuando quieren ser cazadores en Galicia si ni siquiera podremos llamarnos cazadores?


Los cazadores de UNITEGA


Hace unas semanas podíamos leer una noticia sobre el logro conseguido por el Club de Monteiros Ribeira Sacra, en relación a la reclamación que su Presidente, D. Senén Ramos Álvarez, interpuso ante el Defensor del Pueblo de Galicia contra la inexplicable falta de resolución de un expediente administrativo iniciado el 31 de julio del año 2000.

Y es que cuando uno lee semejante mamotreto, más bien le parece estar ante un relato de esos de hobbits, elfos, enanos y orcos del tal J. R. R. Tolkien, con nada más y nada menos que 51 movimientos de entradas y salidas de documentos en el expediente; todo un record, que debería ser suficiente para jubilar anticipadamente al “interpretador legislativo” que ha permitido “mantener vivo” desde entonces este despropósito administrativo y al que no es necesario poner ni siguiera nombre en este texto, pues bien conocido es por todos los cazadores gallegos a los que les gusta que se cumpla con lo que dice la Ley.

Esta noticia que para cualquier profano puede sonar a anécdota simpática o curiosa, es tan solo la punta de un iceberg que se ha mantenido oculto bajo las aguas desde que entró en vigor la actual Ley de Caza de Galicia, allá por el ya lejano año 1997. Ese iceberg ha sido un molesto obstáculo para los Gobiernos de distintos colores que han pasado por el edificio de la Xunta en San Lázaro desde entonces, pero que con habilidad marinera, han ido apartando año tras año la proa del barco a un lado y a otro, concientes del peligro que se escondía bajo las aguas, esperando que el peso del hielo hundiera poco a poco este molesto obstáculo.

Los “mini-Tecores”…
Si por algo es conocida la Ley de Caza de Galicia es por haber sustituido la figura de los cotos privados de caza por otra denominada TECOR, o lo que es lo mismo, Terrenos Cinegéticamente Ordenados; además de exigir a las Sociedades de Cazadores titulares de los mismos que juntaran una superficie mínima de 2.000 Ha..

Para ello estableció la Ley 4/1997 de Caza de Galicia un período de cuatro años, en previsión de un arduo trabajo de integraciones, fusiones y ampliaciones de terrenos para alcanzar la cifra mágica de 2.000 Ha. que marcaba la nueva Ley; y a ello dedicaron todo su empeño la inmensa mayoría de las Sociedades de Cazadores de Galicia, sin rechistar ni decir “un pero”, hasta que fueron pasando una tras otra por el agujero estrecho del nuevo embudo creado por la legislación. Su premio llegó en forma de resolución administrativa firmada por el entonces Conselleiro y siempre cazador D. Carlos del Álamo.

Mientras tanto una minoría prefirió buscar otras alternativas que les sirvieran para mantener sus derechos cinegéticos a pesar de no contar con la superficie mínima de 2.000 Ha. marcadas por la Ley. Para ello se sirvieron de una disposición transitoria que dejaba la puerta abierta a aquellos cotos que no tuvieran posibilidad alguna de unirse o integrarse con otros por motivos extraordinarios, disposición que demostraba fehacientemente la buena voluntad que el legislador quiso poner en su día en el la ley de caza gallega, haciéndola flexible incluso para los casos que se salen de lo normal y que cualquier cazador de estas tierras sabe reconocer y entender.

Y así empezó la deriva del iceberg conocido como “Tecores de Titularidad Compartida de menos de 2.000 Ha.” o “mini – Tecores”, una figura que que ha sido, sin lugar a dudas, el agujero “grande del embudo” de la Ley de Caza de Galicia. Un “burato” muy grande y ancho por donde se han colado un numeroso grupo de espabilados, mientras sus vecinos les miran con la cara de tonto que se le queda a uno que se ha roto los cuernos haciendo encaje de bolillos para juntar las famosas 2.000 Ha. de marras.

