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La caza de montaña, como actividad que se lleva a cabo con armas y en lugares accidentados y solitarios puede generar múltiples y variadas de situaciones de peligro, por lo que debemos poner de nuestra parte todo tipo de prevenciones para impedir que ocurran ni siquiera una vez, ya que en ello nos puede ir incluso muestra vida.

Nunca está de mas recordar a los lectores, lo fundamental que es comenzar con una educación exhaustiva del joven cazador en el cuidado y manejo de las armas, algo que en mi caso he tenido la inmensa fortuna de contar con ambos padres cazadores que fueron muy estrictos en este sentido, lo que me facilitó mucho el aprendizaje de lo más elemental desde muy temprana edad, enseñanzas que debemos llevar a la practica siempre y no olvidar jamás. Hoy en día siempre que tengo en mis manos un arma, lo primero que hago es comprobar las veces que haga falta que esté descargada, no apuntar jamás a nadie, etc., en definitiva, no olvidar nunca que lo que tengo en mis manos no es ni mas ni menos que una maquina de matar que mal utilizada puede provocar una situación gravísima e irreversible.

Centrándome en las situaciones de peligro que he tenido en mis 35 años de deambulares cinegéticos, recuerdo por ejemplo hace ya bastantes años una madrugada en los que estaba recechando corzos en la sierra de Leyre y me metí por una estrecha faja de un lugar basta escarpado que tenía por bajo un cortado bastante considerable con el fin de gemelear una zona muy querenciosa que se veía desde allí, cuando salió delante mía una jabalina de mediano tamaño seguida de sus crías recién nacidas alejándose por la misma senda que yo estaba utilizando. Para mi sorpresa, el animal llegó al final de la faja y al comprobar que no tenía salida al estar cortada a pico, volvió sobre sus pasos dirigiéndose hacia mi como una exhalación por la misma senda, pudiéndose hacer cargo el lector de cómo me subió la adrenalina. Yo no quería disparar, pero ante la duda de que me atacara o me volteara al encontrarme en su camino, instintivamente y muy a mi pesar no tuve mas remedio que encararme el 243, so pena de que me tirara barranco abajo,  y no viendo mas que pelo por la mira de rececho dispararle de frente a muy escasa distancia, teniendo la fortuna de que cayera abatida prácticamente a mis pies. La situación fue para vivirla, pero me dejó un mal sabor de boca ya que intenté hasta el ultimo momento no abatirla,  y un gran susto.

En el alto Pirineo, a pesar de que siempre he intentado tener todo el cuidado posible por lo que implica el andar por estos preciosos parajes, he vivido algunas situaciones que pudieron acabar en percances, principalmente con la desorientación con las nieblas, el exceso de confianza al alejarme mucho y hacérseme de noche para volver, los cambios metereológicos y la nieve recién caída. Recuerdo como ejemplo un caluroso día de primavera en el que en días anteriores había caído una importante nevada que había salido a sacar fotos de sarrios y después de todo un día andando por una zona que conocía,  estaba volviendo hacía mi lugar de salida, cuando llegué a una ladera que estaba cubierta de abundante nieve y que al estar en medio del camino de vuelta invitaba a cruzarla por su mitad en vez de seguir las mas elementales normas de seguridad que deben imperar en la alta montaña en casos como este. Allí me tenían a mis 25 años llenos de fuerza y juventud y mi limitada experiencia, cansado después de muchas horas de camino dudando durante un buen rato si avanzar o no, cuando gracias a Dios y a mi buena estrella, decidí que más valía cansarse y perder una hora sorteando el circo por arriba donde no había peligro. Cuando ya estaba subiendo en vertical sudando como un condenado metido de nieve hasta casi la cintura por donde debía, fui testigo de un importante alud de la vaguada donde había pretendido pasar que se llevó hasta debajo de la montaña toda la nieve acumulada.


Carlos Irujo

La caza de la paloma durante su ruta migratoria es una apasionante modalidad de caza que se ha efectuado desde tiempos inmemoriales en los puestos de los collados navarros del pirineo occidental, siendo las especies que se cazan mayoritariamente la torcaz y en menor cantidad la zurita, por estos pagos llamada txoloma.

