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En los últimos tiempos, cada vez me seduce menos la idea de entrar en internet a ojear determinadas publicaciones del sector cinegético, antes repletas de útiles e interesantes reflexiones. Algo está cambiando en la otrora respetable prensa venatoria.

Laureano de Las Cuevas
Parece que entre algunos medios se está propagando como un mal virus, una nueva forma de escribir vacía de contenido y construida en torno al odio y el rencor, “la poesía que destruye”, que diría “El ausente”. Un buen amigo tras comentar con el este hecho, señalaba… “Un hombre en sus cabales debe ser milimétrico en sus opiniones, no dar pábulo a mentideros y separarse de la retórica del difama que algo queda”. Y tiene toda la razón: Los artículos de opinión, no han de ser el espejo de una acritud, han de ser el reflejo de un derecho a opinar con rigor y conocimiento, pero ante todo con respeto.

Entre los muchos y nobles oficios, que siempre se han prodigado en el mundo de la caza, perreros, cargadores, orgánicos, cimbeleros… últimamente están apareciendo una serie de espantajos que pretenden un lugar en estos lares cinegéticos, y amenazan con hacer “oficio innoble” de su maniquea forma de actuar. Me refiero a esa patulea de “charlatanes, mercachifles y falsos mesías”, bien pudieran denominarse “Golfos, gafes y gorrones” (pero aquí se me adelanto Alfonso Ussía); que en nombre de dios sabe quién, se han atribuido la defensa del pundonor perdido de los moradores y asiduos del rural, y digo “dios sabe quién”, pues mi virtud y la de aquellos que conozco, sigue intacta como puta pregonada.

El nuevo Nostradamus, adalid de los pobres cazadores menesterosos, de los torpes pobladores del rural, que no saben defenderse de las hordas animalistas que asolarán nuestros campos y reducirán a cenizas nuestros pueblos y aldeas: Ha entrado en escena. Pregonando en bélico lenguaje, el apocalipsis que alcanzará nuestra forma de vida si no alzamos nuestra voz en grito: ¡A las barricadas! ¡Tomemos la calle! ¡Seamos ruidosos, escandalosos, molestos! Hagamos frente a ese ejército rabioso de animalistas, especieístas y veganos, “urbanitas pisapraos” que no distinguen un zorzal de un estornino…. Mensajes portadores de un odio insano, más propios del tahúr vendedor de esa pócima de mágicos efectos, que igual hace que crezca el pelo, aplaca un dolor de muelas, y hasta espanta las meigas. Solo les falta el sombrero de copa y el carromato con grandes cortinajes de las películas de Bud Spencer. Con una gran diferencia; no tienen puñetera la gracia. Y no la tienen, pues echando mano al viejo saber popular “quién siembra vientos, recoge tempestades”.

Que el movimiento animalista está en contra de la caza, es un hecho; al igual que lo es que se manejan mucho mejor que nosotros en las redes sociales, y además con nuestras fotos, con nuestros comentarios, y con nuestros desatinos. Es lógico, cualquiera puede verter su ponzoña en las redes sin medida ni pudor, bajo el anonimato o los falsos perfiles que estas proporcionan. Las “rrss” albergan ese mal recogiendo a cualquiera, hombres, mujeres, niños y niñas. Con formación o sin ella, amargados o felices, solos o “en compañía de otros”…. Todos opinando sin medida ni pudor... Es cierto, que el movimiento animalista, va ganando adeptos e inclinando hacia sus filas la balanza de quien no es ni animalista ni cazador. De quien vota sin pasión, de quien decidirá en los próximos años el futuro de la caza, pues no nos engañemos, el futuro de la caza, no depende de los cazadores, sino de la sociedad en la que estos se encuadran. Es por ello, que el mensaje que estos perciban del colectivo cazador, o de los actores del medio rural, será el que les aliente a adoptar una postura a favor o en contra. Esos mensajes que reciban, serán definitivos a la hora de moldear la idea de la caza y los cazadores. Sí yo fuera un “no cazador” y tras ojear un periódico donde se dice que despeñamos a nuestros canes, y después pasara a leer otro especializado en el que se habla de batallas, estrategias y ruidos atronadores, se insulta y se desprecia una forma de vida distinta: Lo tendría clarísimo, mi voto sería pro animalista.

