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ODILE DE LA FUENTE

ODILE RODRÍGUEZ DE LA FUENTE: “ME DA RABIA QUE SE USE EL MENSAJE DE MI PADRE” SOBRE EL LOBO

Este año se celebra el décimo aniversario de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, una institución que su hija Odile puso en marcha en 2004 para preservar el legado del primer divulgador y conservacionista español, el hombre que llevó la riqueza de la naturaleza a los hogares, en pleno ‘boom’ de la urbanización y el abandono del campo. La Fundación nunca ha querido ser un ente patrimonial, sino poner en marcha programas que siguen el espíritu de Félix, el vínculo de la Humanidad con la Tierra.
viernes, 14 de marzo de 2014

¿Cómo ha evolucionado la Fundación en esta década?

En este tiempo hemos encontrado nuestro nicho en la forma tradicional de aproximarse a los problemas de la naturaleza, como si fuera una enfermedad. El planeta está enfermo, con síntomas como el calentamiento global, la desaparición de especies, etc, y nuestra filosofía, que parte de la de Félix, va a la fuente del mal: su relación con el ser humano. Trabajamos con las personas porque estamos vinculados a la naturaleza desde nuestro origen, pero la sociedad y la educación en las ciudades, nos ha ido separando de ella. Nosotros queremos que se coloque en el centro del sistema socioeconómico; si no la Humanidad está perdida. Por ello trabajamos en economía, marketing, consumo y emprendimiento. A los ecologistas les suena raro que no nos dediquemos al lobo, pero así recuperamos el legado de Félix, que era ‘El Hombre y la Tierra’.

Han pasado 40 años desde que Félix lanzaba ese mensaje ¿vamos a mejor o a peor?

Por un lado, hay mucha más conciencia que en la época de mi padre, cuando existía la Junta de Extinción de Animales Dañinos y se pagaba por matar animales; aunque el cambio se ha quedado en algo intelectual. A los niños se les habla de reciclar, pero el campo se vivía más antes. Ahora ‘lo verde’ es una moda o una imposición y cuando llega la crisis, la gente vuelve a dar la espalda a una naturaleza con la que no siente arraigo. Falta el vínculo emocional y primario, que tiene que ver más con el placer que con las normas o la responsabilidad. Incluso con la salud, porque hoy muchos problemas médicos tienen que ver con estilos de vida urbanizados que generan ese desarraigo, esa falta de vínculo que hay que recuperar.

¿El sistema educativo ayuda a recuperarlo?

Para nada. Hay iniciativas privadas que si tienen en cuenta una educación integral, pero son excepciones. La educación homologada, y es otro síntoma del sistema, es enormemente deficitaria. Está basada en meter contenidos y cortar alas a los niños, en crear adultos que no se cuestionen nada y encajen en un sistema que es post-industrial.

Desde la Fundación está promoviendo ‘bosquescuelas’ ¿en qué consisten?

Es una iniciativa que surgió hace 50 años en los países escandinavos y se basa en enseñar en mitad de la naturaleza. En Alemania hay ya más de 500 ‘bosquescuelas’. Los estudios neurocientíficos nos indican que entre los 2 y 6 años el desarrollo psicomotriz y el neuronal de los niños coinciden y que a más libertad y más estímulos, desarrollan mejor su potencial. La ‘bosquescuela’ está en medio del campo y dedica mucho tiempo a juegos libres. También se aprende a leer y escribir, pero siempre en relación con el entorno natural. Y se ha comprobado que mejoran su rendimiento entre un 10% y un 15% en todos los parámetros, sobre todo en expresión oral. Mi propio padre no se escolarizó hasta los 8 años y su esencia era esa infancia, como decía, ‘libre y montaraz’ en un pueblo de Burgos. Luego estudió Medicina con fantásticas notas. Desde la Fundación queremos poner en marcha un proyecto piloto, en Madrid; ya tenemos un lugar para la primera ‘bosquescuela’.

Odile1

Pero no es su único proyecto educativo. También han recuperado los ‘linces’, el club infantil que creó Félix en los años 70.

Si, nuestros ‘linces’ acuden a los campamentos de verano. Tenemos un equipo que intenta que los niños se vayan con aprendizajes vinculados a la naturaleza y también al sentido de lo colectivo, del trabajo en equipo. No se trata en incidir en lo mala que es la Humanidad, sino de poner el foco en el ‘si podemos’. Y también vamos a crear una plataforma en internet llamada ‘Félix en tu Escuela’, para Primaria, en la que se ofrecerá a los docentes el material y la información que la Fundación ha atesorado.

¿Qué mensajes enfatizarán, distintos a los de otras entidades conservacionistas?

Sobre todo el vínculo con el mundo rural, que está olvidado. En la asignatura ‘Conocimiento del Medio’, queremos que la plataforma sirva para que se hable del oso, pero también del pastor y de especies como el quebrantahuesos vinculadas a actividades agrarias, a tradiciones, a los productos que se consumen. Queremos que continúen esas formas tradicionales de gestión del paisaje que permiten que se mantengan las especies autóctonas.

Una imagen clásica es la de su padre con el lobo, en torno al cual vuelve la polémica. ¿Cómo se posiciona la Fundación en este tema?

El lobo sintetiza todo lo que comentaba. Mi padre se identificó con el lobo como una lucha por lo más salvaje. En sus tiempos, la Administración pagaba por su exterminio y él se alzó en su defensa. Pero también entendía a los pastores. Hoy es diferente. Su población se ha recuperado al norte del Duero. Y me da rabia que se utilice el mensaje de mi padre y desde una visión de ‘ecologista urbanita’ se sacralice su figura. Creo que hay una visión muy radical que trata de imponer la figura del lobo frente al mundo rural. Y es un error. Mi padre no hubiera actuado así. En la relación del hombre y la Tierra, el futuro de la conservación está en manos del mundo rural como legítimo custodio. Y debemos lograr que ese servicio se traduzca en recursos económicos. Hoy pocos ganaderos trabajan en extensivo, conservando las tradiciones, pero sufren daños que se malpagan, así que no pueden ser los malos de la película.

¿Y cómo lograr ese casamiento entre desarrollo rural y protección?

Debemos calmar los ánimos, y que los expertos asesoren sobre capacidad de carga de lobos en un territorio. Un camino a seguir es dar un sello de reconocimiento, como el de ConsumaNaturalidad, y lograr que los consumidores estén dispuestos a pagar más por la carne de un territorio donde hay lobo. Así se empezará a percibir que es un valor añadido. Es un trabajo lento, pero será positivo para el lobo y el mundo rural.

¿España perderá o recuperará su mundo rural?

Estoy convencida de que lo recuperará. Si no fuera así, no estaría aquí. Sueño con un futuro en el que el centro de la estructura socioeconómica sea la naturaleza. Si sabemos coger esa senda, España será importante porque somos uno de los pocos países desarrollados que tienen mucha naturaleza y biodiversidad, y a la vez mucha cultura tradicional. La mayoría lo han perdido.

 

 

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