Si nos desplazamos de este al oeste podemos nombrar las antiquísimas redes del valle Baztanés de Etxalar, donde es un espectáculo ver trabajar a sus palomeros desde sus atalayas a la entrada del valle bajando hasta las alturas de las copas de los hayedos a los inmensos bandos de miles de torcaces con la sola ayuda de sus palas de madera que imitan el picado de los halcones sobre ellas, dirigiéndolas hasta las redes donde sus compañeros que las atrapan por muchas docenas si la ocasión resulta propicia, o las líneas del que fue famoso coto nacional de Quinto Real ahora cedido a los pueblos de la zona pero que sigue subastando palomeras, el mítico Luzaide-Valcarlos en el valle de Lindux y punto de partida español del camino de Santiago, donde la practica totalidad de sus habitantes son cazadores que cogen las vacaciones en el mes de octubre, incluido mi padre que durante muchos años, a pesar de vivir el resto del año en Pamplona, trasladaba a Burguete su consulta de médico para disfrutar todo lo posible de su afición palomera, o los ya más cercanos a la provincia de Huesca como Guibelea en las cercanías del monte Orhy donde recuerdo que de crío tardábamos más de una hora y media a lomos de caballerías para acceder a las posturas.

En una segunda línea, ya en el interior de Navarra, existen otras líneas palomeras menos importantes en cuanto a número de capturas, pero no por ello menos atractivas para el cazador como las del Valle de Ulzama, donde existen unos fenomenales puestos de contrapasa, El Perdón, Valle de Arce, Arive, Aibar, muchas de las localidades de tierra Estella y de la Ribera.

Se trata de una forma de ver la caza y muchos otros aspectos que la rodean mucho mas intensa de lo que nos podamos imaginar, Si no, ¿Cómo podemos explicar la pasión de muchos cazadores tanto navarros como de otras comunidades, entre las que abundan los franceses, que igual que hicieron sus padres y sus abuelos guardan buena parte de sus vacaciones para cazar junto a sus amigos, que abonan en algunos casos importantes cantidades de dinero para pujar en unas subastas llenas de pretendientes tan locos por la caza como ellos, que trabajan con meses de antelación en la preparación de sus chabolas y el acarreo de leña, en la fabricación de puestos en hayas que en algunas ocasiones alcanzan los 30 metros de altura, pasando semanas acechando el horizonte a la espera de ese vuelo ideal que no llega, pero que cuando por fin se llenan los cielos de miles de palomas compensa con creces la larga espera?. Sin duda es una forma diferente y apasionada de vivir la caza y todo lo bueno que puede rodearla, como puede ser el aderezarla con inolvidables comilonas en las que abunda el buen disfrute de la gastronomía que tanto se estila por estas tierras y el mejor beber acompañado de largas partidas de mus, todo ello en un entorno natural único e incomparable como son las inmensas selvas del pirineo navarro pobladas de hayedos y de abetales que se van tintando en esta época de múltiples tonalidades que enamoran y enganchan para siempre a quienes tienen la ocasión de contemplarlas.

Como acceder a este tipo de caza: De los aproximadamente 4.000 puestos o púlpitos que hay en Navarra, un parte de ellos son cedidos por los ayuntamientos mediante adjudicación directa a las asociaciones locales de cazadores, cuyos socios practican en ellos una caza social, y otros, que son los que pueden interesar a nuestros lectores, son objeto de subastas al mejor postor, teniendo gran importancia en su precio final la comodidad de sus accesos y la calidad de las chabolas que los cazadores utilizan en sus ratos de ocio y descanso.

Precios: Si hablamos de precios, los hay como en botica, desde unas accesibles 180 € (30.000 pesetas) hasta unos excesivos 15.000 € si queremos acceder a alguno de los más famosos. (Basta recordar que hay años que las subastas de lineas de Quinto Real y Gabarbide de Valcarlos fluctúan entre 30 y 40 millones de pesetas). Medio centenar de ellos son considerados de una categoría especial por su elevado número de capturas, llegando a varios centenares de ejemplares en el mes que dura la pasa, superando en casos excepcionales las 500 palomas.