Miro a mi interior y me pregunto. ¿Qué prefiero escuchar, las trompetas de Jericó o el canto de la patirroja junto al suave devaneo del corzo en la cebada? Creo que el contenido del mensaje a de estar claro, meridiano, desafiante a toda lógica, certero: directo al corazón. Cobran hoy más que nunca significado propio, las palabras de ese gran orador y cazador silenciado por el odio y el rencor de los que no como el pensaban: “A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!”.

Pero como siempre, esta es tan solo mi opinión; y como tal, equivocada.



Laureano de Las Cuevas
CazaConsult - Consultores Cinegéticos

¡Que viene el furtivo! ¡Que viene el furtivo!, gritaba el cazador proclamando su inocencia en las redes sociales… Esto incluso sería gracioso, sino fuera una realidad. Una realidad basada en el victimismo “políticamente correcto” al que se ha visto obligado el cazador mal asesorado por algunos referentes de opinión, ante los constantes ataques de las hordas animalistas en los medios y redes sociales.

Laureano de Las Cuevas
Pero prescindiendo de lo anterior, creo que ya es hora de llamar a las cosas por su nombre: . La RAE define al furtivo, como aquel “que caza, pesca o hace leña en finca ajena, a hurto de su dueño”. Y el ordenamiento jurídico español no contempla en él, la figura del furtivo.



Por lo tanto y en lo que aquí nos ocupa, para que el furtivo exista es imperativo que se lleve a cabo la acción de cazar. Luego es impepinable que existe la “caza furtiva”, y quién la practica no es otro que “el cazador furtivo”. Por lo tanto, dejemos de rasgarnos las vestiduras y reconozcamos que existen delincuentes que vulneran la ley practicando algunas artes de caza, y a estos se les denomina “cazadores furtivos”. Y no hay más vuelta de hoja. Además, no hay ningún descredito en ello para el cazador; también existe el conductor borracho, el político corrupto, y el periodista inepto……………. (creo que hoy no voy a hacer referencia al “animalista que toca de oído”).

Otra de las grandilocuentes frases con que se llena la boca el amigo de Caperucita, es que ¡la caza es deporte¡ Yo cuando escucho esto, y perdón por la licencia, no puedo imaginar a D. Miguel Delibes calzándose unas apretadas y coloridas mallas, para salir al encuentro de un par de patírrojas. La caza no es un deporte, es cierto que existen dentro de las cuarenta modalidades y setenta y cinco métodos de caza (J.L. Garrido 2015), algunas de ellas susceptibles de competición. Pero nunca he oído hablar de campeonato de España de aguardos, ni del provincial de rececho, ni nombrado como olímpica la caza de la codorniz al salto. Para que la caza lo sea, su resultado ha de ser incierto, y en ese tipo de competiciones a las que aludimos, lo único incierto es la pericia de los partícipes. ¿Qué el cazador está a la altura del mejor deportista?, sin ningún tipo de duda, ha de estar preparado física y psicológicamente, y conocer a la perfección el reglamento de la modalidad en la que participa (ley de caza, orden de vedas…). Y si queréis que ricemos el rizo, solo añadir que para participar en competiciones deportivas es necesaria la afiliación a una federación. Para la práctica de la caza, no.

La caza es sin lugar a dudas una forma de vida, una actividad tan hermosa que encumbra al hombre hasta lugares inaccesibles, tan consustancial al ser humano que no es necesaria la justificación de su práctica, ni escudarse en pretender ser más ecologista que tal, o más conservacionista que cual. La caza está muy por encima de todas esas memeces, y el buen cazador lo sabe. Como sabe desenvolverse en el medio natural, apoyar y proteger su uso y su gestión, sin tener que leerse el panfleto de la SEO o Ecologistas en Acción. Dicen que el roce hace el conocimiento, y contra cuantas jaras, lentiscos, robles o peñascos, en las altas cumbres o los calmos llanos, nos hemos dejado la piel, haciendo un punto de agua o levantando un majano; disfrutando esa forma de entender la vida a la que llamamos caza.

No hay nada que más me llene de orgullo, que el escuchar cuando a mi paso alguien susurra: ¡Hay va un cazador!



Laureano de Las Cuevas
CazaConsult - Consultores Cinegéticos

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