La denuncia del Club de Monteiros Ribeira Sacra ha puesto fin a la atrevida aventura de unos de esos “mini - Tecores” y por eso debemos alegrarnos todos los cazadores gallegos, si bien la resolución del citado expediente aún sigue dando prebendas que no parecen recogerse en la legislación, motivo por el cual su Presidente D. Senén Ramos Álvarez ha interpuesto un recurso contra la misma que esperamos se resuelva con la simple aplicación del sentido común y de la propia Ley y Reglamento de Caza de Galicia. Pero esa es otra historia, que hoy no toca.

Esta verdad incómoda de la que hoy hablamos debemos tenerla en cuenta en breve, cuando afrontemos la reforma en profundidad de la actual Ley de Caza de Galicia y es de justicia que se trate en ella esta problemática y se le de fin de una vez por todas aquellos Tecores de Titularidad Compartida de menos de 2.000 Ha. que “hacen daño a la vista”, por lo que las Sociedades de Cazadores tienen puestas todas sus esperanzas en el buen hacer del actual Director Xeral de Conservación da Natureza, que hasta la fecha ha demostrado estar dotado del menos común de los sentidos, es decir, el sentido común.


Los cazadores de UNITEGA

   La temporada pasada UNITEGA manifestó públicamente su agradecimiento al recién nominado Director Xeral de Conservación da Natureza da Consellería de Medio Rural por atender su petición de unificar los modelos de impresos que se estaban utilizando para realizar trámites como la solicitud de recechos y ganchos, la comunicación de resultados de las cacerías y para elaborar los Planes Anuales de Caza.  
  
Estos documentos se colgaron en la propia web de la Consellería de Medio Rural y a principios de la presente temporada pudimos ver que algunos de ellos incluso se actualizaron con modificaciones que los hacían más prácticos y fáciles de utilizar por los responsables de los Tecores. Una vez alcanzado este objetivo, desde UNITEGA se siguió incidiendo en este proceso de "unificación", por lo que en el pasado Comité Galego de Caza se pidió un modelo para elaborar los planes anuales de aprovechamiento de la arcea y la galiñola.         

Pero poco nos duró la alegría, puesto que una vez empezada la temporada de caza, realizamos la pertinente pregunta a nuestras delegaciones respeto a si realmente se estaban utilizando los modelos "unificados" en cada uno de los cuatro Servizos Provinciais, y para sorpresa de todos nosotros, pudimos comprobar que sólo el Servizo de Conservación da Natureza de Ourense se mantuvo fiel a los dictados que les llegan de Santiago de Compostela; mientras que en las restantes provincias se volvió a las andadas, es decir, a elaborar un modelo diferente para que los Tecores pudieran presentar sus Planes Anuales de Aprovechamiento.   

Ante esta situación sólo cabe preguntarse si tan diferentes son nuestras cuatro provincias para llegar al extremo de crear su propio modelo de impresos. ¿Porque no defienden esas mismas diferencias a la hora de reclamar la apertura diferenciada de la época de caza en cada una de ellas?, por ejemplo. ¿Que pretenden conseguir con estas acciones? ¿No se dan cuenta de que el único que están consiguiendo es alejar a la Administración de los ciudadanos? 


Y después de lo relatado, desde UNITEGA nos preguntamos: ¿merece la pena seguir pidiendo que podamos realizar nuestros trámites a través de internet, o es mejor callar, y seguir cada uno por su lado...? 

Los cazadores de UNITEGA

Estimado/a cazador/a con la entrada de este nuevo mes y de un número más de Tecores queremos hacernos eco de lo que representa el comienzo de la mayor en nos nuestros montes, pero muy especialmente de lo complicado que fue conseguir llegar también a nuestros agricultores, esperando que noche tras noche nuestros jabalís no le pongan fin a una inversión costosa en la cosecha. Es probable que el retorno de los ladridos al monte y de los estruendos de nuestras armas llene de tranquilidad a nuestros vecinos/as que están a punto de cosechar el cereal, las patatas, las vides o el maíz, por desgracia se convierte también en una fecha esperada por los gestores de los Tecores y por una Administración que en la mayoría de los casos no se pronuncia y aprovecha nuestras divisiones y faltas de concreción en la determinación de objetivos básicos para el mantenimiento de la caza social tal y como la conocíamos hasta ahora en nuestra tierra.