El número de palomas que se pueden abatir durante la temporada no se ha sabido nunca oficialmente, ya que los cazadores no tienen la obligación de informar de las capturas realizadas, pero se popularmente se ha hablado de cifras alrededor de los 100.000 ejemplares, cantidad que creo que en la actualidad es bastante inferior, ya que parece ser que a pesar de que las poblaciones de paloma que hay en Europa son estables, incluso con tendencia a aumentar, lo cierto es que debido a la bonanza de la meteorología ello hace que los inviernos sean ahora más suaves, así como el espectacular aumento de los cultivos intensivos en toda Francia y en resto de Europa, lo que hace que un cierto número de palomas no se tengan que desplazar al sur en busca de alimento es lógico que estén perdiendo parte del espíritu migratorio que tenían hace años. Se habla de que antiguamente cruzaban el pirineo unos 10 ó 12 millones de palomas y hoy en día ha disminuido hasta los 2 ó 3 millones. Si a esto le sumamos que antiguamente los bandos de palomas llegaban a la frontera sin tirotear al no haber prácticamente en la zona francesa puestos que pudiesen perturbar su dirección, y que hoy en día desde las Landas hasta la frontera española existen decenas y decenas de líneas de puestos llenas de ávidos cazadores franceses que presionan a los bandos a elevarse y a buscar rutas alternativas a través de otros subvalles más occidentales, lo normal es que hayan disminuido las capturas en los lugares antaño tradicionales, pero que han elevado de forma espectacular en los nuevos lugares por los que intentan cruzar, como ocurre en los cotos de la regata del río Bidasoa, incluso en la vecina Guipúzcoa, donde se las puede ver cruzar cerca del mar.

Climatología: Un condicionante muy importante para la caza de la paloma migratoria depende de la metereología y más en particular de la gran importancia de los vientos. En primer lugar es necesario que el tiempo esté despejado, ya que la lluvia, los temporales o la niebla impiden la migración. En segundo lugar, es preferible que haya viento sur o bochorno, ya que con ello los bandos van contra el viento acercándose a los collados muy cercanas a las copas de los árboles y facilitando a los cazadores grandes cacerías al poder efectuar sus disparos mas cerca. Por el contrario, los días de viento norte las palomas los cruzan con viento de cola a gran altura y velocidad, lo que dificulta o impide su captura al cruzar estas fuera de tiro o en los límites del mismo.

Regulación Normativa: El periodo de caza de la paloma torcaz y zurita y malvíz, está autorizado desde el 1 de octubre hasta el 8 de diciembre, pudiéndose cazar todos los días desde los puestos y chozas autorizados. Los puestos de tiro han de ser fijos, tanto desde suelo como en lo alto de los árboles, estar autorizados en los Planes de Ordenación de los cotos de caza, ubicados en las cumbres de las cordilleras o en las zonas altas de las laderas, quedando prohibidas las escopetas volantes y transitar fuera de los puestos con las armas desenfundadas, excepto cuando el cazador salga a recoger una paloma caída en la proximidad del puesto, en cuyo caso deberá llevar el arma descargada. Una novedad que conviene destacar este año es que en aras de la seguridad cada puesto solo se podrá utilizar por un máximo de tres cazadores simultáneamente.

Las fechas claves son la semana anterior y posterior al 12 de octubre, festividad de la virgen del Pilar, decreciendo paulatinamente conforme se acerca se acerca el fin de mes y la llegada de los fríos invernales, eso si, con la llegada de los primeros fríos invernales suele haber golpes muy fuertes de pasa procedente de los bandos que han aguantado hasta ultima hora concentrándose en el sur de Francia alimentándose en los maizales de las Landas.

Los puestos de tiro, situados en línea de espera, tienen la obligación de tener una separación mínima de 50 metros, y en caso de interferencia entre ellos, tiene preferencia el más antiguo. Se entiende que hay interferencia cuando la eficacia del puesto preferente queda mermada y no exista acuerdo para cazar conjuntamente entre los titulares de los puestos afectados.

Para los cazadores que se animen he de indicar que las ofertas de las subastas suelen salir publicadas en el Boletín Oficial de Navarra cuya dirección de internet es
HTTP://WWW.CFNAVARRA.ES/MEDIOAMBIENTE, o en los anuncios de periódicos de ámbito local como el Diario de Navarra , siendo de interés para recabar información el teléfono del gobierno de Navarra 848 427000, o el de la Asociación de Cazadores Navarros 948 175049.



