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Serafín Cortes Collado
Presidente Sociedad Cazadores “Las Cabrillas”
Vicepresidente de ACONCAEX y Vocal de UNAC

En estos últimos años es normal escuchar a cazadores quejarse de la disminución de la liebre. Sin embargo, esta aseveración parece no tener ningún fundamento científico. Además, estos cazadores quejumbrosos no aportan razones ni pruebas convincentes que justifiquen esas caídas de poblacionales.
Son varias las causas de esta posible caída de nuestra rabona tales como:

El furtivismo: Cada día nuestros campos tienen la visita de esta lacra sin que nadie haga el menor caso ni ponga remedio, estos delincuentes contra el patrimonio natural, sin miramientos ni respeto hacia la especie la persiguen cazándola en todo tiempo, para ellos la veda no existe. La predación: Es otra de las causas de la disminución de esta especie, puesto que el control de depredadores en nuestros campos es nulo, ya que son muchos los inconvenientes que la Administración pone para que se pueda hacer un control exhaustivo en nuestros cotos.La intoxicación: Producida en nuestros campos a causa de los herbicidas, también estaría en el origen de la disminución de la liebre, aunque muy pocos se autoinculpan achacando el problema a una excesiva presión cinegética. Habrá por supuesto cotos en los que la liebre tenga algunos o todos estos problemas comentados, mientras que en otros la hipotética caída de la liebre sea una suposición errónea o una fluctuación temporal sin más.


Aunque la mayoría de los cazadores hablan de un grave problema sanitario: la cisticercosis, los famosos “granitos de arroz” presentes en el hígado, la patología más comentada, quizá por su repugnante vistosidad, aunque pocos conocen el nombre, el origen y las consecuencias de esta parasitosis. Los cisticercos son las fases larvarias de un cestodo cuyo adulto es un parásito de perros, zorros, ginetas y meloncillos. Se suelen encontrar en forma de pequeños bultitos de color blanco, de menos de un centímetro de diámetro, en la cavidad abdominal de una liebre. Normalmente se adhieren en mayor o menor cantidad a estómago, intestino o hígado. Esta enfermedad, no supone ningún riesgo para las personas, pero debe evitarse su consumo por perros, zorros ginetas o meloncillos, ya que ello facilita la continuación de su ciclo vital, y la contaminación de nuevas liebres. Excepcionalmente, las infestaciones masivas pueden cursar con mortalidad, particularmente en lebratos.

La mejor recomendación en cuanto a la cisticercosis es la de no dar nunca las vísceras crudas a los perros, ni dejarlas al alcance de carnívoros silvestres. Para ello, las vísceras es mejor limpiarlas en casa y tratarlas como cualquier otra basura orgánica. Si es imprescindible eviscerar la liebre en el campo, lo mejor es destruirlas mediante fuego. El enterramiento no sirve de gran cosa, dado el excelente olfato de perros y depredadores. Como medida complementaria, es importante desparasitar periódicamente a los perros de caza con tenicidas, lo que contribuirá a la salud pública en general, y a la reducción de la incidencia de cisticercosis en particular.Las liebres más parasitadas son alcanzadas antes por los galgos, por lo que resisten una carrera más corta. Esto puede tener por tanto implicaciones a nivel evolutivo y ecológico de la especie y propone a la caza con galgos como una caza selectiva, donde los individuos más parasitados o de peor “calidad” son eliminados con anterioridad. Además, como norma general de higiene, las liebres deben eviscerarse siempre con guantes, no por los inofensivos cisticercos, sino por las muchas otras enfermedades que podemos compartir con los animales. Las liebres especialmente delgadas o con mal aspecto, así como las halladas muertas o enfermas, es mejor enviarlas a analizar y de esta forma conocer la patología causa de su muerte.

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