Este es el momento de no volver a olvidarnos de los problemas que nos plantean los daños en los cultivos de las especies cinegéticas. Que el momento de entregarnos a la lujuria y pasión de la caza no nos aleje en exceso de una realidad cruda y sobre todo cuantificable.
Ahora dejamos el tiempo de recoger firmas, de escuchar y comprender a los vecinos/as afectados, de tramitar delante de la Administración medidas que puedan paliar los daños que produce la caza mayor en los cultivos, ese rato en el cual toda la gestión de nuestros Tecores dependía única y exclusivamente de la capacidad de aguante y resistencia de nuestros labradores y labradoras.

Ahora olvidamos que seguimos siendo los responsables de los daños que produce la caza mayor, que tenemos una legislación que ciertamente es la sentencia final para acabar con la caza social. Que existe un flecha que apunta directamente a nuestro colectivo cuando se pulsa cualquier teléfono de la Administración para quejarse por los daños. ¿Cuántos de nosotros colaboraríamos asociativamente con las entidades que gestionan los Tecores de tener que afrontar el coste de los daños en cultivos? ¿Cuántos de nosotros preguntamos como no existe ningún tipo de seguro que nos ampare por los daños en cultivos, al contrario que ocurre con los siniestros en la circulación viaria?

Sin duda que por el amor que le tenemos a nuestra pasión y a nuestra tierra que lo haríamos, pero ciertamente es algo a tener en cuenta cuando de asociaciones sin ánimo de lucro hablamos, y aquí es donde cualquier día nos aparecerá una sombra amparada por “figuras” cinegéticas que tienen el lucro entre sus objetivos y aplicará la selección natural delante de los practicantes de nuestra actividad que ya todos sabemos como se mide.

Ahora olvidamos que una parte muy significativa de los afectados/as por los daños, no pueden hacer efectiva ningún tipo de ayuda por parte de Administración autonómica, quien ideó un sistema de ayudas para agricultores profesionales, un sistema que al final es empleado para no poder disponer de cifras exactas y de la realidad que está suponiendo el avanzado proceso de abandono de en medio rural, lo que propicia que crezcan estas especies, pero sobre todo para lo cual es más importante, para ir tirando. Mientras se va tirando nadie se preocupa, no pasa nada, los labradores dan vueltas de un lado para otro para intentar recoger una lágrima, a veces tantas vueltas que desisten incluso de ponernos frente a frente con la Ley. A nuestro entender no podemos ser cómplices de este tipo de situación, nuestro deber es ser solidarios y tener en cuenta a la población del rural a la hora de abordar y de poner encima de la mesa este problema, para que entre todos podamos afrontar soluciones concretas y eficaces para esa especie en extinción, los labradores, y con ellos nuestro país, y para nosotros, que afrontamos la repercusión de una serie de consecuencias naturales sobre el abandono del campo y la proliferación de las especies de caza mayor como si de una estrategia de repoblación surgiéramos, como si nos habríamos olvidado de la problemática del conejo y de la perdiz roja.

En que momento los legisladores y la Administración actual van a comprender que no somos los propietarios de todos los terrenos cinegéticos, que legalmente no podemos atajar los problemas producidos por los daños, que en beneficio de toda la sociedad y de en medio ambiente no se debiera promover la extinción de estas especies, pero amigo, cuando nos aprietan y no tenemos otra salida... ¿Llegará el momento en el cual la administración y la sociedad tenga que plantearse la recuperación del jabalí, como parece tratarse ahora al lobo? ¿Para cuando seremos capaces de afrontar bis a bis y todos juntos que no podemos asumir ser los únicos responsables de los daños producidos por las especies cinegéticas? Sin duda ese será el momento en el que podamos decir que comenzamos a abordar una solución real y efectiva.

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