Carlos Irujo


Tras un largo viaje llego por fin al pequeño pueblo del Pirineo catalán donde iba a intentar cazar un isard. El tiempo era estable y anticiclónico, el lugar y la época, en el Alto Pallars y a primeros de noviembre, los más propicios para intentar conseguir ese ejemplar con el que soñamos encontrarnos algún día los cazadores de alta montaña que llevamos muchos años detrás de estos precioso animales. A pesar de las muchas veces que he cazado rebecos en el Pirineo no se me va de la cabeza la fallida ocasión que tuve hace diez años antes en estos mismos parajes, sin duda un viejo macho de altísima puntuación, que se nos apareció mientras comíamos corriendo entre un bosque de pinos pedriza abajo perseguido por un animal más joven y fuerte que lo achuchaba sin cesar. La fortuna, o mejor dicho su ausencia, hizo que en ese momento estábamos el guarda y yo almorzando en medio de un claro de un inmenso y pendiente pinar y el rifle a dos metros de mi mano en la tasca, justo me dio tiempo a cogerlo y cuando casi lo tenía encarado en la mira, para mi desesperación dio un salto y se esfumó perdiéndose para siempre barranco abajo. La imagen de su canosa cabeza y fino cuello mirándome de frente un instante a unos escasos 30 metros coronada por gruesas cuernas que le sobresalían mas de un palmo de sus orejas y que en lo alto se separaban espectacularmente no se me olvidará mientras viva.

Tras alojarme en el hostal, y esperar a que llegara de Madrid mi buen amigo y compañero de fatigas José Mari, el cual nos iba a acompañar en esta cacería, fuimos a casa del Guarda Jesús, tan buen montañero y cazador como persona, y tras los comentarios de rigor quedamos al día siguiente antes de amanecer para subir a la montaña.

Primer día de cacería:
El primer día, Jesús nos propuso una interesante y largo recorrido por un precioso valle que discurría hasta un circo glacial que lindaba en su zona superior con el parque nacional de Aigues Tortes en cuya margen izquierda se descolgaban bosques de pinos donde se solían apostar algunos de los buenos ejemplares que buscábamos, cogiendo una pista que nos permitió subir un kilómetro, dejando el todo terreno entre dos luces.

Nada mas salir del coche a los 10 minutos vimos dos corzas con sus crías, y uno poco mas adelante un precioso macho que portaba un respetable trofeo para proceder de una zona de alta montaña, corroborándonos Jesús que era uno de los más grandes que tenía visto en la reserva, y tras enfilar el primer repechón serio de la jornada vimos una vieja “craba” Solitaria, y un par de machos que se perseguían, uno de los cuales era bastante alto y que podría ser un plata medio, pero no era lo que buscábamos.

Mas adelante y ya bastante altos, vimos a la derecha a gran distancia y en mitad de una gran pedriza una gran manada de por lo menos 50 ejemplares, los cuales nos pusimos a escudriñar uno a uno hasta encontrar un ejemplar a la izquierda que estaba un poco más separado de los demás que por su coloración y porte parecía de avanzada edad, pero tras montar el scope pudimos comprobar que era una vieja machorra a la que sin embargo no le destacaba el trofeo por lo que proseguimos terreno adelante. En otra ocasión, en esta mismo valle, a pesar de tener un permiso de trofeo, preferí abatir una hembra que resultó ser una de las mejores del pirineo.

Al final del valle llegamos al sopié del circo que lo circundaba en un paisaje de ensueño donde se entremezclaban los altos picachos y los ibones tan característicos de preciosa zona del Pirineo, y tras mirar todo aquello detenidamente Jesús nos señaló a unos 300 metros un poderoso y oscuro macho de ancho pecho que teníamos enfrente y que al parecer tenía catalogado como el más grande de la zona, y tras mirarlo y remirarlo con los prismáticos, llegue a la conclusión que era un animal bastante bueno aunque por su colorido y fuertes hechuras todavía estaba en plenitud de facultades, como mucho 7 u 8 años, y si bien parecía de gruesa cuerna por la “leña” que tenía entre las orejas, no era ni demasiado alto ni abierto, lo que me hizo suponer que a pesar de ser un excelente animal y que seguramente sería un oro, no pasaría de 97 o 98 puntos, por lo que también para desesperación de mis acompañantes lo deseché. Era el primer día y a pesar de que era perfectamente posible que no viéramos en el transcurso de la cacería un ejemplar mayor que este, el hecho es que estaba decidido a agotar todas las posibilidades para intentar llevarme a casa lo que buscaba, un Isard de categoría especial y a ser posible en sus ultimos años de vida.

