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El MARM se columpia una vez más

jueves, 29 de septiembre de 2011

  


Juan Miguel  Sánchez Roig

Coordinador de la Unión Nacional de Asociaciones de Caza (UNAC)
Presidente de  la  Asociación Canaria de Entidades de Caza (ACEC)

Sorprende  el comunicado de prensa del Ministerio de Medio Ambiente y, Medio Rural y Medio Marino (MARM) que auspicia a la caza deportiva y comercial  en el I Congreso sobre Caza y Desarrollo Rural.  Así, el Ministerio argumenta  que el objetivo de tan singular congreso es promover la cooperación entre los cazadores y los sectores económicos y sociales afectados, mostrando el papel de la caza en la conservación del medio natural y el desarrollo de los territorios.
Sin embargo, los cazadores, los que tienen una licencia de caza emitida por las distintas administraciones autonómicas no estarán  representados como tales en susodicho evento. Curioso este hecho, pues a las Consejerías de Medio Ambiente de las CCAA es a las que se les paga y legislan la Caza, bajo las directrices del hermano mayor del Ministerio. Este último, continuamente columpiándose como en el caso de los controles por la gripe aviar a las acuáticas, el pasaporte europeo para los perros, el control de predadores, los daños provocados por las especies de fauna silvestre o  el comité de caza y pesca, donde los cazadores y la caza social no están presentes.

Tal vez, esto sucede porque aún no se han enterado nuestros políticos, aunque se les ha dicho, que el mundo de la caza en España necesita de una reforma estructural. Dándole a los cazadores, sobre todo a los más humildes, lo que en derecho les pertenece desde la Constitución Española y los Estatutos de Autonomía. Así, parece que estos responsables en materia de caza se rinden ante los que cobran por la representación que ostentan y sin tener una sola iniciativa en la que los cazadores no tengan que pasar por sus arcas. En eso,  si se sentirán identificados ambos grupos, el político por una parte y el deportivo y comercial por otro, pues ambos perciben remuneraciones nada desdeñables desde los afligidos cazadores  por tan honorables labores de interpretación. Por supuesto, sin atacar el fondo de la cuestión por razones obvias carentes de principios.

Por otra parte, seguramente, los representantes de la administración que acudan escucharán lo que quieren oír sin discusión alguna, tipo observatorio cinegético. Pues de ellos y sus tragaderas depende  la fachada de los otros. Como no, los que ponen los puntos sobre las ies no estarán presentes, ni podrán argumentar los problemas que existen de verdad. Pues a los que sí estarán, no les interesa que estén exponiendo los problemas reales de la caza. Ya que para  una parte, significaría pérdida de prebendas de las competencias sobre los cazadores que figuradamente defienden y, por otra, la amenaza de una    manifestación parecida a la  Castellana, hace temer al poder de decisión  sobre todo en estos momentos preelectorales.
Entre tanto, el más de un millón de cazadores, siguen sin departamentos de caza en las administraciones competentes. Siguen sin poder asociarse como  lo que son, cazadores. Se les obliga a pagar por legislaciones deportivas que nada tienen que ver con la actividad que practican. Se les aplican normas y leyes complicadas, algunas europeas de las que se va más allá de ellas mismas. Continuamente engañados,  teniendo que pagar en efectivo sumas astronómicas por campos yermos de especies cinegéticas. Faltos de información, concienciación, educación y formación. Por cierto, del estado actual de nuestros sistemas agroforestales, hábitats de las especies cinegéticas y no cinegéticas, mejor ni hablar. Tras décadas de una política medioambiental  nefasta, como siempre, vendida a electoralismos. Lejos de la acción de gobierno necesaria desde el conocimiento sectorial necesario.

Por último, en mi opinión, la única esperanza que queda, sólo puede ser que a falta de financiación por la crisis económica padecida cada uno sea puesto en el sitio correspondiente. Y, de ahí, todo vuelva a los cauces iniciales que debieran de haber sido, cuando comenzaron los derechos y libertades en 1978 con la  promulgación de la Carta Magna en la que se le daba identidad a la caza y se la diferencia de otras materias. Legislando y ejecutando por el bien común, no por el interés de cada uno de los actores que arriman el ascua a su sardina por el pueblo pero sin él o por los cazadores pero sin ellos.


 

Archivado en:  Juan Miguel Sánchez Roig,

 

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