Seguimos subiendo y casi al llegar al cresterío de la divisoria con el valle que teníamos a nuestra derecha, divisamos casi en la cumbre un grupo de una docena de hembras acompañadas de un macho espectacularmente abierto, pero cuanto más lo miraba menos me convencía ya que sus cuernas no me parecían demasiado gruesas y parecían más anchas que altas, lo que denotaba su juventud, y si bien ya daba una importante puntuación, el paso de los años si le respetaban los cazadores la haría portar uno de los grandes trofeos que suelen dar esta zona del Pirineo, por lo que le dejamos que siguiera con su ciclo vital y seguimos nuestro camino.

Tras descansar un rato gemeleando sin encontrar nada que nos satisficiera, momento que aprovechamos para comer, dado que estábamos a gran distancia de donde comenzamos y a una considerable altura, nos encaminamos a ir volviendo a nuestra zona de partida por unos pendientes ubagos muy querenciosos para los grandes machos del valle contiguo, pero al encontrarnos con unos montañeros con un perro que habían subido por donde pretendíamos volver nos hizo cambiar de opinión, siguiendo nuestro camino por el cresterío que delimitaba ambos valles desde donde divisamos una zona muy amplia con grandes praderas de hierba en las que vimos varias manadas con muchos animales jóvenes y hembras sin nada que destacar. A partir de entonces, dado que el sol estaba cerca de ocultarse tras las montañas y que todavía teníamos mucha distancia que desandar, apoyados en nuestras varas de avellano, iniciamos una larga bajada a la mayor velocidad que nos permitían nuestras piernas, llegando al coche totalmente de noche tras una dura jornada de 18 horas caminando por unos parajes preciosos, tras lo que nos fuimos al hotel donde los tres andarines dimos buena cuenta de buena cena regada con un excelente vino y mejor carne y a dormir que nos lo habíamos merecido.
Al día siguiente Jesús nos propuso subir a otra zona muy alta y solitaria fronteriza con el Parque Nacional Francés donde no se había cazado desde hacía varios años, algo a lo que accedimos encantados, ya que en este tipo de sitios hay más posibilidades encontrar en esa zona un ejemplar como el que buscábamos.



Segundo día de cacería:
Tras quedase la noche estrellada y bajar espectacularmente la temperatura, volvimos a quedar muy temprano, ya que el lugar donde pretendía ir Jesús solo se podía acceder a través de una empinada y larga pista en la que muchas de sus revueltas estaban heladas, con el consiguiente riesgo de irnos barranco abajo, pero con cuidado y el buen hacer de nuestro conductor conseguimos plantarnos al amanecer a una considerable altura desde comenzaríamos a cazar como dicen los montañeses “de llano”.

Una vez que empezó a clarear, tuvimos ante nuestra vista un amplio circo cuyas crestas formaban la divisoria entre los dos países, y a nuestra derecha a unos 600 metros un querencioso barranco que colindaba con unos espesos bosques donde se suelen recoger excelentes solitarios, y tras mirar con los prismáticos pudimos divisar varias manadas de isard y abundantes animales desperdigados con los primeros síntomas del celo que esos días comenzaba, con las dificultades que ello conlleva para una correcto acercamiento al que nos pudiera interesar.

A pesar de la excesiva distancia, gracias al Scope y a los prismáticos pudimos comprobar en una de las manadas más grandes la dominaba un fuerte macho casi negro y gruesas cuernas así como una vieja hembra que con las primeras luces del amanecer parecía plateada de lo encanada que estaba, pero José Mari, no hacía mas que mirar y remirar un ejemplar de color avellana que careaba solitariamente a unos 400 metros mas abajo que los que estábamos, repitiendo varias veces que le gustaba el color y el lugar que se encontraba ese animal. La excesiva distancia y el principio del día no nos dejaba entrever ver el tamaño de sus cuernas, pero tras observarlo concienzudamente llegué a la conclusión de que sus hechuras denotaban que era un viejo ejemplar y que si bien sus cuernas no eran extremadamente abiertas, parecían bastante gruesas, destacando sin duda alguna su gran altura en comparación con sus orejas. Tras acercarnos un poco mas pudimos comprobar que era extraordinario, decidiendo que era el animal que buscábamos, sin duda un oro muy alto que con cuentagotas hay por estas montañas.

Ahora había que decidir como le hacíamos la entrada, ya que si avanzamos de frente, el resto de los que estaban desperdigados por la zona nos avistarían enseguida avisándole de nuestras intenciones, dando al traste a nuestras ilusiones, y dado que el sol en breve iba a empezar a cubrir la ladera, decidimos subir en vertical unos 200 metros para intentar desde arriba eludir a la gran manada que estaba encima de nuestro macho, y conseguir ponernos a tiro del viejo solitario.

Con mucha paciencia y cuidado, por fin conseguimos llegar a una cresta desde donde se divisaba a unos 200 metros la tasca donde habíamos avistado a primera hora al Isard, el cual un rato antes había abandonado apresuradamente el lugar al haberle encorrido hacia abajo uno de los machos dominantes de la manada de arriba, trasponiendo un pequeño collado y perdiéndose momentáneamente de nuestra vista en una zona boscosa que había detrás, pero dado que estábamos seguros que no nos habían visto supusimos que tarde o temprano volvería al lugar ya que había una excelente hierba y tenía encima el imán de la manada que en sus tiempos jóvenes seguro que habría capitaneado.

Por ello, con tranquilidad, nos pusimos cómodos colocando el macuto en el lugar apropiado disponiéndonos a esperar, hasta que al cabo de aproximadamente una hora, el viejo animal volvió a trasponer en el collado que teníamos enfrente y en vez de quedarse quieto allí donde ofrecía un excelente blanco, empezó a caminar sin parar hacia nosotros bajando a la hondonada que le separaba entre nosotros, y tras desaparecer de nuestra vista nos apareció por debajo como a unos 80 metros donde se nos quedó parado un momento mirando hacia nosotros, momento que aproveché para dispararle, y ante mi asombro salió disparado como alma que lleva el diablo pendiente abajo a todo galope buscando la querencia del bosque de donde había salido, tras meter otra bala en la recamara y cuando corría por la ladera de enfrente le disparé un segundo tiro que le hizo correr mas si cabe, y antes de que se perdiera definitivamente de vista, justo antes de traspusiera un estrecho collado afinando al máximo realicé un tercer disparo al más puro estilo montero, desgajándose en ese instante una rama de un pino que estaba justo encima del bicho, comentándome mis amigos “les has dado justo encima”, y para mi desesperación desapareció de nuestra vista.

Es de interés destacar que la semana anterior había comprado e instalado en el rifle un bípode, el cual para asegurar al máximo el primer disparo, el animal del que escribe lo había apoyado directamente en la roca caliza, acción que evidentemente y para mi desgracia pudo haber provocado vibración que me hizo errar el primer tiro, porque a la distancia y el blanco que ofrecía el ejemplar no lo falla nadie. Como se podrán imaginar los lectores, se me cayó el mundo encima, ya que el animal era de bandera, y la ocasión es de las que no se repiten. No obstante, recorrimos palmo a palmo todo el camino que había recorrido el animal hasta perderse de vista, y a pesar de que no vimos en el árbol la bala incrustada, no encontramos rastro alguno de sangre ni del macho.

Dado la calidad del animal y que no podía haber ido muy lejos, decidimos seguir tras él durante todo el día y a pesar de que recorrimos durante todo el día los barrancos contiguos, la búsqueda resultó infructuosa, y dado que ya era tarde al volver decidimos hacer un ultimo intento y pasar por enésima vez por el collado, y tras haber pasado Jesús y yo, José Mari que iba unos metros detrás, se quedó un momento quieto mirando hacia abajo la pendiente del otro lado y nos dijo, “esperar un momento que parece que allí hay algo”, y tras bajar unos metros, encontró oculto entre unas altas y quemadas hierbas el cuerpo del viejo Isard, el cual tenía el orificio de entrada en mitad de sus jamones traseros, el típico supositorio. Por lo visto, el tercer y ultimo disparo que le hice a todo galope a unos 200 metros le había atravesado de pleno atrás a adelante, destrozándole la caja de música, y dado que como el tiro se lo pegué casi justo cuando trasponía el vértice del collado, la velocidad que llevaba le hizo caer muerto por el otro lado deslizándose unos 30 metros por una pendientísima pendiente de hierba de la otra ladera parándose en unas altas hierbas que eran exactamente del mismo color que su piel y que nos habían impedido verlo cuando registramos ese lugar, ya que no había el menor rastro de sangre. Que paradoja el tiro más fácil lo falle y el mas difícil lo acerté de pleno. Nada mas tenerlo en nuestras manos pudimos comprobar que era tan bueno como suponíamos, ya que tenia 15 años, portaba una preciosa cuerna ambarina con unos marcados crecimientos, y su grosor, altura y longitud eran excelentes, dando una puntuación de casi unos extraordinarios 105 puntos, lo que le llevó a ser el segundo mejor ejemplar cazado en el Pirineo de ese año.

Desde estas líneas quiero dar las gracias a Jesús por haber puesto todo de su parte para conseguir este extraordinario ejemplar, y a José Mari, primero por saber elegirlo desde tan larga distancia y sobre todo por haber dado con él cuando ya lo dábamos por perdido, dándome la oportunidad de cumplir mi sueño y permitirme que ocupe su trofeo en mi salón el lugar de honor que le corresponde. Hubiera sido una lastima que tan extraordinario trofeo se hubiera quedado abandonado en estas preciosas montañas.

Carlos Irujo (publicado el 03/03/2004)

La contrapasa es una modalidad tradicional de caza que se ha practicado desde tiempos ancestrales en los collados del norte de España aprovechando la migración prenupcial de las aves en su viaje de regreso a sus lugares de cría en el centro y el norte de Europa.

            En tiempos pasados no muy lejanos, se cazaban sin limitación alguna además de palomas torcaces y zuritas, ansarones, todas las variedades de patos, becadas, avefrías etc, pudiendo recordar los que llevamos unos cuantos años cazando las inolvidables jornadas arrastrándonos por el barro bajo unas temperaturas heladoras en pos de los ansarones y patos que tras encontrar el pirineo cerrado por los temporales se dedicaban a dar vueltas por los alrededores de la cuenca de Pamplona, posándose en las lagunas de Loza, Pitillas o en la de la Ulzama, o disfrutar de la maravilla que suponía la observación del espectáculo que supone la migración de todo tipo de aves en los puestos ubicados en los obligados pasos de las montañas del pirineo occidental que utilizan las aves en sus viajes migratorios.

            Sin embargo, esta tradicional modalidad ha estado interrumpida una decena de años, en los que por razones de índole ajenas a la de la conservación de las especies, y por lo tanto estrictamente políticas, todo ello auspiciado por un ecologismo de salón con el beneplácito del extinto ICONA, se prohibió en España en base a lo dispuesto en la Directiva 79/409 relativa a la conservación de las especies silvestres, al trasponer a la normativa Española en la Ley de Conservación de Espacios Naturales  y de la Flora y Fauna Silvestres una regulación prohibitiva de la misma que no quiso tener en cuenta la puerta que utilizó Francia, que gracias a la implicación de sus políticos con el mundo de la caza, se consiguió que se siguiera practicando en base a la excepcionalidad que se permitía el seguir realizándola en aquellos lugares tradicionales mediante una explotación prudente de determinadas aves en pequeñas cantidades.

En cambio en nuestro país, hemos tenido que esperar a que los nuevos vientos a favor de la caza que imperan en el actual Gobierno para que casi a finales de siglo se vuelva a permitir, eso si de una forma muy descafeinada a como se practicaba anteriormente, al permitir únicamente el cazar un limitado número de palomas torcaces y prohibiendo el resto de las especies que antes se cazaban.

            De los 1.800 puestos que antiguamente existían en Navarra, únicamente se permite cazar en la actualidad en medio millar, pudiéndose utilizar cada uno de ellos desde mediados del mes de febrero a la tercera semana del mes de marzo por un máximo de dos cazadores, estableciéndose un cupo de 4 palomas por cazador y día, y no pudiendo superar el número de capturas anuales los 3.000 ejemplares, lo que exige que semanalmente los responsables de cada coto tengan que informar a los responsables del Departamento de Medio Ambiente de las capturas que se obtengan a fin de cortar en cuanto se llegue a esa cifra, a la que por cierto en los años que llevamos tras la abolición de su prohibición nunca se  han superado. En el año 1999 se capturaron 752 ejemplares, en el 2.000 1.086, en el 2.001 1.560, disminuyendo las capturas el 2.002 y el actual debido a que las inclemencias metereológicas han impedido que se pudiera cazar la mayor parte del periodo.
            Un aspecto a destacar, y que lo diferencia de la pasa del otoño, es el carácter eminentemente social de la contrapasa, ya que a diferencia de la anterior en la que los puestos pueden ser adjudicados mediante subastas de los ayuntamientos  a todo tipo de cazadores que lo deseen y oferten el dinero suficiente para optar a ellos, o aprovechados directamente por los cazadores de los cotos donde estén ubicados, en la contrapasa únicamente los pueden utilizar los cazadores pertenecientes a las asociaciones locales de cazadores adjudicatarias del aprovechamiento cinegético de los cotos públicos y para titulares de los cotos privados que tuvieran concedido su aprovechamiento cinegético con anterioridad a 1999, por aquello de impedir la especulación.

            Al entender de la mayor parte de los cazadores el sistema de cupos está mal diseñado, ya que la contrapasa es una caza de fortuna y el hechos de tener no poder abatir mas de 4 palomas por cazador y día no quiere decir que un cazador que pudiera ir todos los días pudiera capturar este número los días que cace, ya que el hecho de las fechas en que se practica, y las especiales condiciones de climatología que se deben dar para que tengamos éxito, fechas después de los temporales que paralicen la migración en el prepirineo y tiempo despejado que permita a las aves viajar, viento norte, etc. Todo ello hace que el trascurrir del mes en el que se habilita la caza pueda haber de media 20 días en los que no pare de llover o de nevar, o que todo esté lleno de niebla que impide la caza,   y para unos días en los que por fin el sufrido cazador que ha tenido que aguantar estas penalidades ve por fin los inmensos bandos de palomas pasar por sus cabezas, se tiene que limitar a abatir sus cuatro palomas reglamentarias y regresar a su casa. ¿No sería más adecuado y totalmente respetuoso con la legislación que se estableciera un cupo de por lo menos una docena de palomas por cazador y día a fin de que estos días especiales los cazadores pudieran disfrutar? Problema no habría ninguno, porque además de que cuando se llegaría a las 3.000 palomas reglamentarias se paralizaría la caza, en Europa se estima que hay entre 30 y 40 millones de palomas, pudiendo cruzar el pirineo en estas fechas 6 ó 8 millones de ejemplares, es decir que lo máximo que se puede cazar supone la irrisoria cifra de un 0,04 % de sus efectivos.

Como he comentado antes, esta no es una modalidad de caza amable, ya que a semejanza con la que practican los cazadores de anátidas en esta época del año , se lleva a efecto bajo las mas duras condiciones metereológicas, en muchas ocasiones a soportando varios grados bajo cero que imponen los meses de febrero y marzo del norte, acudiendo a ella solo los verdaderos aficionados que estén dispuestos a soportar el frío, la lluvia y la nieve que suele haber en esta época del año en los collados querenciosos donde están instalados los puestos, más si cabe porque los días más idóneos son aquellos en los que despeja después de los temporales con un fuerte viento norte que silbando a nuestras espaldas obligue a los bandos de palomas a faldear las laderas de las montañas obligándolas a pasar a tiro de los puestos, ya que si existe viento sur y bonanza de las temperaturas, lo único que haremos será disfrutar del paso de los bandos a distancias inverosímiles al alcance de nuestras escopetas.

En los tiempos que corren en los que tristemente cada vez impera mas la caza enlatada y comercial que en algunos casos más que caza son un simulacro de ella, es fundamental que los cazadores sigamos luchando por las diferentes modalidades de caza tradicionales que todavía perviven en nuestro país y que son el estandarte de la mas pura esencia de la venatoria.

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